Disfruta el cambio de coche
El BYD Dolphin G DM-i es el único utilitario híbrido enchufable del mercado. Ofrece hasta 105 kilómetros de autonomía eléctrica, un enorme maletero de 425 litros y un precio desde 18.700 euros, aunque su suspensión firme y una ergonomía mejorable son el peaje a pagar por una propuesta difícil de igualar.
El BYD Dolphin G DM-i llega con una propuesta prácticamente única en el mercado europeo. Es el único turismo urbano del segmento B con tecnología híbrida enchufable y, además, lo hace con unos precios que lo convierten en una alternativa real tanto a los híbridos convencionales como a muchos modelos de gasolina.

Su principal atractivo es la capacidad de funcionar como un coche eléctrico durante gran parte del tiempo. Las versiones superiores homologan hasta 105 kilómetros de autonomía eléctrica, una cifra que permite cubrir los desplazamientos diarios de muchos conductores sin consumir combustible y que está entre las más altas de cualquier híbrido enchufable a la venta.
Un híbrido enchufable sin rivales directos
La gran baza del Dolphin G DM-i es que no tiene competencia directa. Mientras la mayoría de híbridos enchufables pertenecen a segmentos superiores y tienen precios considerablemente más altos, BYD ha conseguido llevar esta tecnología a un utilitario.
Además, lo acompaña con una practicidad poco habitual. Sus 425 litros de maletero superan incluso a algunos compactos de categorías superiores. Buena parte del mérito está en la ubicación de la batería, situada bajo los asientos y no bajo el piso del maletero, como ocurre en muchos híbridos enchufables.

La contrapartida es que la posición de conducción queda algo más elevada de lo habitual y obliga a viajar con las piernas ligeramente flexionadas. En las plazas traseras ocurre algo parecido: el espacio es correcto para el segmento, aunque la altura libre al techo resulta algo más justa de lo esperado. Dos adultos pueden viajar sin problemas, pero no es de los modelos más amplios de la categoría.
Esa posición elevada tiene también una ventaja. El acceso al habitáculo resulta especialmente cómodo, algo que se agradece en un coche pensado principalmente para moverse por ciudad y realizar trayectos cortos o recados diarios.
Tecnología de segmento superior
El habitáculo también deja algunos argumentos interesantes. La pantalla central de 12,8 pulgadas de las versiones superiores destaca tanto por tamaño como por funcionamiento, con una interfaz rápida, gráficos cuidados e integración de servicios de Google más propia de modelos de categorías superiores. A ello se suma una cámara de visión 360 grados con una calidad de imagen poco habitual en este segmento, uno de esos elementos que facilitan mucho las maniobras en ciudad y que suelen encontrarse en coches bastante más caros.
La calidad percibida está en línea con lo que se espera en este segmento y por este precio. Predominan los plásticos duros, aunque la presentación resulta agradable y transmite mejor impresión de la que cabría esperar. Lo menos convincente es la gran moldura en negro piano que atraviesa todo el salpicadero, un material tan vistoso en el concesionario como poco práctico en el día a día por su facilidad para acumular huellas y arañazos.
Más europeo al volante, pero no perfecto
La mayor sorpresa aparece al ponerse en marcha. BYD parece haber tomado nota de una de las críticas más habituales a muchos coches chinos y ha apostado por una dirección notablemente más firme que la de otros modelos de la marca. Han intentado paliar la habitual falta de tacto e información que transmiten algunos modelos chinos y, aunque sigue sin ser especialmente comunicativa, sí consigue aportar una sensación de mayor precisión y confianza al conductor.
La suspensión también apuesta por una puesta a punto más europea, con un buen control de los movimientos de la carrocería y una sensación de aplomo superior a la esperada. Sin embargo, también deja ver uno de los principales puntos débiles del coche. Incluso sobre el buen asfalto alemán de esta primera toma de contacto ya se percibe cierta sequedad de funcionamiento y una tendencia a transmitir las irregularidades del firme al habitáculo. Será interesante comprobar cómo se comporta en carreteras españolas, donde el nivel de exigencia será notablemente mayor.

El sistema híbrido, por su parte, está claramente orientado a la eficiencia. Durante la prueba registró consumos de entre 4,0 y 4,4 l/100 km sin necesidad de conducir pensando en ahorrar combustible. La respuesta inicial es contundente gracias al empuje del motor eléctrico, pero cuando se demanda una aceleración fuerte no siempre se perciben los 212 CV con la inmediatez que cabría esperar. La gestión prioriza la eficiencia y el motor de gasolina tarda algunos instantes en entrar en acción.
No es un coche especialmente refinado ni divertido de conducir, pero sí transmite más confianza de la que cabría esperar por precio.
Los mejores híbridos enchufables
Tiene todo para convertirse en un superventas
La versión Active, equipada con una batería más pequeña y 40 kilómetros de autonomía eléctrica, arranca en torno a los 18.700 euros tras promociones y ayudas. Para acceder a la batería de mayor capacidad y los 105 kilómetros de autonomía homologada hay que dar el salto al acabado Boost, que parte desde unos 22.850 euros.

Puede que no sea el utilitario más refinado del mercado y todavía hay aspectos por pulir, especialmente en confort de marcha. Sin embargo, resulta difícil encontrar otro coche que combine semejante autonomía eléctrica, un maletero de 425 litros y un precio tan competitivo. Precisamente por eso, el BYD Dolphin G DM-i tiene argumentos de sobra para convertirse en uno de los lanzamientos más importantes del año y en uno de los híbridos enchufables más vendidos de España.
Galería
Aquí te dejamos una galería de fotos de nuestra prueba del nuevo Dolphin










