Disfruta el cambio de coche
En 1982, el Papamóvil del Vaticano no cabía por los accesos del Bernabéu ni del Camp Nou. SEAT tenía dos semanas para resolver el problema. La solución fue un Panda.
Hay coches que son importantes por su potencia, su lujo o su tecnología. Y luego está el Panda, que igual te hace una carrera por el desierto, te compone un himno del verano cantado por dos de sus mecánicos, e incluso, es capaz de llevar al mismísimo Papa. Y ese es el caso de este Panda blanco guardado en una nave de Zona Franca, en Barcelona, que tuvo tan importante por algo completamente casual, ya que estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado.

La historia empieza con un problema logístico que nadie había previsto. Juan Pablo II visitó España entre el 31 de octubre y el 9 de noviembre de 1982, y el plan incluía actos multitudinarios en el Santiago Bernabéu y el Camp Nou.
El Papamóvil oficial del Vaticano estaba listo, pero cuando la comisión organizadora revisó los recorridos apareció el obstáculo: el vehículo papal era demasiado grande para pasar por los accesos de los estadios. El Papa necesitaba llegar motorizado al centro del campo para saludar a los fieles. Y el coche que tenían no cabía.
La llamada que cambió la historia de un Panda
El Vaticano contactó con las autoridades españolas. El encargo llegó a SEAT. Dos semanas. Un vehículo pequeño, manejable y suficientemente visible. Sin más margen.
El equipo de técnicos que asumió el reto trabajó en la fábrica de Zona Franca, la misma donde hoy se conserva el resultado. No había tiempo para un desarrollo convencional. El Centro Técnico de Martorell estaba volcado en el futuro SEAT Ibiza, así que la transformación tuvo que hacerse casi artesanalmente y a contrarreloj.

El modelo que encajaba era evidente: el Panda, el utilitario más popular del país en aquel momento.
Lo que hicieron con él en dos semanas
La transformación fue quirúrgica. Quitaron las ventanillas laterales, abatieron el parabrisas y reforzaron la parte trasera para crear una plataforma desde la que Juan Pablo II pudiera permanecer de pie. Instalaron barras acolchadas para que el Papa pudiera sujetarse y una pequeña plataforma escamoteable en la parte trasera para facilitar el acceso.
La imagen exterior se completó con pintura blanca, banderas del Vaticano y de España sobre las aletas delanteras y escudos pontificios en las puertas. Funcional y reconocible como vehículo papal.
Los detalles más curiosos dicen mucho del ingenio del equipo. El retrovisor interior se montó sobre el salpicadero para seguir siendo operativo con el parabrisas abatido. Los asientos delanteros se tapizaron en blanco y se eliminaron los reposacabezas, no por estética sino para dejar completamente despejada la visión de la plataforma trasera. Los tapacubos, procedentes del SEAT Ronda Crono 1600, llevaban unas falsas palomillas en forma de cruz. Un guiño al uso que iba a tener el coche.

También se incorporaron elementos del Panda Marbella, la versión más distinguida del modelo presentada ese mismo año: pasos de rueda ensanchados, nueva calandra, volante, consola central y asideros de puerta.
Dos estadios, unos minutos y cuatro décadas de historia
El Panda Papamóvil cumplió su misión el 3 de noviembre en el Bernabéu y el 7 de noviembre en el Camp Nou. Juan Pablo II recorrió los estadios abarrotados de pie en la plataforma trasera, saludando y bendiciendo al público. Al no estar blindado, su uso quedó limitado a recintos controlados, pero eso era exactamente para lo que había sido diseñado.
En una época en la que el concepto de Papamóvil empezaba a estar marcado por la seguridad, especialmente tras el atentado que Juan Pablo II había sufrido en 1981, aquel Panda transmitía algo completamente diferente. Era pequeño, abierto y cercano. Casi doméstico. Frente a los grandes vehículos oficiales, ofrecía una proximidad inmediata con el público que resultaba difícil de ignorar.

El coche que sigue sorprendiendo cuarenta años después
Hoy el SEAT Panda Papamóvil forma parte de la colección de SEAT Históricos en Zona Franca, donde se conservan 375 vehículos. Isidre López, responsable de la colección, lo tiene claro: “Es una de las joyas que tenemos”. Y añade algo que dice mucho sobre el cuidado con el que se ha preservado: “Lo único que se han cambiado son los neumáticos, porque después de 40 años estarían inservibles. El resto se ha mantenido sin repintar nada, respetando todos los trabajos que se hicieron en aquel momento”.
Cuando aparece ante los visitantes en las visitas puntuales que organiza SEAT, sigue provocando la misma reacción. “La gente se sorprende al ver que hicimos un Papamóvil auténtico con la base de un SEAT Panda”, explica López.

La pieza tiene además reconocimiento internacional. En 2008 fue seleccionada para la exposición “Poder y Esplendor” en el Museum Mobile de Audi en Ingolstadt, junto a vehículos utilizados por mandatarios de todo el mundo. Ese mismo año protagonizó el stand de SEAT en la Techno Classica de Essen, una de las ferias de clásicos más importantes del planeta.
Un utilitario de ciudad que recorrió unos pocos metros con el Papa a bordo y que, por eso, lleva más de cuatro décadas siendo uno de los coches más singulares de la historia de SEAT.
Galería
Aquí tienes alguna de las imágenes tan icónicas que nos dejó el Seat Panda Papamóvil.
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