Disfruta el cambio de coche
El nuevo BMW M5 desafía constantemente a la física con sus 727 CV y más de 2,5 toneladas de peso. Después de conducirlo, me he quedado con una pregunta incómoda: ¿cuánto estamos sacrificando para conseguir la etiqueta 0?
El nuevo BMW M5 Touring pesa más de 2.500 kg. Cuando apareció la cifra por primera vez pensé que tenía que haber algún error. No porque un familiar de lujo no pueda pesar eso. Hay SUV que superan ampliamente ese registro. El problema es que estamos hablando de un M5. Y un M5 siempre ha sido mucho más que una berlina muy rápida.

Durante cuatro décadas, el M5 ha representado una idea muy concreta. La de coger una berlina ejecutiva relativamente discreta y convertirla en algo capaz de poner en aprietos a deportivos mucho más exóticos. Pero también la de conseguir que te olvidases de que estabas conduciendo una berlina. Esa siempre fue su magia.
Por eso, cuando BMW anunció que la nueva generación superaría las dos toneladas y media, la pregunta era inevitable: ¿puede existir un deportivo de 2.500 kg?
Después de pasar varios días con él creo que BMW ha estado más cerca que nadie de conseguirlo. Y también creo que no lo ha conseguido del todo.
Lo curioso es que la respuesta no está donde esperaba. No está en las prestaciones. La combinación entre el V8 biturbo y el sistema híbrido enchufable genera una sensación de empuje prácticamente inagotable. Tampoco está en los consumos, que me parecieron sorprendentemente razonables para un coche de 727 CV, con medias de 10,6 l/100 km con la batería cargada y 13,8 l/100 km una vez agotada.

Ni siquiera está en el comportamiento dinámico. El trabajo que ha hecho BMW para intentar que olvides cuánto pesa es extraordinario. El coche gira mejor de lo que debería, los frenos carbocerámicos parecen inagotables y la capacidad de tracción es sencillamente espectacular.
El problema apareció cuando dejé de preguntarme si el M5 podía ir rápido y empecé a preguntarme si me apetecía conducirlo rápido. Porque son cosas completamente distintas.
En muchos momentos se siente como ver a un luchador de sumo ganar los 100 metros lisos. Es imposible no admirarlo. El problema es que tampoco puedes evitar pensar en lo que ocurriría si se tropezase.
Y creo que ahí nace gran parte de la sensación que transmite este coche. No porque parezca torpe o inseguro, sino porque nunca terminas de olvidar la cantidad de masa que llevas moviéndose a semejante velocidad. Sabes que BMW ha hecho un trabajo extraordinario para esconderla, pero también sabes que un error de cálculo, una frenada mal medida o una curva que se cierra más de lo esperado tienen consecuencias muy distintas cuando el coche pesa prácticamente lo mismo que una Ford Ranger Raptor.

Cuanto más aumentaba el ritmo, más admiraba el trabajo de BMW. Sin embargo, mis ganas de seguir buscando el límite no crecían al mismo tiempo. Nunca terminaba de pedirme una curva más. Nunca me invitaba a frenar un poco más tarde o a quedarme unos minutos más al volante. Lo que sentía era una especie de admiración constante hacia el trabajo de BMW. El coche me impresionaba cada vez que aumentaba el ritmo, pero nunca conseguía despertar las mismas ganas de seguir conduciendo que otros deportivos mucho menos sofisticados.
Y creo que ahí está exactamente el límite que BMW no ha conseguido superar.

La física sigue ahí. La notas en algunas compresiones fuertes, en ciertos cambios rápidos de apoyo y, sobre todo, en la sensación de que hace falta una enorme cantidad de todo para conseguir el resultado final. Ruedas y frenos enormes, dirección a las cuatro ruedas, suspensión adaptativa, diferencial activo, tracción total configurable y un sofisticado sistema híbrido trabajan constantemente para contrarrestar unas inercias que siguen existiendo aunque apenas aparezcan en los cronómetros.
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Y por eso terminé pensando en el Audi RS 6. No porque sea mejor coche, probablemente no lo sea. Tampoco porque sea más rápido o más eficaz. Pensaba en él porque sigue transmitiéndome algo que este M5 no ha conseguido. Las ganas de buscar cualquier excusa para seguir conduciendo, aunque no tengas ningún sitio al que ir.

Quizá por eso la conclusión que me llevo de este BMW es tan contradictoria. Me parece una auténtica hazaña de ingeniería. Probablemente el familiar deportivo más impresionante que he conducido nunca. Pero también me ha hecho constatar que estamos llegando a un punto en el que los ingenieros pueden esconder el peso, pero no todas las consecuencias que trae consigo.
Galería
Aquí te dejamos una galería de fotos de nuestra prueba del nuevo BMW M5 Touring
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