He conducido un Toyota Corolla de los años 70 y me sentí como el detective de una película

Miguel Galante
Especialista en actualidad del motor y normativa
26 de octubre de 2026

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Ponerse al volante del Corolla Coupé E35, con medio siglo a sus espaldas, demuestra que la sencillez del coche más vendido de la historia viene de lejos.

Hay coches que se conducen y coches que se protagonizan. El Toyota Corolla Coupé E35 pertenece a la segunda categoría. Es verde oliva, tiene parachoques cromados y lleva un discreto «1200» en la aleta, como quien no quiere presumir. Me lo encontré en el patio del Louwman Museum de La Haya, fabricado a mediados de los setenta y esperándome durante la celebración de los 60 años del Corolla, y tuve claro que ese día no iba a pasar desapercibido.

Un coupé verde que hace girar cabezas

Era la primera vez que conducía por las calles de La Haya y lo hacía a los mandos de un coche con medio siglo a sus espaldas. La combinación imponía respeto, pero la sensación que se impuso fue otra: la de llevar algo especial. El Corolla Coupé no es un deportivo exótico ni un clásico de subasta millonaria y, aun así, las miradas de peatones y ciclistas, que allí son legión, se iban detrás de su silueta semi-fastback y de esas rejillas en el pilar trasero que hoy ya no dibuja nadie.

Pertenece a la tercera generación del Corolla (serie E30), la que Toyota presentó en 1974 como el «coche familiar definitivo» y la primera del modelo desarrollada en túnel de viento. La variante coupé E35 se fabricó entre 1975 y 1980, y bajo su capó late el 3K de 1.166 cc, un cuatro cilindros sencillo, de válvulas en cabeza y árbol de levas en el bloque.

Un salpicadero de película de los setenta

Basta con abrir la puerta para viajar en el tiempo. El salpicadero es de una sencillez casi desarmante: unos pocos relojes analógicos, interruptores que se cuentan con los dedos de una mano y ni rastro de pantallas. No me había sentado nunca en un coche fabricado hace tanto tiempo, y la primera sensación fue cinematográfica.

Por un momento me vi como el detective de una película de los setenta, recorriendo Tokio al volante de este Corolla tras la pista de un asesinato sin resolver. Solo faltaban la gabardina y la banda sonora de sintetizador. Incluso tuve la necesidad de encenderme un cigarro para meterme completamente en el papel.

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Antes de salir, Toyota nos dejó claro que estas unidades son piezas muy apreciadas por la marca y que había que conducirlas con cuidado. El aviso tuvo un efecto inmediato: me devolvió a mis primeras clases de autoescuela. Ese pequeño temor a cometer el más mínimo error, a calar el motor en un semáforo o a rozar un bordillo, reapareció como si volviera a llevar la L pegada en la luneta. Conducir un coche de otro, con cincuenta años de historia y un museo esperando su regreso, tiene ese efecto.

Medio siglo después, sigue siendo fácil de conducir

Giras la llave y el 1.2 despierta con un sonido que no deja dudas sobre su edad. Es un ronroneo mecánico, sin filtros ni insonorización que lo disimule, de los que hoy solo se escuchan en concentraciones de clásicos.

Lo que no esperaba era la facilidad con la que se maneja. La dirección, sin asistencia, es mucho más suave de lo que imaginaba, y buena parte del mérito es de su ligereza, porque hay muy poco coche que mover. El cambio fue la gran sorpresa: tiene un tacto impecable, con recorridos precisos y sin titubeos, y convierte la conducción en algo mucho más sencillo de lo que cabría esperar de un coche de otra época. A los pocos minutos, los nervios del principio ya se habían quedado en el patio del museo.

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Las calles de La Haya, entre tranvías, ciclistas y avenidas flanqueadas por edificios de ladrillo, le sentaban como un guante. Lejos de cualquier circuito o carretera de montaña, en ese entorno urbano y tranquilo, el Corolla Coupé recuperaba el papel para el que nació: ser un coche para el día a día, solo que con mucho más estilo que la media.

Del E35 al Corolla de 2026: cambia todo, menos la idea

Ese mismo día había conducido el Corolla 60.º Aniversario, la edición especial con la que Toyota celebra el cumpleaños del modelo. Sobre el papel, poco tienen que ver. Casi ni tiene sentido hacer esta tabla comparativa.

Dato Corolla Coupé E35 Corolla 60.º Aniversario
Generación Tercera (1975-1980) Duodécima (2026)
Motor Gasolina 1.166 cc Híbrido 1.798 cc + motor eléctrico
Potencia 54 CV 140 CV (versión de acceso)
Instrumentación Relojes analógicos Cuadro digital de 12,3″ y pantalla de 10,5″

Sin embargo, al bajarme de uno y subirme al otro, lo que más me llamó la atención no fueron las diferencias, sino lo que comparten. Ambos están construidos sobre un mismo pilar: la sencillez. Sin grandes aspavientos, los dos cumplen con lo que se espera de ellos, que es llevarte de un lado a otro de forma natural, casi sin que tengas que pensar en conducir. Te sientas, arrancas y coche y conductor funcionan como un solo mecanismo que te lleva del punto A al punto B.

Quizá ese sea el verdadero secreto de los más de 57 millones de unidades vendidas en sesenta años. El Corolla nunca ha pretendido ser el coche más rápido ni el más llamativo de su época, sino uno en el que cualquiera se siente cómodo desde el primer metro. Cincuenta años después, y con la L todavía imaginariamente pegada en la luneta, este coupé verde me lo demostró por las calles de La Haya.

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