Conducimos más de 1.500 km el BMW Serie 5 Touring: ¿es el “anti-SUV” premium definitivo?

David Díez
Content Editor
13 de febrero de 2026

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Tras cruzar media península y convivir más de 1.500 kilómetros con el nuevo 520d Touring, tengo dos certezas: el diésel tiene mucho sentido para viajar y este familiar es, probablemente, la mejor “oficina” rodante del momento. Eso sí, no todo es perfecto.

En las presentaciones internacionales solemos tener un primer contacto interesante, pero rara vez podemos probar un coche con el nivel de detalle que realmente nos gusta. Esta vez ha sido distinto. He tenido el nuevo BMW Serie 5 Touring para mí solo durante varios días, le he hecho 1.500 kilómetros de autopista, carreteras secundarias y ciudad, y puedo contar qué se siente cuando se pasa el “efecto novedad” y te quedas a solas con el coche.

El mercado empuja claramente hacia los SUV, pero después de esta maratón con una carrocería familiar clásica, la conclusión es sencilla: la física no engaña. Ir más cerca del suelo sigue siendo la mejor forma de viajar si te gusta conducir. Incluso aunque estés al volante de un coche familiar de más de cinco metros.

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Al volante: chasis de referencia

Nada más arrancar, lo primero que notas es el tacto general del coche. Y empiezo por el volante porque es el primer punto de contacto. En mi opinión, BMW apuesta por un aro grueso y muy mullido que transmite sensación de calidad al instante. Es cierto que no a todo el mundo le convence ese grosor —hay quien lo considera excesivo—, pero más allá de eso, la sensación al agarrarlo es suave y se te “olvida” si es algo más ancho de lo habitual.

En estos 1.500 km he pasado por todo tipo de asfaltos y la conclusión es clara: el Serie 5 Touring tiene uno de los mejores compromisos entre control y confort del segmento. Y eso no es casualidad, sino fruto de un chasis muy bien afinado.

¿Barquea? Esta pregunta hay que hacerla de otra manera: ¿barquea para el coche que es? La respuesta corta sería que en absoluto. Si nos ponemos más exquisitos, pues diríamos que sí, como cualquier familiar de esa longitud. Pero lo hace notablemente menos que un Clase E o un A6 equivalentes, y sobre todo lo hace de forma más controlada. En curva se mantiene por donde le guías sin inmutarse, con reacciones rápidas y precisas. Si lo comparamos con un M3 CS, pues… barquea y no tiene esa rigidez tan extrema —ni falta que le hace—, pero dentro de su categoría el equilibrio es sobresaliente. Si lo comparamos con un familiar similar. No. No barquea.

La suspensión absorbe muy bien las irregularidades, filtrando baches y juntas de dilatación con mucha solvencia, pero sin aislarte de lo que pasa bajo las ruedas. Ese es el gran mérito: combina comodidad en viajes largos con una sensación de control superior a la mayoría de sus rivales. Un Clase E puede ser ligeramente más cómodo en términos absolutos, pero sacrifica más precisión y dinamismo. Aquí el compromiso global está mejor resuelto.

Los pros y contras del 520d Touring

Sobre el motor 2.0 diésel microhíbrido, solo puedo definirlo con una palabra: eficiencia.

Al arrancar y en conducción urbana el coche se mueve con soltura. La asistencia eléctrica aporta ese pequeño empujón inicial que hace que todo resulte fluido en incorporaciones o maniobras donde necesitas respuesta inmediata pero no grandes cifras de potencia.

En autopista, la historia cambia ligeramente. Es un coche perfectamente capaz de mantener cruceros altos sin esfuerzo y con un refinamiento notable. De hecho, diré que está tan bien hecho y tiene tan buena pisada que empiezas a acelerar y tienes que mirar el velocímetro, puesto que a 120 km/h parece que estás “parado” y no te das cuenta de que llevas un ritmo alegre. Pero no busques un acelerón que te pegue al asiento: mueve más de 1.800 kilos y la potencia es la que es. Si le pides aceleraciones fulgurantes a alta velocidad, no las vas a encontrar. Se siente elástico y suficientemente solvente, pero le falta ese punch que aportaría un seis cilindros de BMW.

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BMW intenta compensarlo con la función BOOST desde la leva izquierda del volante, que libera durante unos segundos el máximo rendimiento disponible. Es útil en adelantamientos puntuales, pero no transforma la naturaleza del coche: ayuda, sí, pero no convierte al 520d en un misil.

En cualquier caso, sus rivales directos están en una situación muy similar, así que no supone una desventaja real dentro del segmento.

Y donde realmente se gana el perdón es en los consumos. Porque al mirar el ordenador de a bordo, las cifras hablan por sí solas:

  • Conducción tranquila: entre 5,5 y 6 l/100 km.
  • Ritmo alegre: difícil pasarlo de 7,2 l/100 km.

Para el tamaño, peso y nivel de prestaciones que ofrece, son cifras francamente buenas.

Vida a bordo: tecnología y materiales

El interior es muy llamativo a nivel visual. El techo panorámico y la iluminación ambiental crean una atmósfera muy conseguida, y la Interaction Bar —esa franja de cristal retroiluminada que cruza el salpicadero— aporta personalidad. Un detalle interesante: al activar los warning, la barra y los paneles de las puertas parpadean en rojo, reforzando la señal hacia el exterior.

Los asientos M merecen mención aparte. De primeras parecen firmes, incluso duros. No son el típico asiento blando que te abraza desde el minuto uno. Pero después de varios trayectos de 400 km seguidos, la espalda acaba agradeciendo ese planteamiento. Sujetan muy bien y, en modo Sport, las orejas laterales se ajustan automáticamente para aumentar la sujeción, algo que se nota cuando enlazas curvas. Eso sí: claro está que los asientos son comodísimos y que hay mucho espacio detrás. Pero si tienes niños pequeños, aunque sea un acabado precioso, los asientos de cuero blanco como los de esta prueba no serán tus mejores aliados. Aunque se limpian fácilmente.

En cuanto a acabados, el coche está muy bien rematado en las zonas visibles y de uso frecuente. Materiales agradables, ajustes sólidos y sensación premium desde que te sientas. Eso sí, en la parte baja de las puertas aparecen plásticos más rígidos que contrastan con el resto del habitáculo. No es grave, pero llama la atención.

Los modos de conducción, con botones planos en la consola central te obligan a desviar la mirada más de lo deseable. Y aunque el sistema multimedia funciona rápido y con buena lógica de menús, requiere un pequeño periodo de adaptación. BMW apuesta casi todo a lo táctil —incluido climatizador o antinieblas— y, aunque la respuesta es inmediata y el sistema va francamente bien, sigo echando de menos algunos botones físicos para funciones básicas y evitar mirar si hemos pulsado el botón correcto.

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Espacio y practicidad: enfoque familiar real

Con más de cinco metros de longitud, lo lógico es que sea amplio detrás. Y lo es. El tamaño está muy bien aprovechado para que los pasajeros de la segunda fila viajen con muchísimo espacio para las piernas y una postura cómoda. Se nota que BMW ha priorizado el confort de quienes van atrás, y eso se agradece en viajes largos.

En el uso familiar real también cumple. Los anclajes ISOFIX están bien accesibles y colocar una silla infantil no supone ningún drama. La altura al suelo es la de una ranchera, lo que implica agacharse más que en un SUV para subir o bajar a un niño, pero a cambio la postura de conducción y el comportamiento dinámico son claramente superiores.

En cuanto a su maletero, tiene 570 litros y una boca de carga amplia y muy práctica, pero visualmente parece algo más contenido de lo que esperas en un coche de este tamaño. De hecho, modelos como un Skoda Superb o un Octavia Combi, que son más cortos, ofrecen cifras similares o incluso superiores. Está claro que BMW ha preferido dar esos centímetros extra a los pasajeros antes que a las maletas. Y si no viajas muy cargado puede tener sentido.

Balance tras 1.500 kilómetros

Después de convivir con él durante varios días, la pregunta es clara: ¿me lo compraría?

Si mi día a día transcurre en autopista y hago muchos kilómetros al año, sí. La insonorización es excelente, el consumo muy contenido y el chasis ofrece una sensación de seguridad y precisión que sigue marcando diferencias frente a la mayoría de familiares y SUV equivalentes. Y sabes que estás pagando cada euro de los 70.000 € que parte este modelo por un gran coche premium, agradable de conducir y de viajar en él.

El BMW Serie 5 Touring demuestra que, si lo que buscas es viajar mucho y bien, una buena carrocería familiar sigue siendo una de las opciones más inteligentes… y más satisfactorias para quien disfruta conduciendo.

Galería

Aquí puedes ver algunas fotos reales del coche de prueba en cuestión y analizarlo desde todos sus ángulos.


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