Disfruta el cambio de coche
Ferrari sabía perfectamente que su primer eléctrico iba a generar rechazo. Y quizá por eso el nuevo Luce resulta tan inquietante: no parece un Ferrari intentando adaptarse a la electrificación, sino una marca intentando redefinir por completo lo que significa ser Ferrari. Un coche menos obsesionado con la pasión y más centrado en el lujo silencioso, el diseño tecnológico y el estatus social. El problema no es que sea eléctrico. El problema es que parece diseñado para gente a la que nunca le gustaron demasiado los Ferrari.
El problema no es que Ferrari haga un eléctrico. El problema es que parece cualquier cosa menos un Ferrari
Internet se ha puesto de acuerdo en algo prácticamente imposible: el nuevo Ferrari Luce ha generado un rechazo casi unánime. Y eso ya es bastante revelador. Porque Ferrari podrá haber hecho coches más o menos discutibles a lo largo de su historia, pero rara vez había presentado algo que pareciese tan desconectado de lo que la gente entiende emocionalmente por un Ferrari.
No hablo de prestaciones ni de tecnología. Ferrari no sabe hacer coches mediocres y probablemente este Luce tendrá una sofisticación dinámica espectacular, teniendo en cuenta su peso de más de 2,2 toneladas. El problema es otro. Lo miras y no transmite lo que tradicionalmente transmitía un Ferrari. No parece rápido, agresivo, teatral o especialmente italiano. Parece otra cosa. Y creo que esa es precisamente la intención.

Ferrari ha diseñado un objeto tecnológico de lujo, no un coche pasional
Que el proyecto haya contado con Jony Ive, el diseñador del iPhone, no es casualidad. Se nota muchísimo en la forma de entender el coche. El Luce tiene esa obsesión por las superficies limpias, el minimalismo elegante y el diseño de producto tecnológico que Apple lleva perfeccionando desde hace casi veinte años.
El problema es que esa filosofía funciona perfectamente en un teléfono o en un portátil, pero Ferrari construyó su identidad alrededor de justo lo contrario: teatralidad, dramatismo visual y cierta sensación de exceso mecánico. Los grandes Ferrari nunca fueron discretos ni racionales. Eran máquinas emocionales, incluso absurdas a veces. Y precisamente por eso resultaban especiales.

El Luce, en cambio, transmite una frialdad distinta. Parece diseñado más para encajar delante de una oficina minimalista en Silicon Valley que para acabar aparcado atravesado a la salida de un puerto de montaña oliendo a frenos.
Lo realmente inquietante es que Ferrari probablemente sabía perfectamente que esto iba a pasar
Quizá el error es pensar que Ferrari ha intentado hacer un Ferrari eléctrico. Porque cuanto más miras el Luce, más parece exactamente lo contrario: un coche diseñado para empezar a desvincular la marca de todo aquello que históricamente significaba Ferrari. El motor, el ruido, la agresividad, incluso la propia idea de coche pasional. Dejar solo el símbolo. El logo. La validación social.
Porque Ferrari probablemente sabe que el ferrarista tradicional jamás va a abrazar un eléctrico aunque sea precioso y te hunda los ojos de la aceleración. Así que la jugada no consiste en convencerlo. Consiste en reemplazarlo poco a poco. Y ahí es donde el Luce empieza a tener muchísimo más sentido.

Da la sensación de que Ferrari busca vender algo mucho más contemporáneo: sofisticación tecnológica, validación social y éxito silencioso. El Luce parece dirigido a un cliente que probablemente considera un SF90 demasiado ostentoso y un Lamborghini directamente vulgar. Gente criada entre productos Apple, arquitectura minimalista y marcas de lujo silencioso como Loro Piana, Hermès o Brunello Cucinelli. Gente que pone mala cara y se tapa los oídos viendo pasar un Ferrari acelerando fuerte por la calle.
Eso explica muchas cosas de este Ferrari. Explica por qué el interior parece más importante que la carrocería, por qué el diseño evita cualquier exceso y por qué el coche parece pensado para no incomodar visualmente a nadie.
La electrificación está provocando una crisis de identidad brutal en las marcas pasionales
Y Ferrari simplemente es el ejemplo más extremo. Porque electrificar un coche no consiste únicamente en cambiar un motor por baterías. Hay marcas cuya identidad entera giraba alrededor de cosas que desaparecen con un eléctrico: el sonido, las vibraciones, la sensación mecánica, la ligereza o incluso cierta percepción de peligro.

Por eso Mercedes-AMG anda simulando cambios y falsos V8. Por eso Jaguar parece perdida intentando redefinirse. Por eso incluso Porsche sigue teniendo que justificar el Taycan frente a un 911 con cronos en Nürburgring.
La diferencia es que Ferrari tenía muchísimo más que perder que nadie. Y quizá por eso el Luce resulta tan revelador. Porque da la sensación de que Ferrari ha asumido algo durísimo: que el Ferrari que convirtió la marca en leyenda probablemente ya no tiene encaje en el mundo hacia el que va la industria.
- Jaguar Type 01
- Mercedes AMG GT EV
Lo más desconcertante es que puede que este coche no sea un error en absoluto. Puede que sea exactamente el futuro que Ferrari quiere construir.
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