Disfruta el cambio de coche
Frente al AMG A 35, el BMW M135 e incluso el Audi RS 3, el Golf R Black Edition quiere ser el más completo. Tras una prueba a fondo, analizamos si lo logra… y a qué precio.
Me vienen a la cabeza aquellos Golf R32 de mediados de los 2000, con sus refinados —y gastones— V6 atmosféricos que sonaban a gloria, pero que dinámicamente ya iban justitos incluso para la época. Eran coches fáciles, sí, muy ruteros, pero también torpes y pesados de delante y con una tracción total que ayudaba… cuando llegaba. Veinte años después, este Golf R es otra historia.

Un deportivo total, no un purista de tramo
El Golf R no es tan purista ni tan afilado como un GTI Clubsport —hoy más pensado para el “quemado de tramo” o el que entra a tandas—, pero sí un coche deportivo con un enfoque más amplio: rápido, usable a diario y eficaz en prácticamente cualquier tipo de carretera y circunstancia. La diferencia es que en esta última generación, ese concepto de “coche total” ha dado un salto muy serio.

Black Edition: todo al negro
En esta versión Black Edition, el mensaje estético es clarísimo: todo va en negro. Llantas, logotipos, pinzas, escapes, faros. Es un coche agresivo, pero sin estridencias. No busca llamar la atención del que no sabe lo que está viendo. No vamos a decir que sea elegante —aunque el “todo negro” le haga no querer llamar la atención—, pero probablemente sea el acabado que mejor encaja con su carácter: rápido, serio y sin necesidad de alardear.
Configura tu Volkswagen Golf R
Tras unos 1.500 kilómetros a sus mandos, por todo tipo de carreteras, climatología y usos, la sensación general es muy clara: este Golf R es casi un RS 6 a escala. Al igual que ocurre en el Audi, destaca por la facilidad con la que te permite extraer todos y cada uno de sus 333 caballos y 420 Nm de par. Es tan sencillo ir realmente rápido con él que, desde el puesto de conducción, incluso puede dar la sensación de que no corre tanto. Una percepción que, curiosamente, nunca comparte el copiloto.

Torque vectoring: el gran salto generacional
Buena parte de la culpa la tiene el pack R-Performance, que en esta Black Edition va de serie. La tracción total con función de torque vectoring marca un antes y un después respecto a los Golf R de generaciones anteriores. Ahora sí hay un chasis equilibrado, una dirección que transmite mucha confianza desde el primer giro de volante y un aplomo en apoyos largos —especialmente a alta velocidad— que invita a ir cada vez un poco más rápido sin sensación de riesgo. Es un coche que no se descompone, no se pone nervioso y no te castiga por ser ambicioso con el gas.
Eso sí, conviene tener claro qué es… y qué no es. No es el Golf más afilado entrando en curva ni el más ágil en cambios rápidos de apoyo; para eso sigue estando el GTI Clubsport. El Golf R prioriza la eficacia y la estabilidad frente al nervio. A cambio, resulta mucho más satisfactorio de conducir que los Golf R de antaño, precisamente porque ahora todo trabaja con un equilibrio mucho más natural.

Suspensión firme y neumáticos muy serios
La suspensión puede generar debate. Es un coche claramente firme, poco “Touring”, hasta el punto de que se solapa bastante con el GTI Clubsport en cuanto a dureza, incluso en los modos más confortables. Es el precio a pagar por un control de carrocería excelente y por poder gestionar sin dramas el agarre brutal de unos Bridgestone Potenza Race, que son de los semislick más ruteros que se pueden montar, pero semislick al fin y al cabo.
Los frenos cumplen, pero aquí sí hay margen de mejora. No tanto por resistencia a la fatiga —no es un coche con vocación hardcore— como por precisión y mordida inicial. El tacto del pedal podría ser más incisivo. En este sentido, el equipo M Sport Pro de un BMW M135 juega en otra liga.

Frente a sus rivales directos
Y ya que hablamos de rivales, el Golf R sale muy bien parado. Frente a un Mercedes-AMG A 35 o un BMW M135, me parece el más completo y el más gratificante de conducir. Tiene más matices, más equilibrio y, en general, resulta más entretenido al límite. Y, paradójicamente, incluso en esta versión Black Edition, es el más barato de los tres, con un precio de partida de 60.800 euros sin descuentos.
Incluso comparado con un Audi RS 3, el Golf R me convence más como conjunto. Echo de menos, claro, la personalidad y el empuje brutal del cinco cilindros y la opción de frenos carbocerámicos, pero en comportamiento general y, sobre todo, en el feedback de la dirección, me quedo con el Volkswagen. Es un coche que comunica mejor lo que está pasando bajo las ruedas y obliga a intuir menos.

El precio: ¿nos hemos vuelto locos?
La gran pregunta llega con el precio. ¿Nos hemos vuelto un poco locos para que un Golf cueste más de 60.000 euros? Probablemente sí. Pero también conviene poner las cosas en contexto. El siguiente escalón natural —un RS 3 o un BMW M2— ya se mueve entre los 85.000 y casi 100.000 euros. Y este Golf R acelera de 0 a 100 km/h en 4,6 segundos, alcanza los 270 km/h y, según nuestras pruebas en Carwow, cubre el cuarto de milla en 12,9 segundos. Prácticamente igual de rápido que unicornios como el Porsche 993 Turbo.
Así que quizá no sea solo que el Golf se haya encarecido. Quizá lo que ha cambiado es el mundo. Y este Golf R Black Edition es, simplemente, una de las interpretaciones más coherentes y mejor hechas de lo que hoy significa un coche deportivo utilizable para todo.
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