Disfruta el cambio de coche
Tras probar el nuevo Mercedes Clase C eléctrico de 489 CV, analizo su calidad interior, confort de rodadura y su ventaja frente a los coches chinos. No es un coche barato: parte de 69.800 euros, pero cuando entiendes ciertos detalles, empiezas a ver las diferencias entre pagar por un eléctrico equivalente de la competencia, y un Mercedes.
Cuando vi el nuevo Clase C en fotos tuve la misma impresión que muchos espectadores al ser presentado: la calandra que Mercedes ha diseñado para homenajear a sus antiguos modelos llama la atención, y no necesariamente para bien. Luego, al tener el coche delante, la presencia del vehículo es tan imponente que el detalle de la parrilla pasa a ser un aspecto secundario.
Es de esos coches cuya presencia desvía la mirada porque tienes la impresión de tener “un cochazo” delante de ti. Podrá gustar o no gustar, pero Mercedes tiene la capacidad de diseñar coches con un porte majestuoso, especialmente en sus berlinas, y este Clase C lo clava de inmediato.

Lo mejor del coche está en lo que ha cambiado respecto a otros coches que la marca ha lanzado en los últimos años: la calidad interior, que vuelve a recuperar una sensación de solidez que nunca debió desaparecer; Mercedes dice que ha escuchado las críticas y que se ha esmerado en volver a crear un habitáculo de aspecto sólido. Quizás queden detalles por pulir, como el exceso de paneles, algo simplones y poco refinados, para enmarcar la gigantesca superficie táctil que puedes tener delante de ti. Pero la consola central no admite tachas, ni las salidas de ventilación, ni los botones físicos.
Configura un Mercedes-Benz Clase C Eléctrico
Lo que no ha cambiado, afortunadamente, es la calidad de rodadura. De hecho, ha ido a mejor. Mercedes sigue haciendo coches que pisan el asfalto con la solemnidad propia de un coche de lujo, en el sentido más amplio de la palabra. El Clase C transmite la imperturbable cualidad que todo buen Mercedes debe tener sobre cualquier tipo de asfalto: calma y seguridad. Y eso, que puede sonar a tópico, es en realidad la clave de la maestría de 140 años de evolución dentro de un fabricante. A los ingenieros alemanes se les puede reprochar mucho menos que a los responsables de marketing y negocio de sus respectivas marcas. Dominan el arte de convertir dos toneladas largas de coche en una alfombra rodante, segura, estable, rápida y silenciosa. No hay fabricante chino que alcance hoy en día ese equilibrio, ni de cerca.
Para entenderlo no basta con circular con el coche a velocidad normal. Digamos que no basta con circular por España a lo máximo permitido, que son 120 km/h. A ese ritmo, sin sobresaltos, es fácil pensar que cualquier coche va bien. Y decir que “va bien” es tan ambiguo como falto de rigor. Y los periodistas deberíamos ser rigurosos, especialmente cuando probamos coches que llegan al mercado sin antecedentes. Pero es algo que encuentro con un patrón que se repite en cada modelo chino que pruebo, da igual el precio y el segmento al que pertenezca: les falta finura, refinamiento. Lo que los ingleses definen con una palabra perfectamente acotada como “finesse”.

No es que sus coches no sean cómodos: es que no tienen ese grado de maestría para llevarte en volandas en cualquier asiento, a cualquier velocidad (y lo recalco, a cualquier velocidad), por cualquier tipo de asfalto, sin que tengas la sensación de que hay algo desajustado en el coche. Les falta aplomo, rigidez y calidad de filtrado, y todo eso sólo sale a la luz claramente cuando pruebas un coche como el Clase C eléctrico y comparas con los coches chinos que has probado recientemente. El C Eléctrico es un coche que te reconcilia con el automovilismo, aunque no te gusten los interiores llenos de pantallas, las superficies táctiles o el equipamiento superfluo concentrado en una marabunta de iconos.
La versión que probé es la que inicia la comercialización del modelo, 400 4MATIC, de 489 caballos. Corre mucho, aunque sin drama. Es de esos coches que te pega al asiento en un pisotón, aunque no hay nada más en el entorno que te haga saber que estás ganando velocidad a ritmo endiablado, pues el silencio y la calidad de filtrado convierten la experiencia en algo parecido a lo que debe ser viajar en una cápsula del tiempo. La vida sigue ahí, por fuera de las ventanas, sin que oigas ni te altere nada. Hay mejores opciones “deportivas” para quien busque un eléctrico emocionante, pero no se me ocurren mejores para quien quiera una berlina ultraconfortable. Por supuesto, ni de la mano de Tesla, ni de XPENG o Zeekr. Todos están claramente por debajo en finura.
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No te puedo decir que consuma poco porque es un coche grande y pesado. No se acerca a la eficiencia de un Tesla Model 3, pero es que por tamaño está próximo al desaparecido Model S. En mi trayecto de prueba a ritmo tranquilo por autovía y carretera obtuve una media de 19,8 kWh/100 km, con lo que la autonomía real estaría en el entorno de los 470 km.

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