Y si “El coche fantástico” se estrenara en 2026? Nuestro render responde con un eléctrico de más de 1.000 CV

David Díez
Periodista de actualidad del motor y guías de compra
19 de agosto de 2026

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Desde Carwow hemos imaginado cómo sería hoy el mítico coche de Michael Knight si la serie se estrenara en 2026: sin V8, con inteligencia artificial real y conducción autónoma

Un Pontiac Trans Am negro, un barrido de luces rojas y una inteligencia artificial capaz de sacar a su conductor de cualquier apuro: en los años 80, KITT era pura ciencia ficción. Hoy, buena parte de lo que hacía era ya casi realidad, así que en Carwow nos hemos preguntado cómo tendría que ser el coche si “El coche fantástico” naciera en 2026, y hemos creado este render para responderlo.

Un KITT que nada tendría que envidiar al que todos conocemos de hace cuarenta años, ¿o sí? Te enseñamos nuestra visión para que opines por ti mismo.

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Mismas proporciones, cero nostalgia forzada

Nos marcamos una regla antes de ponernos a imaginar: a la primera mirada, cualquiera tiene que reconocer que es KITT; a la segunda, darse cuenta de que nunca ha visto este KITT. Por eso partimos de las proporciones del Pontiac Firebird Trans Am original: carrocería muy pegada al suelo, frontal alargado, parabrisas muy inclinado y pasos de rueda traseros marcados, todo lo que le daba ese carácter de deportivo americano.

A partir de ahí, limpiamos la carrocería y la hicimos mucho más aerodinámica que la del coche original, escondimos manillas de las puertas y sensores en las superficies y alejamos el conjunto del retro puro. Queríamos que pareciera la evolución lógica de aquel Trans Am cuatro décadas después, no una réplica con motor nuevo. Un trabajo que no fuese un restomod, pero que tampoco perdiera la esencia del Trans Am original de la serie.

El escáner rojo, ahora con una función de verdad

Había un elemento con el que no íbamos a negociar: el famoso barrido de luces rojas de la frontal. Sin escáner no hay KITT. Lo que sí cambiamos es su papel: en nuestro planteamiento, esa franja roja, situada en la parte baja del frontal, pasa a formar parte de un clúster de sensores real, con cámaras de 360 grados, radar, lídar, visión nocturna por infrarrojos y detección de peatones.

Lo que en 1982 era pura estética futurista, en 2026 tiene sentido técnico. Y en vez de esconder todos los sensores del coche en una caja, podemos aprovechar ese icónico haz de luz para incorporarlo para que KITT siga siendo KITT.

Una frontal casi sin parrilla

Al pasar a la propulsión eléctrica, no necesitábamos hueco para una parrilla enorme, así que dejamos la frontal casi cerrada, con unas pocas entradas de aire en la zona baja y unos faros extremadamente finos que casi desaparecen en la carrocería negra. Tampoco quisimos un negro plano cualquiera para la pintura: optamos por un metalizado muy oscuro que, según la luz, oscila entre negro, grafito y un ligero tono azulado.

En la trasera mantuvimos la misma sobriedad: un piloto muy fino que recorre casi todo el ancho del coche, un techo que cae en una línea muy plana y un pequeño spoiler integrado en la carrocería. Sin escape, claro, sustituido por un difusor insinuado en la parte baja.

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Un interior mucho más sobrio del que recuerdas

Si repasas el interior original de KITT, lo primero que llama la atención es la cantidad de botones, pantallas y luces parpadeando. En su momento, aquello era “el futuro”; hoy sería un salón recreativo retro. Por eso planteamos un habitáculo mucho más reducido: una pantalla de instrumentación ancha frente al conductor, otra vertical en la consola central para las funciones del coche y la comunicación con KITT, y en medio un volante de forma abierta que recuerda al original sin desentonar en un coche actual.

Cuero, alcantara y metal oscuro dominan el resto de superficies, con finas líneas de luz roja recorriendo volante, salpicadero, consola y puertas a modo de guiño al escáner de la frontal.

Una IA de verdad, no un asistente de voz más

Aquí está la parte que de verdad marca la diferencia. Un asistente que baje la calefacción cuando le dices que tienes frío ya existe en cualquier coche actual, así que para KITT nos parecía insuficiente. Planteamos una inteligencia artificial capaz de escuchar, ver y entender el contexto completo de una situación. Si el conductor pregunta cómo salir de un atasco, el coche tendría que analizar el entorno con las cámaras, cruzar rutas posibles con la navegación, detectar obstáculos con los sensores y decidir la mejor opción por sí mismo. Ahí está la diferencia entre un asistente de voz y KITT: uno ejecuta órdenes, el otro entiende un problema y busca la solución.

Esa misma IA podría vigilar el estado del conductor mediante cámaras interiores, sensores en el asiento y dispositivos ponibles, detectando fatiga o estrés, además de reconocer a cada usuario por cara y voz para cargar automáticamente posición de asiento, climatización, suspensión y ajustes favoritos.

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Conducción autónoma, la escena más icónica hecha casi realidad

Una de las escenas más recordadas de la serie era ver a KITT acudir solo, sin nadie al volante. Es la parte de la fantasía original que hoy parece más alcanzable. Quizá no para saltar por una rampa 20 metros o para conducir marcha atrás durante una persecución, pero sí para ir de punto A a punto B como ya hacen muchos vehículos.

En nuestro planteamiento, KITT debería poder ir a recoger a su conductor de forma autónoma con solo una llamada, algo que hace unos años sonaba a ciencia ficción y hoy empieza a estar dentro de lo técnicamente posible.

Detección de peligros antes de que sucedan

Ligado a eso, imaginamos un análisis constante del entorno con cámaras y radar para anticipar patrones de riesgo: un coche que se acerca demasiado rápido por detrás, un peatón que aparece detrás de un vehículo aparcado, otro coche que empieza a invadir el carril en sentido contrario. La idea es que KITT detecte la amenaza antes que el propio conductor y reaccione primero, la versión moderna de aquella promesa central de la serie de que el coche cuidaba de Michael Knight.

También incorporamos a nuestro planteamiento un pequeño dron integrado que saldría de un compartimento en el techo o el maletero para explorar zonas que el propio coche no puede ver, alimentando esa información directamente al sistema de IA.

El Turbo Boost, reinventado para la era eléctrica

Y sí, la pregunta obligada: qué pasa con el mítico Turbo Boost que le permitía saltar por encima de obstáculos. Descartamos los saltos, evidentemente, y lo convertimos en un modo de rendimiento máximo activado durante un tiempo limitado. Al activarlo, los motores eléctricos liberarían toda su potencia, la batería entregaría su pico de energía, el reparto de par se volvería más agresivo, la suspensión pasaría a su modo más deportivo y la aerodinámica activa se ajustaría para máximo rendimiento.

Sobre la mecánica, nuestro argumento de fondo es que lo eléctrico encaja mejor con KITT de lo que parece a primera vista. Nunca fue especial por sonar fuerte, sino por ir por delante tecnológicamente de todo lo demás, y ahí la respuesta inmediata de los motores eléctricos, el par vectorial entre ruedas y ejes y una gestión de potencia casi instantánea casan mejor con un coche pilotado permanentemente por un ordenador que un V8 tradicional.

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Quizá que el coche no lleve un motor V8 térmico haga que muchos fanáticos se desencanten, pero hay argumentos suficientes para hacer que Michael Knight pare a recargar su Pontiac en vez de dejarse litros de gasolina en cada acelerón.

El verdadero reto no está en el diseño

Lo curioso de este ejercicio es reconocer que gran parte de lo que hacía único a KITT ya existe hoy en mayor o menor medida: control por voz, cámaras perimetrales, aparcamiento automático, asistentes de conducción avanzados. Incluso la idea de un coche que se mueve sin conductor en determinadas condiciones ha dejado de ser pura fantasía.

El verdadero reto de un KITT actual no sería recrear la tecnología de la serie original, sino conseguir el mismo efecto que en los 80: que quien lo vea piense que ese coche todavía tarda en llegar, aunque ya no sepa muy bien por qué. Lo difícil sería imaginarnos a Michael Knight hoy en día, porque David Hasselhoff, pese a las canas, era irremplazable.


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