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El grupo alemán prepara la mayor reestructuración de sus 89 años de historia. La decisión se toma el 9 de julio, mientras las plantas españolas salen reforzadas.
Volkswagen se prepara para el mayor ajuste de toda su historia. El grupo alemán está estudiando suprimir hasta 100.000 puestos de trabajo en el mundo y dejar de fabricar en cuatro de sus plantas en Alemania, según han adelantado el Financial Times y la revista Manager Magazin. Sería, de confirmarse, la reestructuración más profunda en los 89 años de vida de la compañía.
La cifra impresiona porque duplica con creces lo que el propio fabricante había puesto sobre la mesa hasta ahora: 50.000 salidas en Alemania de aquí a 2030. Hablamos de cerca del 15% de su plantilla mundial, es decir, más de uno de cada siete empleados, en un grupo que da trabajo a más de 650.000 personas en todo el planeta.

Cuatro fábricas señaladas y un recorte de inversión
El plan no se queda en el empleo. Según las informaciones publicadas, Volkswagen contempla ir apagando de forma progresiva la producción en tres plantas de la marca VW: Hannover, Zwickau y Emden, y en la fábrica de Audi en Neckarsulm, una vez terminen de ensamblar los modelos que tienen asignados ahora mismo. A eso se suma un tijeretazo de en torno al 15% en las inversiones previstas para los próximos cinco años.
La dirección, encabezada por su consejero delegado, Oliver Blume, valora además reorganizar el grupo en profundidad: una de las ideas que se barajan es separar la marca Volkswagen y la división de componentes en estructuras distintas, para tomar decisiones más rápido y centrar los recursos en el corazón del negocio.
El consejo de administración cerró estos nuevos objetivos para 2030 esta misma semana, y el plan llegará al consejo de supervisión el próximo 9 de julio. De ese día depende que la reestructuración salga adelante o se quede en el aire.

Por qué ha llegado hasta aquí
La presión sobre Volkswagen viene de lejos y de varios frentes a la vez. El más evidente es la competencia china: el grupo ha perdido fuelle precisamente en China, donde ha caído del primer puesto en ventas al tercero, por detrás de BYD y Geely. Y esa ofensiva se nota también en Europa, donde las marcas asiáticas avanzan rápido pese a los aranceles que la Unión Europea aplica a los eléctricos fabricados en China. De hecho, Bruselas estudia extender esos aranceles a los híbridos enchufables chinos, una medida que protegería a gigantes como Volkswagen, BMW o Mercedes-Benz.
A ese golpe se suman los aranceles de Estados Unidos al coche europeo, que han castigado especialmente a Alemania por ser el país que más vehículos vende al mercado norteamericano. Y, por encima de todo, una transición al coche eléctrico más cara y más lenta de lo que se esperaba, que ha ido estrechando los márgenes de un fabricante que durante décadas fue símbolo del músculo industrial alemán.

Por ahora, la compañía no confirma nada. Su única respuesta oficial ha sido que no comenta documentos internos y que cualquier decisión tendrá que pasar por los órganos de gobierno del grupo. Los sindicatos, en cambio, ya se han movido: el comité de empresa e IG Metall avisan de que se opondrán a ampliar los recortes o cerrar plantas, porque el plan iría mucho más allá del acuerdo firmado el año pasado, que descartaba cierres de fábricas durante esta década.
¿Y España? Una posición que juega a favor
Aquí está la otra cara de la noticia. Mientras Alemania mira con preocupación a sus fábricas, las plantas españolas del grupo salen reforzadas. Volkswagen produce coches en España en dos centros, Landaben (Navarra) y Martorell (Barcelona), y ambos han recibido la asignación de cuatro modelos eléctricos que, de momento, son los más baratos de toda la gama, con precios que arrancan alrededor de los 25.000 euros sin ayudas.
Esos cuatro coches son el Volkswagen ID. Polo, el Skoda Epiq, el ID. Cross y el Cupra Raval. Los dos primeros ya están saliendo de las líneas de Martorell, y los otros dos, ensamblados en Navarra, llegarán a los concesionarios a lo largo de este año. A esto se añade la planta de baterías que el grupo levanta en Sagunto (Valencia), en una fase ya avanzada de construcción. En total, entre la compañía, sus socios y el Gobierno se han movilizado 10.000 millones de euros para electrificar la producción del grupo en nuestro país.
El propio Blume puso a España como ejemplo durante su visita a Madrid en abril, al recordar que es el segundo fabricante de coches de Europa y que está pasando del ensamblaje a la tecnología de alto valor. Una buena noticia, dijo, también para el empleo joven.
Cómo afecta al comprador
Para el comprador español, el mensaje de fondo es tranquilizador a corto plazo: los modelos eléctricos accesibles del grupo se fabrican aquí y siguen su calendario de llegada a los concesionarios. La gran incógnita es de medio plazo y se decide en Alemania el 9 de julio. Mientras tanto, si te interesa alguno de estos eléctricos, conviene comparar bien las ofertas y revisar las ayudas disponibles antes de decidir.
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