¿Y si el Tesla Model 3 hubiera nacido en los años 80? Así nos imaginamos el coche de Elon Musk antes de ser eléctrico

David Díez
Periodista de actualidad del motor y guías de compra
21 de junio de 2026

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En Carwow nos encanta coger coches icónicos del pasado y traerlos a la época actual: imaginarlos resucitados, eléctricos y puestos al día. Pero esta vez nos hemos querido hacer la pregunta al revés. ¿Qué pasaría si un coche de hoy, uno con apenas historia a sus espaldas, hubiera existido en el pasado? ¿Cómo lo habría dibujado un diseñador hace cuatro décadas? Cogimos el Tesla Model 3, le dimos cuatro vueltas… y llegamos a este diseño.

El Tesla Model 3 es un coche eléctrico presentado en 2017 y nunca existió en los años 80. Pero…  ¿Y si fuera un coche con historia? Lo que vas a leer es una recreación plénamente imaginativa y bastante divertida— de cómo habría sido si Tesla hubiera lanzado esta berlina en plena década de los cassettes y las hombreras.

Para ello, además de nuestra imaginación, hemos tirado de IA. Tanto que hasta hemos querido meter a un Elon Musk al lado del coche, más joven y con un outfit propio de la época. Los datos técnicos son también inventados a propósito; las referencias a coches y tecnología reales de la época, no. Por eso hemos prescindido de la característica principal de Tesla: la electrificación, sustituyendo sus motores eléctricos por un motor de combustión de antaño. Obviamente, la tecnología era otra hace 40 años. Pero en lugar de contarlelo aquí, te recomendamos que sigas leyendo…

El experimento: viajar al revés en el tiempo

Lo habitual es lo contrario. La industria lleva años desempolvando iconos y devolviéndolos a la carretera en versión moderna: Renault lo ha hecho con el 5, el 4 y el Twingo, todos eléctricos; Fiat resucitó el 500 en 2007; Mini y el Escarabajo renacieron de la mano de BMW y Volkswagen; y Ford recuperó el Bronco a base de pura nostalgia. Incluso hay coches nuevos que nacen mirando al retrovisor: el Hyundai Ioniq 5, con sus faros de píxeles, es un homenaje declarado al Pony que Giorgetto Giugiaro dibujó en los 70. Pero todos esos ejercicios van en la misma dirección: del pasado al presente. Nosotros le damos la vuelta a la tortilla.

Los mejores eléctricos

¿Por qué el Model 3? Porque es el candidato perfecto. Es una marca nacida en el siglo XXI, sin ningún “original” ochentero al que parecerse y sin la mochila emocional de un clásico. Es una hoja en blanco. Y precisamente por eso resulta tan revelador: si le quitamos la tecnología actual, ¿qué queda? ¿Sobrevive su personalidad al salto de cuarenta años?

Qué significaba “ser de los 80”

Antes de inventar nada, conviene entender qué tenía un coche de aquella década, porque el diseño de los 80 era una cosa muy concreta y reconocible. No era casualidad: respondía a la tecnología de fabricación, a las modas y a una idea muy distinta de lo que significaba “lujo”.

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Por fuera, mandaba la regla y la escuadra:

  • Líneas rectas y formas de cuña. Nada de superficies blandas ni aerodinámicas redondeadas. Cuanto más parecido a una caja, más moderno se consideraba.
  • Faros rectangulares o, si querías presumir, escamoteables (los famosos pop-up).
  • Parachoques y molduras de plástico negro, cuanto más grandes y prominentes, mejor.
  • Llantas pequeñas con neumático de perfil alto y, en las versiones caras, tapacubos integrales o las primeras llantas de aleación.
  • Colores como el rojo Guards, el azul metalizado, el gris perla y el beige “champán”.

Por dentro, el lujo no se medía como ahora:

  • Tapicería de terciopelo granate o azul marino, y cuero beige claro en las versiones tope de gama.
  • Salpicaderos envolventes hacia el conductor, de plástico duro que crujía con el sol.
  • Y, sobre todo, electrónica como argumento de venta. Aquí está la clave del Tesla: en los 80, la tecnología era el lujo definitivo.

Porque conviene recordar que muchos de los gadgets que asociamos al futuro ya existían entonces, aunque fuera de forma rudimentaria. Los cuadros de instrumentos digitales de píxeles verdes o naranjas no son una invención: el Renault 11 Electronic, el Aston Martin Lagonda o el Subaru XT presumían de ellos. Había coches que hablaban: el Austin Maestro de 1983 tenía un cuadro con voz sintetizada que te avisaba de las averías, y Renault y Nissan ofrecían sistemas parecidos. Y por si fuera poco, el Buick Riviera de 1986 ya montaba una pantalla táctil central. Sí, una pantalla táctil, en 1986. ¿Te suena de algo todo esto? Exacto. El Model 3 encaja mejor de lo que parece.

El Tesla “Type 3”: el exterior

El Model 3 real es una berlina de tres volúmenes minimalista, de líneas limpias y un frontal liso sin parrilla. Esa filosofía minimalista, despejada, casi fría es justo lo que sobrevive al salto temporal.

En los 80 sería un sedán de cuatro puertas de líneas rectas, a medio camino entre un Audi 80 y un Lancia Thema. El morro liso del Model 3, que hoy existe porque un eléctrico no necesita refrigerar un gran motor, en los 80 se habría vendido como un alarde de aerodinámica “de la NASA”: una banda lisa negra donde otros ponían parrilla cromada, faros rectangulares afilados y una línea de cintura recta como un tiralíneas. El maletero, enorme y honesto, con su cerradura de llave bien visible.

El minimalismo exterior, que en 2017 parecía vanguardista, en 1986 habría resultado casi futurista: sin apenas adornos, sin cromados por todas partes, jugándoselo todo a una silueta limpia. Habría sido el “coche raro y moderno” del concesionario, ese del que la gente dice “no se parece a nada”.

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El Tesla “Type 3”: el interior

Aquí es donde el experimento se vuelve más divertido. El Model 3 real es famoso por su interior radicalmente vacío: sin cuadro de instrumentos, todo concentrado en una pantalla central de unos 15 pulgadas.

En los 80, esa misma idea se habría traducido con los medios de la época: un cuadro digital de barritas y números verdes en lugar de relojes de agujas, un ordenador de viaje que calculaba consumo medio, autonomía y temperatura exterior (puro lujo entonces) y, como guiño a la pantalla central, una pequeña consola con botones cuadrados y una voz robótica que avisaba: “su puerta está abierta” o “combustible en reserva”. Tapicería de terciopelo gris o cuero beige según versión, volante de cuatro radios del tamaño de una tapa de alcantarilla y, por supuesto, cenicero y encendedor de serie.

Su ficha técnica

Y como en los 80 no había baterías capaces de mover una berlina con autonomía útil, nuestro Tesla imaginario tendría que renunciar a lo eléctrico y montar un motor de gasolina. Lo “futurista” no estaría en la propulsión, sino en la electrónica de a bordo.

Apartado Especificación (imaginada)
Motor 2.0L 4 cilindros con inyección (1.6L carburador en acceso)
Potencia 115 CV; 150 CV en la versión Performance con turbo
0–100 km/h 8,5 s (Performance) / 11 s (básica)
Velocidad máxima 205 km/h (tope de gama)
Tracción Trasera
Cambio Manual de 5 velocidades; automático de 4 marchas opcional
Carrocería Sedán 4 puertas, 3 volúmenes, líneas rectas
Peso 1.250 kg
Consumo 8,5 L/100 km
Depósito 60 litros
Precio (España, 1986) 1.850.000 ptas. (básica) / 2.400.000 ptas. (Performance)
Tecnología estrella Cuadro digital, ordenador de viaje, aviso por voz robótica

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