¿Por qué en verano es más fácil suspender la ITV que en cualquier otra época del año?

25 de junio de 2026 de

Muchos conductores aprovechan el verano para ponerse al día con la ITV: las vacaciones dan margen, los desplazamientos son más largos y la revisión lleva meses pendiente. El problema es que el verano es también la época en la que algunos de los fallos más frecuentes se agravan, precisamente por el calor.

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Ir a la inspección sin haber revisado antes esos puntos concretos es asumir un riesgo innecesario, y volver con un resultado desfavorable supone repetir la visita, pagar de nuevo y perder tiempo que en vacaciones nadie quiere perder.

Los neumáticos: el calor dispara la presión y delata el desgaste

Los neumáticos son uno de los elementos que los técnicos de ITV revisan con más detalle, y en verano llegan en peor estado del habitual por dos motivos que van de la mano. El primero es la presión: con el calor, el aire dentro del neumático se dilata y la presión sube por encima de lo recomendado. Un neumático que en invierno estaba dentro del margen puede llegar a la ITV sobreinflado, lo que afecta al agarre y puede ser motivo de defecto.

El segundo es el desgaste. El asfalto en verano alcanza temperaturas que superan los 60 grados, y esa temperatura castiga el dibujo y la estructura del neumático mucho más rápido que en condiciones normales. La profundidad mínima del dibujo que exige la normativa es de 1,6 milímetros, y un neumático que llegaba justo a ese límite en primavera puede estar ya por debajo después de unos meses de calor. Conviene medirlo antes de ir, no después.

Las luces: el sol las funde y nadie lo nota hasta la ITV

Los fallos en el sistema de iluminación son uno de los motivos más frecuentes de resultado desfavorable en la ITV, y en verano tienen una causa añadida que poca gente relaciona: la exposición prolongada al sol deteriora las ópticas y puede fundir bombillas con más rapidez de lo habitual, especialmente en coches con faros halógenos convencionales. Una luz de freno fundida o un intermitente que parpadea mal son defectos que el técnico detecta en segundos y que se habrían resuelto con dos minutos de comprobación antes de salir de casa.

La revisión de luces es la más sencilla y la más ignorada: faros delanteros, luces de posición, intermitentes, luces de freno, marcha atrás y matrícula. Todas, una por una, antes de ir. Es el fallo más evitable de la lista.

Las luces diurnas son de tipo LED.

Las emisiones: el motor caliente las dispara

Según datos de AECA-ITV, la asociación que agrupa a las estaciones de inspección en España, el 16% de los resultados desfavorables en la ITV se debe a que el vehículo supera los niveles de emisiones permitidos. Es el fallo más frecuente, y en verano tiene un agravante concreto: las altas temperaturas afectan al rendimiento del catalizador y del sistema de escape, especialmente en coches con muchos kilómetros o con el mantenimiento justo.

Hay un detalle que marca diferencia en la prueba de gases y que los técnicos conocen bien: llegar a la ITV con el motor frío perjudica el resultado. El catalizador necesita temperatura para funcionar correctamente, y un motor que no ha recorrido suficientes kilómetros antes de la inspección no habrá alcanzado su temperatura óptima de trabajo. En verano, con el calor ambiente, el motor coge temperatura antes, pero sigue siendo recomendable hacer al menos 20 kilómetros de trayecto antes de entrar a la estación, preferiblemente en carretera y sin paradas largas.

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Los frenos: el calor extremo desvela lo que el invierno ocultaba

El sistema de frenos es otro de los puntos donde el calor del verano actúa como delatador. Las pastillas y los discos que llegaban justos en invierno, cuando las temperaturas son más bajas y el frenado requiere menos esfuerzo, pueden mostrar su desgaste real en verano, cuando el sistema trabaja más duro, especialmente en descensos de montaña o en atascos donde el freno se pisa de forma repetida.

Un desequilibrio en la fuerza de frenado entre las ruedas, pastillas demasiado finas o discos con marcas de desgaste excesivo son defectos graves en la ITV. La forma más sencilla de detectarlos antes de ir es prestar atención a si el coche tira hacia un lado al frenar, si aparecen ruidos metálicos al pisar el pedal o si la distancia de frenado se ha alargado. Cualquiera de esas señales merece una visita al taller antes que una visita a la ITV.

La suspensión y la dirección: el calor reseca las gomas

Los amortiguadores, las rótulas y los silentblocks son componentes que los técnicos de ITV inspeccionan visualmente y con el foso de revisión. En verano, el calor reseca las gomas y los fuelles que protegen estos elementos, acelerando su deterioro. Un silentblock agrietado o una rótula con holgura son defectos graves que inhabilitan el vehículo, y que en muchos casos llevan meses desarrollándose en silencio, sin dar señales claras al conductor.

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El síntoma más habitual de un problema en la suspensión es un ruido sordo al pasar por baches o al tomar curvas, o una sensación de inestabilidad que antes no estaba. Si el coche lleva tiempo dando esas señales y se ha ido ignorando, la ITV no es el mejor momento para descubrirlo.

El líquido de frenos: un fallo que el calor convierte en peligroso

El líquido de frenos es higroscópico, es decir, absorbe humedad del ambiente con el tiempo. Cuando el porcentaje de agua en el líquido supera ciertos límites, su punto de ebullición baja, y en verano, con frenadas repetidas y temperaturas altas, puede llegar a vaporizarse dentro del circuito hidráulico. Cuando eso ocurre, el pedal de freno se vuelve esponjoso o se hunde: es lo que se conoce como vapor lock, y es una situación directamente peligrosa.

La ITV comprueba el estado del líquido de frenos, y un líquido con demasiada humedad es motivo de defecto. Cambiarlo cada dos años, o antes si el coche hace muchos kilómetros, es el intervalo que recomienda la mayoría de fabricantes. En verano, antes de un viaje largo con puertos de montaña o descensos prolongados, es una revisión que nunca está de más.

Cómo llegar a la ITV en verano con más garantías

El orden de actuación antes de ir en verano es sencillo: revisar la presión y el estado visual de los neumáticos, comprobar todas las luces una por una, hacer un trayecto de al menos 20 kilómetros antes de entrar a la estación para que el motor esté a temperatura, y si el coche lleva ruidos o comportamientos extraños que se han ido aplazando, pasar primero por el taller. La ITV no es un examen que se improvisa: los fallos que detecta llevan semanas o meses ahí, y el verano solo los hace más visibles.


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