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El primer eléctrico de Ferrari ha sido tachado de feo y de traicionar todo lo que representa Maranello. No es el primero en cargar con ese estigma: hace más de dos décadas, un monovolumen italiano fue señalado como el coche más feo del planeta… y el tiempo lo está reivindicando.
Estas últmas semanas, internet se ha dedicado a criticar al Ferrari Luce. El primer coche totalmente eléctrico de la marca del Cavallino se presentó hace apenas unos días y la reacción fue casi unánime: demasiado raro, demasiado simplón, demasiado poco Ferrari. Hubo quien lo comparó con una berlina cualquiera, quien bromeó con que ni siquiera parecía un deportivo y quien lo calificó directamente de insulto estético.

El golpe fue tan sonoro que las acciones de Ferrari llegaron a desplomarse cerca de un 8% en la Bolsa de Milán al día siguiente de su estreno. Y, sin embargo, conviene tener memoria. Porque la historia del automóvil está llena de coches a los que todo el mundo llamó feos y que, años después, terminaron convertidos en piezas de museo. El caso más célebre tiene nombre propio: Fiat Multipla.
El monovolumen que el mundo no supo mirar
El Fiat Multipla llegó al mercado europeo en 1998 con una idea tan sencilla como ambiciosa: meter a seis personas en un coche que medía menos de cuatro metros. Para conseguirlo, sus ingenieros renunciaron a casi todo lo que se daba por sentado en un monovolumen y apostaron por una configuración insólita, dos filas de tres asientos, la famosa disposición 3+3, en lugar de las habituales dos plazas delanteras. El resultado funcionaba de maravilla por dentro. Por fuera, en cambio, desconcertó a medio planeta.

La reacción no se hizo esperar. En 1999, apenas un año después de su lanzamiento, el Multipla recibió el dudoso honor de ser nombrado el coche más feo del mundo, una etiqueta que ya no se quitaría jamás. Su frontal de doble piso, con los faros repartidos en dos alturas y un parabrisas que parecía levantarse de golpe, lo convirtió en el blanco perfecto de las burlas.
Lo curioso es que, ese mismo año, ocurrió justo lo contrario en el otro extremo del prestigio: el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MoMA, lo incluyó en una exposición dedicada al futuro del automóvil. Y la revista británica Top Gear, nada sospechosa de complacencia, lo eligió Coche del Año. Feo para la calle, brillante para los expertos.
Lo que esconde bajo la chapa: por qué el Multipla era una genialidad
Detrás de aquella estética rompedora había mucha más ingeniería de la que el público quiso ver. La firma del diseño es de Roberto Giolito, el mismo creativo que años después daría forma a dos iconos absolutos de Fiat: el 500 de 2007 y el Panda de 2011. El Multipla compartía plataforma y mecánicas con el Fiat Bravo/Brava, pero era más corto y mucho más ancho que sus rivales, exactamente 3,99 metros de largo por 1,87 de ancho, una proporción casi de juguete que era, precisamente, la clave de su habitabilidad.

Aquel doble piso de faros y aquella anchura no eran caprichos, sino consecuencia de una carrocería pensada para proteger a los ocupantes y aprovechar cada centímetro. Por dentro, el Multipla tampoco seguía las reglas: al no tener túnel central, agrupaba la instrumentación, la palanca de cambios, los mandos del clima y hasta huecos portaobjetos en una especie de isla central al alcance de la mano.
La gama mecánica fue de lo más completa para la época, con un gasolina 1.6 de 103 caballos, el conocido turbodiésel 1.9 JTD de 115 (después 120) caballos y, muy por delante de su tiempo, versiones de gas natural y bifuel. Un coche práctico, eficiente y adelantado que, sencillamente, llegó con una cara que el mercado no estaba preparado para aceptar.

Curiosidades del Fiat Multipla que casi nadie recuerda
El nombre no era nuevo. Fiat ya había usado la etiqueta Multipla en los años cincuenta, con una versión del mítico 600 capaz de llevar hasta seis personas, así que el monovolumen de 1998 recuperaba una idea con casi medio siglo de historia.
Otra curiosidad la protagoniza el propio mercado: Fiat era tan prudente con sus previsiones que esperaba colocar unas pocas decenas de miles de unidades al año, y el coche acabó superando con holgura esas expectativas, demostrando que el espacio y la practicidad pesaban más que las bromas sobre su silueta.
Hay un giro casi irónico en su historia. En 2004 llegó un lavado de cara que suavizó el frontal, eliminó los detalles más polémicos y lo dejó con un aspecto bastante más convencional. ¿El resultado? Que muchos lo encontraron entonces demasiado soso. El Multipla, que había sido criticado por atrevido, pasó a serlo por aburrido. Pocos coches pueden presumir de haber molestado por las dos cosas contrarias.
- Fiat Multipla Facelift
- Fiat Multipla Facelift
- Fiat Multipla Facelift
El Multipla en la cultura popular: de meme a icono de culto
Con los años, el Fiat Multipla se transformó en algo más que un coche: se convirtió en un fenómeno cultural. Aparece, casi por obligación, en cualquier lista de los automóviles más feos de la historia, en vídeos, en chistes gráficos y en debates de internet que se reavivan cada cierto tiempo.

Pero ahí está la paradoja, porque esa fama de feo terminó dándole una personalidad que muy pocos modelos de su época conservan. Hoy se reivindica con cierto orgullo, igual que ocurre con otros diseños polémicos, y no falta quien recuerde que coches actuales de líneas extremas, como el Tesla Cybertruck, hacen que aquella cara del Multipla parezca casi entrañable.
Esa es la lección que el Ferrari Luce podría aprender del italiano. Cuando una marca rompe de forma tan radical con lo que se espera de ella, el rechazo inicial está casi garantizado. La diferencia la marca el tiempo, y solo el tiempo dirá si el eléctrico de Maranello acaba siendo recordado como un error o como una pieza incomprendida que se adelantó a su momento. Al Multipla, desde luego, le ha funcionado el segundo guion.
¿Cuánto cuesta hoy un Fiat Multipla?
Aquí está una de las grandes diferencias con el coche que abre esta historia. Mientras el Ferrari Luce se mueve en cifras que rondan los 600.000 euros, el Multipla sigue siendo uno de los coches con más carisma y menos coste del mercado de ocasión. Las unidades más castigadas, con muchos kilómetros encima, se encuentran por apenas unos pocos miles de euros, lo que lo convierte en una opción casi imbatible para quien busca espacio familiar a precio de ganga.

Lo interesante es lo que está empezando a pasar en el otro extremo. Los ejemplares de la primera generación, los de aquel frontal imposible, bien conservados y con pocos kilómetros, empiezan a despertar el interés de los aficionados a los llamados youngtimers, esos coches modernos que ya rozan la categoría de clásicos.
El que en su día fue el coche más feo del mundo se está ganando un hueco entre los modelos de culto, y no sería extraño que en unos años una unidad impecable valga más que cuando salió del concesionario. La estética, al final, es una moda. La inteligencia de un diseño se juzga con perspectiva.
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