El BMW M135 tiene 300 CV, frenos de escándalo y es muy rápido. Entonces, ¿por qué me divertí más con el Golf R?

Álvaro Ortega
Responsable editorial de pruebas y rankings de coches
5 de junio de 2026

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El nuevo BMW M135 corre muchísimo, frena mejor que muchos deportivos puros y tiene un tren delantero brillante. Sin embargo, tras unos 1.500 kilómetros conduciéndolo, me he encontrado con una contradicción inesperada: impresiona más por lo rápido que puedes ir que por lo que te hace sentir al volante.

Hay coches que te convencen nada más subirte. Otros necesitan unos cuantos kilómetros para demostrar lo buenos que son. Y luego está el BMW M135, un coche que me ha dejado una sensación bastante curiosa: cuanto más rápido vas, más admiras lo que hace; cuanto más intentas disfrutar conduciendo, más echas algo en falta.

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Porque sí, el nuevo M135 es un compacto deportivo muy rápido. Mucho más de lo que parece. De hecho, probablemente sea uno de esos coches con los que puedes recorrer una carretera de curvas a un ritmo absurdo sin apenas esfuerzo. El problema es que gran parte de esa velocidad llega a costa de las sensaciones.

La mejor parte del coche está delante

Lo primero que llama la atención es el tren delantero. BMW ha conseguido algo que no es tan habitual en este tipo de coches: el eje delantero tiene muchísimo protagonismo. Muerde el asfalto con una agresividad sorprendente, entra en las curvas con decisión y prácticamente elimina cualquier sensación de torpeza.

Hay momentos en los que incluso puedes deslizar ligeramente las cuatro ruedas desde la entrada de la curva simplemente por la velocidad a la que eres capaz de apoyarte. Es, probablemente, la parte más divertida y con más personalidad del coche.

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El problema es que la historia cambia cuando llega el momento de acelerar para salir de la curva. La tracción total cumple perfectamente y aporta una capacidad de tracción enorme, pero no tiene ese empuje desde el eje trasero que sí encuentras en algunos de sus mejores rivales. Un Golf R, por ejemplo, consigue involucrarte más en la maniobra. El BMW parece haber enseñado todas sus cartas en la entrada de la curva. Y es una pena, porque el potencial dinámico está ahí.

No va mejor, va más rápido

Mi unidad de pruebas montaba neumáticos Michelin Sport Cup 2, algo poco habitual en un coche de este planteamiento. Sobre el papel debería ser una ventaja. Más agarre siempre parece mejor. En la práctica no estoy tan convencido.

El problema no es que el coche sea más eficaz. Va más rápido, pero no necesariamente mejor. Puedes acelerar antes y entrar en las curvas a velocidades que rozan lo absurdo para un compacto de calle.

Pero precisamente ese nivel de adherencia parece poner en evidencia algunas limitaciones del conjunto. La suspensión, la dirección y los silentblocks no transmiten la sensación de estar trabajando con la misma soltura con la que lo harían unos neumáticos más convencionales como unos Pilot Sport 4S.

Hay momentos en los que el coche parece menos sólido de lo que realmente es y transmite cierta desconexión entre lo que están haciendo las ruedas y lo que percibes desde el volante. Se produce un retraso en la comunicación que resulta molesto. De hecho, recuerdo haber sentido más cohesión en el BMW X1 M35i que probé hace unos meses con unos neumáticos menos extremos.

La dirección tampoco ayuda demasiado. Es rápida y eficaz, pero le falta la información y precisión necesarias para convertirse en esa herramienta que te anime a buscar tus límites.

Los frenos y los asientos sí están a la altura

Donde sí hay poco que reprochar es en los frenos. La unidad equipada con el sistema M Sport Pro frena una auténtica barbaridad. La potencia es espectacular y el aguante parece prácticamente inagotable para un uso intensivo en carretera. Lo único que no me termina de convencer es el tacto. El pedal resulta demasiado blando y sensible y no termino de encontrar esa precisión de los mejores sistemas de frenado.

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Los asientos merecen una mención aparte porque son probablemente de los mejores que puedes encontrar actualmente en un compacto deportivo. Sujetan más que los de un Golf R, resultan más cómodos en viajes largos y además tienen una presencia visual fantástica.

Un motor que corre mucho pero transmite poco

Si hay algo que termina definiendo la personalidad de este M135 es su motor. Y aquí está una de las mayores decepciones.

No porque sea lento. Ni mucho menos. Sus 300 CV y 400 Nm permiten mover el coche con una facilidad insultante. El problema es que el motor transmite muy poco. Le falta carácter. Le falta garra. Le falta esa sensación de que está deseando acercarse al corte de inyección.

Incluso cuando lo llevas rápido parece que trabaja porque tiene que hacerlo, no porque le apetezca. La entrega de potencia es eficaz, pero tremendamente plana. Y cuando a esa entrega tan lineal le sumas un sonido poco memorable, el resultado es un conjunto que nunca termina de emocionar tanto como su estética o sus cifras prometen.

No es que el Golf R suene especialmente bien. Tampoco es un coche que destaque por su banda sonora. Pero sí transmite más energía y más ganas de seguir acelerando, gracias en gran parte a una caja de cambios más rápida y mejor afinada.

Una caja de cambios que vive en los extremos

La caja automática de doble embrague cumple su función, pero no me ha terminado de convencer. En ciudad y maniobrando resulta más brusca de lo que debería. En modo normal responde con demasiada calma. En modo Sport, sin embargo, parece pasar directamente al extremo contrario y se vuelve algo histérica.

Tampoco ayuda que las levas transmitan una sensación bastante pobre. Son de plástico pero muy grandes, por lo que cuando cambias apretando por los extremos llegan a flexar ligeramente. Puede parecer un detalle menor, pero en un coche de este precio y con esta imagen deportiva son precisamente esas pequeñas cosas las que terminan construyendo la experiencia.

Un coche diseñado para ser eficaz pero emocionando lo justo

Y quizá ahí esté la clave de este coche. No deja de ser el modelo de entrada a las sensaciones de BMW M y parece que han aplicado con cuentagotas esa chispa o locura que me haría justificar los más de 62.000 euros que cuesta esta unidad antes de descuentos.

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El BMW M135 es excelente para viajar rápido, para devorar kilómetros y para recorrer cualquier carretera usando cada uno de los 300 caballos  sin miramientos. Es cómodo, estable, tiene unos frenos magníficos, unos asientos fantásticos y un tren delantero que es capaz de hacer desaparecer gran parte de la masa del coche. Además, resulta sorprendentemente razonable en consumo para las prestaciones que ofrece: durante la prueba fue fácil moverse alrededor de los 7,5 litros cada 100 kilómetros conduciendo con calma, mientras que disfrutando del coche sin demasiadas contemplaciones el consumo se quedó en 9,4 l/100 km.

Pero también es un coche que impresiona más por lo rápido que puedes ir que por lo que sientes mientras lo haces. Y quizá por eso, cuando te bajas de él, recuerdas más la velocidad que llevabas que las ganas de volver a arrancarlo.


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