Smart eScooter Concept: la locura de ponerle airbag a un scooter que nunca vio la luz

Miguel Galante
Especialista en actualidad del motor y normativa
25 de agosto de 2026

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En 2010, Smart quiso conquistar las dos ruedas con un scooter eléctrico cargado de tecnología de coche que terminó archivado en un cajón.

Corría el año 2010 y el Salón del Automóvil de París fue testigo de una sorpresa mayúscula. La firma del urbano por excelencia no presentó un coche, sino una moto: el Smart eScooter Concept, un prototipo eléctrico de dos ruedas que deslumbró a prensa y visitantes con su diseño futurista en blanco y verde.

La idea parecía redonda para conquistar la movilidad urbana y atraer a un público joven que ni siquiera tenía carné de coche. Sin embargo, el proyecto pecó de un optimismo desmedido: meter equipamiento de seguridad propio de una berlina de lujo en un vehículo de 45 km/h provocó que los costes se disparasen, dejando esta propuesta en un triste y permanente olvido.

Reinventar la ciudad a dos ruedas: el plan de Smart para enamorar a los jóvenes

A principios de la década pasada, la exdirectora de la marca, Annette Winkler, tenía muy claro que el ADN de Smart no debía limitarse a los cuatro ruedas. El objetivo con el eScooter era llevar la famosa células de seguridad Tridion y el espíritu del Smart Fortwo a un formato mucho más ágil y manejable.

Además, este prototipo no se concibió como un juguete aislado. La marca pretendía integrar la moto en su ecosistema de carsharing car2go, permitiendo a los usuarios alquilar el scooter desde su propio teléfono inteligente. Con ello, la firma alemana buscaba captar a conductores noveles que necesitaban desplazamientos rápidos, limpios y sin complicaciones de aparcamiento.

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Airbag, ABS y placas solares: la tecnología sideral de una moto de 45 km/h

En el apartado mecánico, la moto equipaba un motor eléctrico de 4 kW alojado en el buje de la rueda trasera. Su batería de iones de litio de 48V y 80 Ah prometía una autonomía de hasta 100 kilómetros, recargándose en cualquier enchufe doméstico en unas 3 a 5 horas. Incluso instalaron paneles solares en la parte frontal para arañar unos vatios extra mientras rodaba bajo el sol.

Pero la auténtica locura estaba en su equipamiento. En lugar de una instrumentación convencional, insertabas tu smartphone en el manillar para desactivar el inmovilizador y usarlo como velocímetro, navegador y control de calefacción de los puños. Por si fuera poco, añadieron un airbag bajo el manillar, sistema ABS en la rueda delantera, frenada regenerativa en la trasera y un asistente de ángulo muerto con luces de aviso en los retrovisores al más puro estilo de un Mercedes Clase E.

Calculadoras y costes: por qué el airbag en dos ruedas fue un sueño inalcanzable

A pesar de la calurosa acogida del público y de que la propia marca llegó a insinuar su comercialización en torno a 2014, la cruda realidad económica llamó a la puerta de los despachos. Fabricar en serie un ciclomotor limitado a 45 km/h que incluyera airbag, sensores de ángulo muerto, chasis mixto de acero y aluminio y paneles intercambiables obligaba a fijar un precio de venta totalmente fuera del mercado.

La tecnología de las baterías en 2010 todavía era astronómicamente cara y la infraestructura de carga urbana estaba en pañales. Las cuentas sencillamente no salieron, la directiva del grupo prefirió centrar sus recursos en la electrificación de su gama de coches y el espectacular eScooter pasó a engrosar la lista de grandes prototipos que jamás pudimos comprar.

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