Por qué tu coche consume más de lo que pone en la ficha técnica y cómo solucionarlo sin ir al mecánico
23 de agosto de 2026 de David Díez
Hay dos formas de gastar menos en gasolina. La primera es conducir de forma más eficiente. La segunda, y la que menos gente aplica, es asegurarse de que el coche no está despilfarrando combustible por culpa de componentes que llevan más tiempo del recomendado sin revisarse.
Un coche bien mantenido puede consumir entre un 10 y un 15% menos que uno descuidado, según los datos de los propios fabricantes. Para quien hace 15.000 kilómetros al año con una media de 7 litros a 1,70 euros el litro, esa diferencia puede suponer más de 150 euros anuales. Sin cambiar la forma de conducir. Solo con el mantenimiento correcto.
Los filtros: el componente que más consumo añade cuando se olvida
El filtro de aire es el primero en la lista porque es el que más impacto tiene en el consumo y el que más se olvida en las revisiones. Su función es simple: garantizar que el motor recibe el aire limpio que necesita para mezclar correctamente con el combustible en la cámara de combustión. Cuando el filtro está obstruido, el motor aspira menos aire del necesario y compensa consumiendo más combustible para mantener la misma potencia. El resultado es un sobreconsumo que los fabricantes estiman en hasta un 10% en los casos más extremos.
El intervalo de sustitución habitual ronda los 15.000 o 20.000 kilómetros, pero en zonas urbanas con mucho tráfico o en entornos con polvo en suspensión ese plazo se acorta. El filtro de combustible y el de habitáculo son menos determinantes para el consumo, pero su estado sí afecta al rendimiento general del vehículo y a la calidad del aire interior, algo que en los meses de más polución tiene una incidencia directa en el confort de los ocupantes.
Las bujías: cuando la combustión no es completa, el combustible no se aprovecha del todo
Las bujías producen la chispa que inicia la combustión en cada cilindro. Cuando se desgastan, la chispa es menos intensa y la combustión incompleta: parte del combustible inyectado no se quema completamente y se expulsa sin haber generado energía. El motor necesita compensar esa pérdida de eficiencia, y lo hace consumiendo más. Una bujía en mal estado puede aumentar el consumo entre un 5 y un 8% en el cilindro al que corresponde.
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El intervalo de sustitución varía según el tipo: las bujías convencionales suelen cambiar entre los 30.000 y los 60.000 kilómetros, mientras que las de iridio o platino pueden durar hasta 100.000. La señal más clara de que las bujías necesitan atención es un tirones al arrancar en frío, una ralentí inestable o un aumento perceptible del consumo sin cambio de hábitos de conducción.
Los neumáticos: cada bar de presión que falta tiene un coste real
La presión de los neumáticos es el factor de mantenimiento más fácil de controlar y, paradójicamente, el que más conductores ignoran entre revisiones. Un neumático con menos presión de la recomendada tiene una mayor superficie de contacto con el asfalto, lo que aumenta la resistencia al rodamiento. El motor tiene que trabajar más para mover el coche a la misma velocidad y el consumo sube. La diferencia entre un neumático bien inflado y uno con 0,5 bares menos puede suponer hasta un 3% más de consumo, según las estimaciones de los principales fabricantes de neumáticos.
La presión recomendada está en la pegatina del pilar de la puerta del conductor, no en el lateral del neumático, que indica la presión máxima y no la óptima de uso. Conviene revisarla una vez al mes y siempre con el neumático frío, antes de haber rodado más de dos kilómetros, porque el calor generado durante la conducción aumenta la presión y puede dar una lectura incorrecta.
La batería: el componente que pocos asocian al consumo de gasolina
La batería de arranque alimenta el motor de arranque y todos los sistemas eléctricos del coche mientras el motor no está en marcha. Cuando su estado de carga disminuye o su capacidad se degrada con el tiempo, el alternador tiene que trabajar más para mantenerla cargada durante la conducción. Y el alternador, que funciona acoplado al motor de gasolina, consume potencia mecánica para generar electricidad. Más carga sobre el alternador equivale a más carga sobre el motor, y más carga sobre el motor equivale a más consumo de combustible.
El síntoma más habitual de una batería que empieza a fallar es el arranque lento, especialmente en días fríos. Una batería de coche tiene una vida útil media de entre cuatro y seis años, aunque ese plazo varía según las condiciones de uso: los trayectos cortos frecuentes la desgastan más rápido porque no le dan tiempo a recargarse completamente.
Y para quien quiere ir más lejos sin cambiar el coche
Mantener estos cuatro componentes en buen estado es el punto de partida. El segundo paso es la conducción. Anticipar las frenadas para no gastar el impulso que ya se tiene, usar marchas largas a bajas revoluciones en ciudad, mantener una velocidad constante en autopista y evitar el ralentí prolongado son hábitos que, sumados a un mantenimiento correcto, pueden reducir el consumo total entre un 15 y un 20% respecto a una conducción descuidada.
No es necesario cambiar de coche para notar la diferencia en el surtidor. A veces solo hace falta prestar atención a lo que ya está en el garaje.
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