La pequeña mentira de los caballos en los coches chinos: ¿por qué corren menos con más potencia?

Mario Garcés
Editor jefe de contenidos de automoción
20 de junio de 2026

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¿Por qué un coche europeo o japonés se siente mucho más rápido y consistente que los nuevos rivales chinos que sobre el papel prometen más potencia? Desmontamos el patrón oculto que se repite en la nueva oleada de híbridos enchufables.

El mercado del coche nuevo ha cambiado por completo y la oleada de marcas asiáticas ha traído consigo una agresiva guerra de cifras que, hasta ahora, parecía una fórmula infalible: ofrecer una cantidad ingente de caballos por mucho menos dinero. Sin embargo, cuando se baja de la teoría de los folletos comerciales y se pasa a la práctica en carretera abierta, las costuras de esta estrategia empiezan a abrirse de golpe.
Lejos de ser un problema puntual de un modelo concreto, se trata de un patrón que se reproduce frecuentemente a todos los niveles en el mercado actual. Al analizar las gamas híbridas enchufables (PHEV) de firmas como BYD, MG, Lynk & Co, EBRO, Omoda, etcétera, se hace evidente que la forma de entender la potencia es radicalmente distinta a la de los fabricantes tradicionales. Y ahí es donde el usuario que busca un coche para viajar se lleva la gran sorpresa

¿Caballos o ponis de feria? Dónde está la trampa

Al hundir el pie en el acelerador de muchos de estos nuevos SUV híbridos de origen chino esperando una respuesta fulgurante, la decepción suele ser inmediata. El motor de gasolina tarda demasiado en despertar, penalizado por un retraso (lag) desesperante. La potencia máxima real se ofrece en un rango muy estrecho y, al alcanzar velocidades de autopista o encadenar varias curvas, el empuje flaquea. No se sienten como los caballos a los que nos tenía acostumbrados la industria europea; parecen más bien “ponis de feria”.

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La clave de este fenómeno está en el desequilibrio de sus motores. Marcas como BYD,OMODA o MG han encontrado un atajo para homologar potencias elevadas a bajo coste: colocar un motor eléctrico muy potente alimentado por una batería solvente, pero combinado con un motor térmico de gasolina muy pequeño y sin apenas fuelle. En ciudad, moviéndose en modo eléctrico, el coche es una delicia, pero en cuanto sales a carretera y la batería flaquea, el pequeño motor de combustión se ve sobrepasado por el peso del conjunto y aparecen baches de potencia muy acusados.

Por el contrario, en las marcas tradicionales el planteamiento es el opuesto. Al tratarse los híbridos enchufables de versiones que generalmente ocupan la zona alta de la gama, los fabricantes tradicionales no están dispuestos a comprometer la experiencia premium de su cliente. En lugar de meter motores térmicos que se queden cortos, equilibran a la perfección ambos mundos. Así, incluso cuando la batería se agota, el conductor sigue teniendo un motor de gasolina o diésel robusto y con cilindrada suficiente para que nunca eche de menos la potencia anunciada.

Los “recortes invisibles” que arruinan un viaje de 500 kilómetros

Nadie regala duros a cuatro pesetas. Para conseguir una diferencia de precio tan abultada ofreciendo potencias sobre el papel de 300 o 400 CV y pantallas de última generación, los fabricantes recién llegados tienen que aplicar compromisos en áreas que el cliente no nota en una prueba de 15 minutos en el concesionario, pero sí en un viaje largo de autovía.

  • Ergonomía low-cost: Muchas de estas marcas presumen de unos asientos con un diseño visualmente espectacular, pero la realidad física es otra. Tras dos horas al volante, la sensación es la de estar sentado sobre “un saco de balones medicinales” que presionan la espalda de forma irregular, provocando fatiga y dolores prematuros debido a un diseño poco ergonómico.
  • El aislamiento térmico y acústico: Al aumentar la velocidad, el ruido del viento y la aspereza del asfalto se filtran notablemente en el habitáculo. Además, existe una laguna frecuente en la calidad de los cristales: carecen de la protección ultravioleta adecuada. ¿El resultado? El climatizador se ve sobrepasado y los ocupantes pasan calor en la cabeza porque el habitáculo no está bien aislado de la radiación solar.
  • Asistentes para cumplir el expediente: Los sistemas de ayuda a la conducción (ADAS) en estos vehículos suelen ser erráticos y molestos. Están ahí para rellenar la lista de equipamiento de la ficha técnica, pero su falta de afinación añade estrés a la conducción en lugar de paz mental.

¿Merece la pena pagar la diferencia por el producto tradicional?

La respuesta depende exclusivamente de lo que valore el comprador. Si la prioridad es lucir un coche llamativo por fuera, muy tecnológico, repleto de pantallas y la conducción es tranquila, se le presta poco valor o es mayoritariamente urbana, la relación precio-producto de las marcas chinas es imbatible.

Pero si se busca lujo sin esfuerzo (effortless luxury), una pisada sólida en carretera, confort real en viajes largos y una potencia real y aprovechable bajo cualquier circunstancia (tengas carga o no en la batería), el coche de corte tradicional sigue estando a años luz. No es una simple cuestión de marca; es que el refinamiento dinámico requiere un tiempo de desarrollo y un equilibrio mecánico que las prisas por inundar el mercado todavía no pueden comprar.

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