Disfruta el cambio de coche
No es el eléctrico más rápido, ni el más racional, ni el que recomendaría a la mayoría. Pero sí el que mejor ha entendido qué echan de menos quienes siguen prefiriendo los coches de gasolina.
He probado coches eléctricos más rápidos, más lujosos, más eficientes y con mucha más autonomía. También he probado eléctricos con aceleraciones absurdas, pantallas enormes y cifras de potencia que hace no tanto parecían reservadas a superdeportivos.
Y, aun así, hay uno bastante más pequeño, bastante menos espectacular sobre el papel y bastante más limitado en muchos aspectos que no consigo quitarme de la cabeza.
Es el Alpine A290.

Lo curioso es que no me pasa porque sea el mejor eléctrico del mercado. No lo es. Tampoco porque sea el más razonable si lo analizas con una hoja de Excel delante.
Si eligiese los coches con una hoja de Excel, probablemente elegiría otra cosa. Quizá un Tesla Model 3. Tiene más autonomía, más espacio, mejores prestaciones y una relación entre lo que cuesta y lo que ofrece difícil de discutir. El problema es que nunca he comprado un coche usando únicamente una hoja de Excel. Y sospecho que la mayoría de la gente tampoco.
Configura tu Alpine A290 desde 38.570 €
No es un GTI eléctrico, aunque lo vendan como tal
Alpine presenta el A290 como una especie de hot hatchback eléctrico. Y se entiende. Tiene una estética agresiva, una puesta a punto deportiva y una marca detrás con suficiente historia como para que eso no suene a disfraz de marketing. El problema es que, si lo analizas como si fuese un rival directo de un Golf GTI o un GR Yaris, empiezas mal.
Porque el Alpine A290 no va de eso. No es el coche que compraría alguien que busca el máximo disfrute posible un domingo por la mañana en su carretera favorita. Para eso sigo prefiriendo un buen coche de gasolina, ligero, con cambio manual y un motor que te obligue a trabajar.

El A290 apunta a otro sitio.
Es, probablemente, el coche de diario más apetecible que he probado para alguien a quien le gustan los coches. O para alguien a quien le gustan los eléctricos, pero no quiere acabar conduciendo un electrodoméstico rapidísimo con ruedas enormes y alma de smartwatch.
El coche para el 90% de tu vida
Muchos aficionados pensamos constantemente en el coche ideal para una carretera perfecta. El problema es que la vida real rara vez se parece a eso. La vida real suele ser ir al trabajo, hacer recados, moverse por ciudad, atravesar badenes, aparcar en sitios incómodos y hacer trayectos cortos.
Y ahí el Alpine A290 tiene muchísimo sentido.

Es pequeño, pero no incómodo. Tiene una postura algo elevada, así que entras y sales con facilidad. Tiene repris instantáneo, como buen eléctrico, pero sin caer en esa obsesión por tener 600 CV para ir a comprar pan. Y al mismo tiempo conserva algo que muchos eléctricos han perdido: sensación de coche.
No de aparato. No de cápsula tecnológica. No de producto diseñado por alguien que piensa que conducir es una molestia entre dos cargas rápidas. Coche.
Creo que mucha gente percibe esta diferencia de forma intuitiva aunque no le interesen especialmente los coches. Igual que no hace falta ser chef para notar cuándo una comida está hecha con cariño y cuándo ha salido de una cadena de montaje, tampoco hace falta ser aficionado para darse cuenta de que algunos coches parecen diseñados únicamente para transportarte mientras que otros parecen diseñados para que disfrutes utilizándolos.
Y el Alpine pertenece claramente a ese segundo grupo.

a suspensión tiene mucho que ver con eso. Es firme, sí, pero no incómoda. Me recordó más a la idea de un coche de rally bien puesto a punto que a la de un utilitario deportivo endurecido sin mucho criterio. Absorbe muy bien los baches, deja que el coche respire y consigue que el A290 sea reactivo sin ser nervioso.
Porque un coche divertido no tiene por qué ser un coche histérico, seco o agotador.
El Alpine se mueve con agilidad, pero también con una madurez poco habitual en coches pequeños. Se nota que detrás hay gente que sabe hacer suspensiones.
Los mejores deportivos eléctricos
Pesa poco para ser eléctrico, y eso se nota
La versión que probé declara 1.479 kg. Hace unos años habría parecido muchísimo para un coche de este tamaño. Hoy, rodeado de eléctricos que superan ampliamente las dos toneladas, casi parece ligero.
Y lo importante no es la cifra. Es cómo se siente.

No tiene esa sensación de masa descomunal que muchos eléctricos intentan esconder a base de potencia y electrónica. Gira con naturalidad, cambia de apoyo con ganas y no transmite esa inercia silenciosa que a veces hace que un eléctrico sea rapidísimo, pero poco satisfactorio.
Probé la versión GTS de 218 CV y es la que recomendaría. Tiene fuerza de sobra y encaja perfectamente con el carácter del coche. No intenta impresionarte constantemente. Intenta que disfrutes utilizándolo.
Los frenos son una pequeña obra de arte
Hay un detalle que terminó de convencerme: los frenos. En muchos eléctricos la transición entre la frenada regenerativa y la hidráulica se nota (a veces mucho), mientras que en el A290 prácticamente desaparece.

Es el primer eléctrico que conduzco en el que me ha parecido imposible distinguir dónde termina la regeneración y dónde empieza el freno convencional. Y eso tiene una consecuencia enorme: frenas con confianza.
Parece un detalle menor, pero no lo es. En un coche que quiere gustar a quien disfruta conduciendo, el pedal no puede sentirse como un trámite gestionado por un comité de software. Tiene que sentirse natural. Y aquí Alpine lo ha clavado.
No es perfecto, y menos mal
El primer defecto es la dirección. Es precisa, pero demasiado artificial. No arruina la experiencia, pero impide que el conjunto sea redondo.
El segundo es la autonomía. No es un eléctrico para viajar. En uso tranquilo es posible superar los 300 kilómetros reales, pero en autopista o conduciéndolo alegre el consumo aumenta de forma notable y la autonomía cae rápidamente hacia la zona de los 200 y pocos kilómetros (durante la prueba en carretera registramos un consumo medio de 22,2 kWh/100 km).
Y aquí está precisamente la gracia, porque el A290 no intenta ganar esa batalla.
Da la sensación de que Alpine ha decidido conscientemente dónde quería poner el listón. Porque más potencia y más batería también significan más peso. Y más peso casi siempre significa menos agilidad, menos comunicación y menos diversión.
Sus 218 CV y su autonomía simplemente correcta no destacan en una ficha técnica. Pero ayudan a preservar algo que se está volviendo raro en el mundo eléctrico: el equilibrio. Quizá por eso me resulta más deseable que muchos eléctricos objetivamente superiores sobre el papel.
La estética también juega un papel importante. En una época en la que muchos eléctricos parecen diseñados siguiendo una receta parecida, el Alpine tiene personalidad propia. No intenta parecer futurista. No intenta llamar la atención a cualquier precio. Simplemente parece un coche especial.
Hay coches que aparcas y olvidas antes de cerrar la puerta. Con el Alpine ocurre justo lo contrario. Tiene esa mezcla de proporciones compactas, ruedas empujadas hacia las esquinas y hombros marcados que le da aspecto de pequeño coche musculado. Parece estar empujando contra el asfalto incluso cuando está parado. Y eso hace que te gires para volver a mirarlo. Varias veces.
Alpine ha hecho lo que Porsche no ha conseguido del todo
Esto puede sonar fuerte, pero lo pienso: Alpine ha jugado la carta emocional del coche eléctrico mejor que casi nadie. Incluso mejor que Porsche con el Taycan.

El Taycan sigue teniendo algo de demostración de fuerza. Como si Porsche necesitase justificar constantemente que un eléctrico también puede correr, frenar y girar. El Alpine A290, en cambio, no necesita demostrar tanto. Simplemente cae bien.
Tiene el tamaño adecuado, la imagen adecuada y el punto justo de capricho. No quiere ser el coche total. Quiere ser el coche que usas todos los días y que, aun así, no te hace sentir que has renunciado a disfrutar conduciendo.
De los eléctricos más coherentes que he probado
Por eso sigo pensando en él. No porque sea perfecto, no porque sea barato y no porque sirva para todo.

Lo que más me gusta del Alpine A290 no es su potencia, su autonomía o sus prestaciones. Es que me ha recordado algo que cada vez encuentro menos en muchos productos modernos: la sensación de que alguien tomó decisiones pensando en cómo iba a sentirse la experiencia de uso, no solo en cómo iba a quedar una ficha técnica.
Por eso probablemente haya eléctricos más rápidos, más prácticos y más racionales. Y también por eso sigo pensando en este mucho tiempo después de haberlo devuelto.
El Tesla Model 3 es un producto brillante. El Alpine A290 es un objeto de deseo.
Galería
Aquí te dejamos una galería de fotos de nuestra prueba del nuevo Alpine A290
Sigue a Carwow y no te pierdas nada
Noticias y vídeos en tu móvil: Únete a nuestro canal de WhatsApp.
Al suscribirte aceptas los Términos y la Privacidad. Baja en un clic.







