Imaginamos cómo sería hoy el Pegaso Z-102: el deportivo español que nació para desafiar a Ferrari

David Díez
Periodista de actualidad del motor y guías de compra
13 de mayo de 2026

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El legendario deportivo español renace en esta reinterpretación moderna con diseño firmado por Pininfarina, plataforma Mercedes-AMG SL y un V8 híbrido de más de 800 CV.

Hubo un tiempo en el que España no solo fabricaba deportivos, sino que construía algunos de los coches más sofisticados, rápidos y avanzados del planeta. Mientras Ferrari comenzaba a forjar su leyenda en competición y marcas como Maserati o Jaguar dominaban el imaginario europeo del automóvil de altas prestaciones, una pequeña firma española nacida bajo el paraguas de ENASA se atrevía a competir cara a cara con ellas desde el terreno más difícil: la ingeniería. Aquella marca era Pegaso y su gran obra fue el Z-102, un coche tan ambicioso que todavía hoy sigue siendo considerado uno de los deportivos más extraordinarios jamás fabricados en España.

Presentado en 1951, el Pegaso Z-102 no era simplemente un gran turismo elegante ni una rareza artesanal creada para exhibiciones internacionales. Era un automóvil revolucionario desde el punto de vista técnico. Diseñado bajo la dirección de Wifredo Ricart —ingeniero español que había trabajado en Alfa Romeo antes de la Segunda Guerra Mundial—, el Z-102 incorporaba soluciones impropias de la época: chasis avanzado, suspensión independiente, caja de cambios transaxle situada en el eje trasero y motores V8 de aleación ligera con hasta cuatro árboles de levas. Mientras muchos fabricantes seguían construyendo deportivos relativamente simples, Pegaso desarrollaba una máquina con tecnología casi experimental. Sin embargo, la complejidad técnica y los enormes costes de desarrollo terminaron haciendo inviable el proyecto.

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Pero, ¿y si Pegaso nunca hubiera desaparecido? ¿Y si aquel espíritu innovador hubiese evolucionado hasta nuestros días? El resultado probablemente sería algo muy parecido a este nuevo Pegaso Z-102 reinterpretado para 2026: un gran turismo de lujo, elegante y sofisticado, que combinaría la tradición artesanal europea con tecnología alemana de última generación.

Un diseño clásico reinterpretado para el siglo XXI

La reinterpretación moderna del Pegaso Z-102 mantendría intacta la filosofía visual del original. Frente a la agresividad extrema de muchos superdeportivos actuales, el nuevo modelo apostaría por proporciones clásicas y superficies limpias, recuperando esa elegancia atemporal que caracterizaba al coche de los años 50. El larguísimo capó delantero, la cabina retrasada, las formas suaves de las aletas y la cintura musculosa seguirían definiendo su silueta, aunque reinterpretadas con una ejecución mucho más moderna y refinada.

El frontal conservaría algunos guiños muy evidentes al modelo histórico, especialmente en la parrilla ovalada y en el tratamiento de los faros delanteros, ahora más estilizados y tecnológicos pero integrados con discreción en la carrocería. En la parte trasera, los pilotos verticales ligeramente incrustados en las aletas recuperarían uno de los elementos más distintivos de este restomod imaginario, aportando personalidad sin caer en excesos retro.

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Y detrás de esa reinterpretación habría un nombre fundamental: Pininfarina. El Pegaso original fue carrozado por auténticas leyendas europeas como Touring Superleggera, Saoutchik o Serra, mezclando ingeniería española con diseño italiano y francés de una manera casi irrepetible. En pleno siglo XXI, la elección lógica para reinterpretar aquel legado sería Pininfarina, uno de los últimos grandes estudios capaces de combinar tradición, elegancia y modernidad con naturalidad.

Una base Mercedes-AMG para hacerlo viable

Si Pegaso regresase hoy, desarrollar una plataforma completamente propia sería cuanto menos difícil desde el punto de vista económico. Incluso fabricantes históricos dependen actualmente de alianzas tecnológicas para sobrevivir. Por eso, la opción más realista para un hipotético nuevo Z-102 sería apoyarse en Mercedes-AMG y utilizar la arquitectura del actual Mercedes SL como punto de partida.

La plataforma modular de aluminio del SL encajaría perfectamente con la filosofía del nuevo Pegaso. No solo por rigidez estructural y comportamiento dinámico, sino porque también permitiría integrar sistemas híbridos de altas prestaciones, suspensión activa y todas las tecnologías necesarias para cumplir con normativas actuales sin perder refinamiento.

Qué heredaría del Mercedes-AMG SL

  • Plataforma modular de aluminio AMG
  • Tecnología híbrida enchufable
  • Suspensión adaptativa activa
  • Arquitectura electrónica Mercedes-AMG

Sin embargo, visual y filosóficamente ambos coches serían muy distintos. Mientras el Mercedes-AMG SL apuesta por una imagen musculosa y tecnológica, el Pegaso buscaría una presencia mucho más elegante y emocional. Menos agresiva. Más clásica. Más cercana a la idea tradicional del gran turismo europeo.

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Del sofisticado V8 español al híbrido AMG contemporáneo

Uno de los elementos más fascinantes del Pegaso Z-102 original era su mecánica. En una época en la que muchos deportivos todavía utilizaban motores relativamente sencillos, Pegaso apostó por un V8 extremadamente avanzado para comienzos de los años 50. Fabricado en aleación ligera y disponible en cilindradas de 2.5, 2.8 y 3.2 litros, aquel motor podía montar uno o incluso dos compresores dependiendo de la versión.

Pero más allá de la potencia, lo realmente revolucionario era su arquitectura técnica. El motor utilizaba cuatro árboles de levas, cámaras de combustión sofisticadas y soluciones derivadas prácticamente de la competición. Wifredo Ricart quería construir el coche técnicamente más avanzado de Europa y, en muchos aspectos, lo consiguió. El nuevo Z-102 mantendría precisamente esa filosofía: utilizar una mecánica extremadamente sofisticada para su tiempo. Por eso la elección más lógica sería recurrir al conocido V8 biturbo híbrido de Mercedes-AMG. Hablamos del bloque 4.0 litros V8 asociado a un sistema híbrido enchufable derivado del AMG GT 63 S E Performance.

Pegaso Z-102 (2026)

  • Motor 4.0 V8 biturbo híbrido AMG
  • Potencia aproximada de 820 CV
  • Más de 1.000 Nm de par
  • 0-100 km/h en menos de 3 segundos
  • Velocidad punta cercana a 330 km/h

En este hipotético Pegaso, sin embargo, la puesta a punto sería distinta a la de un AMG convencional. El objetivo no sería ofrecer una experiencia brutal o exageradamente agresiva, sino una entrega de potencia refinada y progresiva, más acorde con el carácter de un gran turismo elegante.

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Un interior clásico sin caer en la nostalgia exagerada

El interior seguiría exactamente la misma filosofía que el exterior. En lugar de recurrir a enormes pantallas dominando el habitáculo o a soluciones visuales excesivamente futuristas, el nuevo Pegaso apostaría por una interpretación moderna del lujo clásico. Cuero marrón artesanal, aluminio cepillado y una instrumentación digital integrada discretamente dentro de relojes de inspiración analógica formarían el núcleo del diseño. La tecnología estaría presente, pero sin convertirse en protagonista. Una pequeña pantalla central integrada con elegancia permitiría controlar navegación y multimedia sin romper la armonía visual del salpicadero. También habría mandos físicos para climatización y funciones principales, algo cada vez más valorado incluso entre fabricantes premium actuales.

La sensación general sería la de estar dentro de un coche especial y atemporal, no en un dispositivo tecnológico con ruedas. En cierto modo, esa combinación entre tradición y modernidad resume perfectamente lo que siempre representó Pegaso: una marca adelantada a su tiempo, pero profundamente obsesionada con la ingeniería y la elegancia mecánica.

El deportivo español que nunca dejó de ser un mito

Probablemente Pegaso jamás volverá a fabricar un deportivo. Y quizá precisamente por eso el Z-102 sigue despertando tanta fascinación más de setenta años después. Porque representa una idea casi imposible: que una marca española, en plena posguerra, fuese capaz de construir uno de los automóviles más avanzados y exclusivos del mundo.

Si hoy regresara, probablemente no intentaría competir contra Ferrari en radicalidad ni contra Porsche en precisión absoluta. Su lugar estaría en otro sitio: el de los grandes turismos elegantes y sofisticados capaces de emocionar tanto por diseño como por ingeniería. Porque hay coches rápidos, y luego están los coches que hacen historia.


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