Honda Prelude: La historia del coupé japonés que dejó en evidencia a Porsche y Ferrari en una prueba en los 80 y que está de vuelta

17 de mayo de 2026 de

Hay coches que se recuerdan por sus números y hay coches que se recuerdan por lo que hacían sentir. El Honda Prelude pertenece claramente a la segunda categoría. Durante más de dos décadas y cinco generaciones, este coupé japonés fue el coche con el que Honda demostraba al mundo hasta dónde podía llegar su ingenio técnico. Dirección a las cuatro ruedas, suspensión derivada del NSX, tecnología VTEC, vectorización de par activo… el Prelude llegó antes que nadie a casi todo.

Y lo hizo con una carrocería que, en cada generación, era difícil de ignorar en el aparcamiento. En 2001 desapareció de los concesionarios sin demasiado ruido. Veinticinco años después, Honda ha decidido rescatar el nombre para una nueva era. Pero antes de hablar del presente, vale la pena recordar por qué el original sigue siendo un clásico que merece todo el respeto.

Los orígenes: un coupé que nació mirando al futuro

El primer Honda Prelude llegó en 1978, y ya desde el principio dejó claro que no iba a ser un coche convencional. Su base técnica era la del Honda Accord, del que tomaba la suspensión independiente y los frenos, pero su carrocería de coupé de líneas cuadradas y perfil bajo lo situaba en un territorio completamente diferente. El motor era un modesto 1.6 de 80 CV, pero el coche tenía algo que pocos de su época ofrecían de serie: un techo solar eléctrico. En 1978, eso era casi ciencia ficción en un coche de este precio.

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La segunda generación, llegada en 1982, fue la más vendida de toda la historia del modelo. Introdujo los faros escamoteables, ese detalle estético que en los ochenta separaba a los coches con carácter de los que simplemente llevaban gente de un sitio a otro, y amplió la gama de motores con un 2.0 litros que en su versión europea ofrecía 137 CV. El Prelude empezaba a definir su carácter: tecnología accesible con un punto de distinción que los rivales no tenían.

La tercera generación: el coche que inventó la dirección en las cuatro ruedas

Si hay una generación del Prelude que merece un capítulo aparte en los libros de historia del automóvil, es la tercera, presentada en 1987. Honda introdujo en ella el sistema 4WS, dirección a las cuatro ruedas, y lo hizo antes que cualquier otro fabricante de gran producción. Lo más llamativo es que el sistema era puramente mecánico, sin solenoides ni programación electrónica, lo que lo hacía más fiable y menos costoso que los sistemas que llegarían después de Mitsubishi y Mazda.

Las ruedas traseras giraban en el mismo o diferente sentido que las delanteras según el ángulo de volante, mejorando la maniobrabilidad en ciudad y la estabilidad a alta velocidad de una forma que los conductores de la época describían como mágica.

La revista Road & Track incluyó ese año al Prelude en una prueba de superdeportivos junto a un Corvette C4, un Porsche y varios Ferrari. El coupé japonés no ganó en velocidad punta, pero la precisión de su dirección y el equilibrio de su chasis dejaron a más de un redactor con la boca abierta. También estableció en esa generación varios récords de ingeniería: el capó más bajo al suelo de cualquier coche de producción de la época, gracias a inclinar el motor 18 grados, y los pilares más finos pero más resistentes del segmento, reforzados internamente con aluminio forjado. En 1987, el Wheels Magazine lo nombró Coche del Año.

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La cuarta generación: cuando llegó el VTEC y todo cambió

En 1992 llegó el Prelude de cuarta generación y con él uno de los ingredientes más importantes de la historia de Honda: el motor VTEC en un coche de calle accesible. La tecnología de distribución variable de válvulas de Honda permitía al motor comportarse de forma eficiente a bajas revoluciones y despertar de golpe al superar un determinado punto del cuentarrevoluciones, entregando una potencia que en la versión más alta llegaba a los 200 CV en Japón. En Europa se vendieron versiones de 133, 160 y 185 CV, todas ellas con ese carácter dual que hacía del Prelude un coche diferente según cómo se llevara.

El diseño rompió con todo lo anterior. Adiós a los faros escamoteables, adiós a las líneas de origami de las generaciones previas. El Prelude de cuarta generación adoptó formas redondeadas y un perfil más fluido que lo modernizaba visualmente sin perder un ápice de personalidad. En 1994, Honda lo eligió como Safety Car del Gran Premio de Japón de Fórmula 1, un guiño más que evidente a la filosofía técnica que siempre había rodeado al modelo.

La quinta y última generación: el más potente, pero también el del adiós

En 1996 llegó la quinta generación, la más grande y potente de todas. El motor quedó reducido a una única opción, el H22 de 2.2 litros VTEC con 195 CV, pero Honda compensó la falta de variedad mecánica con una innovación que entonces resultaba casi incomprensible para un coche de calle: el sistema ATTS, Active Torque Transfer System, disponible en la variante Type SH.

Se trataba de un sistema de vectorización de par activo que repartía la fuerza entre las ruedas delanteras según las condiciones de conducción, un concepto que Honda desarrollaría años después en el SH-AWD del Acura y que hoy encontramos en infinidad de coches deportivos premium. En su momento, la tecnología era tan compleja y cara que muy pocos compradores la eligieron, y el ATTS se convirtió en una rareza técnica fascinante que los coleccionistas persiguen hoy con especial interés.

La caída de ventas que ya había comenzado en la generación anterior se aceleró a finales de los noventa. El mercado pedía SUV y berlinas familiares, no coupés deportivos de dos puertas. En 2001, Honda cerró la línea de producción del Prelude sin hacer demasiado ruido. Un final discreto para un coche que nunca lo fue.

El Prelude en la cultura popular

El Honda Prelude nunca llegó a ser el protagonista de una gran película, pero estuvo a punto. El asesor técnico de la primera entrega de Fast & Furious reveló años después que el Prelude estuvo sobre la mesa como coche para uno de los personajes del equipo de Dom Toretto, aunque finalmente fue descartado. Lo que sí apareció, fugazmente, fue una cuarta generación en la escena de la dispersión tras la primera carrera callejera: cuatro segundos en pantalla, suficientes para que los fans más atentos lo identificaran.

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Fuera del cine, el Prelude fue durante los noventa uno de los referentes absolutos de las revistas de tuning japonés en Estados Unidos y Europa, y su presencia en varias entregas de Gran Turismo hizo que generaciones enteras lo desearan sin haberlo visto nunca en la calle.

Lo que vale hoy un Prelude clásico

El regreso del nombre Prelude con la sexta generación ha hecho exactamente lo que cabía esperar: despertar el interés por los originales y empujar los precios al alza. En el mercado español actual, un Prelude de quinta generación en buen estado de circulación puede encontrarse entre 4.000 y 8.000 euros, pero las unidades con motor H22 VTEC bien mantenidas, con libro de revisiones y componentes originales, superan con facilidad esa horquilla. Las versiones con el sistema 4WS en perfecto funcionamiento son especialmente codiciadas, dado el coste y la dificultad de reparación del sistema. El estado de originalidad es el factor que más mueve el precio: un Prelude modificado vale considerablemente menos que uno sin tocar. No es un clásico que se haya disparado todavía al nivel de un Civic Type R EK9 o un Integra DC2, pero la tendencia es clara y los que saben de estas cosas llevan tiempo diciendo que el Prelude está todavía barato para lo que es.

El regreso: mismo nombre, nueva era

Veinticinco años después, Honda ha decidido que el mundo necesita un nuevo Prelude. La sexta generación llegó a los concesionarios españoles en febrero de 2026 desde 49.500 euros, con un motor híbrido e:HEV de 2.0 litros y dos motores eléctricos que suman 184 CV. El chasis tiene raíces en el Civic Type R, con suspensión multibrazo trasera y amortiguadores adaptativos, y los frenos son Brembo con llantas de 19 pulgadas. El diseño recupera el perfil fastback bajo y elegante que siempre definió al Prelude, aunque ahora con un lenguaje de líneas más contemporáneo inspirado, según Honda, en los planeadores.

Es un coche diferente al original en casi todo, como no podía ser de otra manera. Pero el espíritu de llegar antes que nadie, de proponer algo técnicamente interesante cuando los demás se conforman con lo convencional, sigue ahí. Y eso, en el fondo, es exactamente lo que siempre fue el Honda Prelude.


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