Disfruta el cambio de coche
El verano multiplica los malos hábitos en carretera: circular por el carril central, llevar los neumáticos bajos de presión o cometer errores con el aire acondicionado no solo disparan el consumo, sino que provocan retenciones y multas de hasta 200 euros por parte de la DGT.
Las carreteras españolas durante los meses de verano se convierten en un auténtico muestrario de malos hábitos al volante. No es casualidad: en esta época confluyen millones de conductores ocasionales que solo realizan trayectos largos una o dos veces al año. Esta falta de costumbre, sumada a las altas temperaturas, suele pasar factura en forma de despistes, errores mecánicos o, directamente, conductas incívicas que ponen en riesgo la seguridad vial.
Ya sea en las grandes aglomeraciones de las “operaciones salida” de julio y agosto, o en los desplazamientos cotidianos en el lugar de vacaciones, existen ciertas costumbres arraigadas que conviene desterrar de inmediato. Repasamos las malas prácticas más comunes del verano, sus peligros reales y las sanciones económicas a las que te expones.
1. El síndrome del carril central e izquierdo
Aunque la normativa es taxativa, la proliferación de conductores que olvidan que se debe circular por el carril derecho salvo para adelantar se dispara en verano. Es habitual ver autovías con el carril derecho completamente vacío mientras los carriles central e izquierdo se colapsan bajo la excusa de “ir más seguro” o “circular al límite de la velocidad legal”.
Esta práctica no solo reduce drásticamente la fluidez de la vía y provoca frenazos fantasma, sino que está tipificada como infracción. La multa por circular innecesariamente por el carril izquierdo o central es de 200 euros. Recuerda también que adelantar por la derecha a estos conductores se sanciona con la misma cuantía económica.

2. No respetar la distancia de seguridad y el ‘efecto acordeón’
Cuando el tráfico es denso pero fluido, el empeño de muchos conductores por circular pegados al vehículo precedente es el detonante principal de los atascos kilométricos conocidos como efecto acordeón. Si el primer vehículo toca el freno levemente, la falta de espacio obliga al segundo a frenar con más fuerza, provocando que unas decenas de coches más atrás la caravana se detenga por completo sin que exista ningún accidente real.

3. Rellenar el parte del seguro en mitad de la calzada
Si la falta de distancia acaba en un pequeño golpe por alcance, el caos está asegurado. Con frecuencia, tras un choque leve en el que los coches pueden moverse perfectamente, los implicados deciden detenerse en mitad del carril, en el arcén estrecho o en la mediana para discutir y rellenar el parte amistoso del seguro.
Por desconfianza o desconocimiento, se bloquea la vía pública y se pone en grave riesgo la vida de los ocupantes. En caso de percance menor, la prioridad absoluta es mover los vehículos hacia la primera salida segura o un área de servicio antes de comenzar con el papeleo.

4. Viajar con la presión de los neumáticos baja
En verano es cuando los neumáticos sufren las condiciones más extremas debido a la temperatura del asfalto (que puede superar fácilmente los 70 ºC). Si a esto le sumamos que el coche viaja al máximo de su capacidad de carga con la familia y las maletas, llevar las presiones bajas es una temeridad.
Al contrario de la creencia popular, un neumático no revienta por exceso de aire, sino por defecto. Al rodar desinflado y pesado, la carcasa se deforma en exceso, la fricción interna calienta la goma de manera descontrolada y la rueda termina desintegrándose o reventando en marcha. Ante la duda y con el coche cargado, consulta la etiqueta del fabricante y sube las presiones al máximo recomendado.

5. El mal uso del aire acondicionado: gastar más sin enfriar
Entrar a un coche que ha estado horas bajo el sol es lo más parecido a entrar a un horno. Sin embargo, encender el motor y poner el climatizador a la mínima temperatura con el ventilador a máxima potencia es un error ineficiente.
El protocolo correcto al arrancar:
- Evacua el calor primero: Baja las ventanillas y circula los primeros dos minutos para que el aire caldeado (que puede superar los 50 ºC) salga de forma natural y sea sustituido por el aire exterior.
- Orienta los aireadores: Dirige las salidas de aire hacia el torso y los pies, nunca hacia los cristales. El aire frío tiende a bajar, por lo que enfriará el habitáculo de manera más homogénea.
- Activa la recirculación con cabeza: Una vez cerrado el coche, activa la recirculación durante 15-20 minutos para que el sistema enfríe aire que ya está climatizado, reduciendo el esfuerzo del compresor y el consumo de combustible. Sin embargo, no la dejes activa todo el viaje para evitar que el aire se vuelva viciado o reseque en exceso tus ojos.

6. Emprender el viaje en las horas centrales del día
Muchos conductores prefieren salir a las 12:00 o las 15:00 horas argumentando que hay “mejor visibilidad” o que se sienten más arropados por el tráfico. Es un error logístico y de seguridad. En las horas centrales del día confluyen las temperaturas más altas del asfalto, un tráfico mucho más masificado, una mayor fatiga térmica para el conductor y un estrés mecánico superior para el motor y los neumáticos.
Adelantar la salida a las primeras horas de la mañana o retrasarla al atardecer ofrece un confort térmico infinitamente superior, carreteras despejadas y un menor consumo de carburante, ya que el motor rinde mejor con aire fresco.

7. Posturas peligrosas: los pies en el salpicadero
Es una de las imágenes más repetidas en los viajes estivales: el copiloto recostado con los pies apoyados sobre el salpicadero. Esta postura es de una imprudencia extrema. En caso de una colisión frontal leve, el despliegue del airbag del acompañante se realiza a más de 200 km/h, impulsando las piernas del pasajero de forma violenta contra su propio rostro, provocando lesiones de extrema gravedad o incompatibles con la vida.
De igual modo, viajar excesivamente tumbado en los asientos traseros provoca el peligroso efecto submarino: ante un frenazo, el cuerpo se desliza por debajo de la banda pélvica del cinturón de seguridad, provocando graves lesiones internas en el abdomen.

8. Conducir con chanclas o sin camiseta
Aunque el Reglamento General de Circulación no prohíbe de forma explícita conducir con chanclas o sin camiseta, la DGT sanciona de forma habitual estas conductas basándose en los artículos 17 y 18, que exigen que el conductor mantenga la libertad de movimientos y el control total del vehículo.
Un calzado suelto como las chanclas puede engancharse con facilidad en los pedales o deslizarse en una frenada de emergencia. Por su parte, conducir sin camiseta expone al conductor a graves quemaduras e irritaciones en la piel producidas por la fricción del cinturón de seguridad o el despliegue del airbag en caso de accidente.
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