No se vende en España, consume más de 20 litros, te hace sentir como el malo de una película y por todo esto queremos uno tras haberlo probado

David Díez
Periodista de actualidad del motor y guías de compra
24 de abril de 2026

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Este SUV americano de casi seis metros y 680 CV no se vende en España, consume más de 20 litros y desafía toda lógica… pero después de conducirlo, es imposible no quererlo

Hay coches que intentan encajar y pasar desapercibidos, y luego están los que directamente ignoran cualquier tipo de norma social o estética. Este es claramente de los segundos. Con casi 5,70 metros de largo, cerca de tres toneladas de peso y un V8 que ruge al arrancar como si quisiera despertar a todo el barrio, este coche es tan sutil como lanzar fuegos artificiales en el salón de casa.

En España y en Europa en general, algo así no pasa desapercibido: provoca miradas de desaprobación, cejas levantadas y seguramente más de un debate sobre sostenibilidad. Y, sin embargo, o precisamente por eso, este SUV americano tiene algo que engancha. Porque da igual si te gusta o lo odias, lo que está claro es que no puedes ignorarlo.

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Una presencia descomunal

El Cadillac Escalade no es un coche al uso, es una auténtica declaración de intenciones. Es enorme, incluso dentro del segmento de los SUV grandes. Más que un coche, parece una fortaleza sobre ruedas que puede parecer desde el más malvado de los villanos, un presidente de gobierno o un rapero de talla mundial yendo con toda su “crew”.

En las calles europeas se siente completamente fuera de lugar, como si no hubiese sido diseñado pensando en parkings estrechos, centros urbanos o plazas de aparcamiento ajustadas. Para entenderlo mejor, es 67 centímetros más largo que una Volkswagen Multivan, lo que ya dice mucho.

Exceso como filosofía

Y precisamente ahí está gran parte de su atractivo. Tiene una presencia que muy pocos coches pueden igualar, algo así como el equivalente automovilístico a Las Vegas: exagerado, llamativo y sin el más mínimo interés por pasar desapercibido.

Cuando arrancas, el V8 suena tan brutal que convierte cualquier calle tranquila en un pequeño espectáculo. Es un sonido que puede ponerte la piel de gallina y, al mismo tiempo, hacer que todo el mundo a tu alrededor te mire con cierto juicio. En el fondo, quien conduce un Escalade sabe perfectamente que está siendo observado, y probablemente eso forma parte de la gracia.

Lujo al estilo americano

Durante años se ha dicho que los coches europeos destacan por su calidad y los americanos por el espectáculo, pero este Cadillac demuestra que esa diferencia ya no es tan clara. El interior sorprende por su nivel de acabado, que aunque no es perfecto —todavía hay algunos plásticos duros— sí está más cerca de lo que ofrecen marcas como Audi de lo que muchos esperarían.

Eso sí, hay algo que no cambia y es el enfoque americano del espacio: aquí todo es exageradamente grande y abundante, desde los portavasos hasta los huecos de almacenamiento, incluyendo incluso un compartimento de nevera.

Todo a lo grande por dentro

Además, cuenta con una estribera eléctrica que se despliega para facilitar el acceso, algo casi necesario teniendo en cuenta la altura del coche, porque subirse a él se parece más a entrar en un pequeño edificio que en un SUV convencional.

El sistema de infoentretenimiento también llama la atención, con una enorme pantalla que recorre el salpicadero y múltiples funciones. Parte del control se realiza mediante un mando giratorio que, aunque pueda parecer anticuado, en la práctica resulta bastante útil, aunque no todo es perfecto y algunos menús pueden resultar algo confusos.

Espacio sin rival en Europa

Si hay un apartado en el que este coche realmente destaca es en el espacio. Puede transportar a siete adultos con un nivel de comodidad poco habitual, incluso en la tercera fila, donde normalmente viajar es más bien un castigo en muchos SUV europeos. Aquí no: incluso los pasajeros de atrás pueden viajar sin sentirse encajonados.

El maletero también está a la altura, con más de 400 litros incluso con todas las plazas en uso, y cerca de 2.000 litros si se abaten los asientos, lo que lo acerca más a un monovolumen de lujo que a un SUV tradicional. Porque no cabe dentro del tamaño de los SUV. Literalmente.

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Un V8 que desafía la lógica actual

Mientras la industria apuesta por motores más pequeños o directamente eléctricos, este coche va en dirección contraria. Bajo el capó hay un V8 de 6,2 litros con 680 CV y más de 800 Nm de par, un motor que además se ensambla a mano y lleva la firma del técnico responsable.

A pesar de su tamaño y peso, acelera de 0 a 100 km/h en 4,6 segundos, una cifra más propia de un compacto deportivo que de un mastodonte de este tamaño, con una velocidad máxima limitada a 200 km/h.

Más cómodo que ágil

En marcha, el Escalade sorprende por su confort gracias a sistemas como la suspensión Magnetic Ride Control, que ajusta continuamente la amortiguación. Sin embargo, no intenta disimular lo que es: en curvas se siente pesado, con cierta inclinación de la carrocería y un comportamiento más cercano al de un pickup americano que al de un SUV europeo.  Las frenadas tampoco transmiten toda la confianza que cabría esperar, con un tacto algo blando.

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El consumo, como es lógico, está a la altura de su tamaño y potencia. En uso real supera con facilidad los 20 litros cada 100 kilómetros, y aunque cuenta con sistemas de desactivación de cilindros, en la práctica no marcan una gran diferencia. A esto se suma que no se vende oficialmente en Europa, por lo que hay que recurrir a importadores, lo que eleva su precio hasta cifras cercanas a los 220.000 euros en España.

El encanto de lo excesivo

Objetivamente, el Cadillac Escalade no tiene mucho sentido en nuestro mercado: es demasiado grande, demasiado gastón y demasiado caro para lo que ofrece frente a alternativas europeas. Pero, aun así, tiene algo que engancha.

El sonido del V8, la aceleración, la sensación de ir al volante de algo completamente desmesurado… todo ello crea una experiencia difícil de igualar. No es un coche para todo el mundo, pero precisamente por eso resulta tan atractivo: porque hay quien no busca ser racional, sino simplemente conducir algo absolutamente exagerado.


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