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2.200 CV, 450 kilos menos que su predecesor y una tecnología de seguridad que Ford desarrolló junto a la NHRA. Esto es lo que hay detrás del récord
Hay momentos en la competición en los que todos los cálculos, todos los meses de ingeniería y todas las revisiones técnicas se comprimen en unos pocos segundos. Para el equipo de Ford Racing, ese momento llegó en el circuito zMAX Dragway de Charlotte, en los NHRA 4-Wide Nationals.

El Ford Racing Mustang Cobra Jet 2200 cruzó la línea de meta con un tiempo oficial de 6,76 segundos y una velocidad máxima de 357 kilómetros por hora en el cuarto de milla. Con esas cifras, el Cobra Jet 2200 se convierte oficialmente en el coche eléctrico más rápido y veloz del mundo en esa distancia. Pero detrás de ese titular hay una historia de ingeniería que merece contarse con detalle.
Una evolución de tres generaciones
El Cobra Jet 2200 no nació de la nada. Ford Racing lleva varios años desarrollando una progresión de prototipos eléctricos de drag racing que ha ido resolviendo los problemas en el orden correcto. El primero fue el Cobra Jet 1400. Después llegó el Super Cobra Jet 1800. Cada programa aportó conocimiento sobre entrega de potencia, rendimiento de baterías, calibración y tracción.
El 2200 es el siguiente paso en esa evolución, y los números hablan por sí solos: es unos 450 kilogramos más ligero que el Super Cobra Jet 1800, que a su vez era otros 450 kilogramos más ligero que el 1400. Casi una tonelada de reducción de peso entre la primera y la tercera generación, manteniendo al mismo tiempo una potencia en continuo crecimiento.

Tres pilares de ingeniería que hacen posible el récord
El equipo de Ford Racing identifica tres avances técnicos concretos que explican el rendimiento del Cobra Jet 2200. El primero es la reducción de peso. El coche lleva dos motores eléctricos de 1.200 CV cada uno, un chasis tubular a medida y una carrocería de fibra de carbono.
Hasta el vinilado exterior está pensado desde esa perspectiva: el diseño estilo NASCAR utilizado pesa unos 9 kilogramos menos que un vinilo estándar. Cada gramo cuenta cuando el objetivo es pulverizar el crono en el cuarto de milla.
El segundo pilar es el tren motriz. Entregar 2.200 CV a las ruedas con un par de 1.816 Nm disponible de forma instantánea plantea un problema que va más allá de la potencia bruta: ¿cómo consigues que el neumático y la pista acepten esa energía sin que el coche pierda el control? La respuesta de Ford es el embrague centrífugo de acción inversa, denominado RACC y patentado por la marca, combinado con una transmisión de cinco velocidades sin embrague.
El sistema permite al coche salir en tracción directa y deslizar durante los cambios para evitar que las ruedas patinen, manteniendo el control durante toda la carrera. Mientras la mayoría de los eléctricos de competición trabajan con una o dos marchas, el Cobra Jet 2200 utiliza cinco para maximizar el par en rueda en cada momento de la pasada.
El tercer pilar es la seguridad. En un vehículo de alto voltaje que opera a este nivel de exigencia, la protección no puede ser un añadido posterior. Ford integró un sistema de pyrofuse, un interruptor pirotécnico que aísla el sistema de alto voltaje cuando es necesario rompiendo físicamente el circuito mediante una pequeña detonación.

Es más ligero y más rápido que los fusibles térmicos convencionales, y el equipo de Ford colaboró directamente con la NHRA para desarrollar un sistema de bucle de corte que permite a los equipos de emergencia activar el pyrofuse desde el exterior del vehículo.
Lo que Charlotte demostró y lo que viene después
Para Nick Kuhajda, supervisor del programa de demostradores de Ford Racing y firmante de este texto, Charlotte fue simultáneamente una culminación y un punto de partida. Los resultados oficiales confirman que el concepto funciona en condiciones reales, algo que ningún laboratorio puede certificar. Pero cada pasada también genera datos, y esos datos apuntan hacia los próximos objetivos.
En Carwow lo que nos parece más relevante de este proyecto no es solo el récord en sí, sino lo que representa para Ford Racing como laboratorio tecnológico. La competición ha sido históricamente el entorno donde las marcas resuelven problemas reales con consecuencias reales, sin posibilidad de esconderse tras la teoría.

Lo que aprende Ford con el Cobra Jet 2200 sobre gestión de potencia, reducción de peso y seguridad en sistemas de alto voltaje tiene una dirección clara: los productos que llegarán a los clientes en el futuro. Ciento veinticinco años después de su fundación, Ford Racing sigue usando las carreras exactamente para eso.
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