El precio del combustible sube más en España que en otros países de la UE. ¿Nos están timando?

10 de junio de 2022 de

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Los españoles, además de no recibir una ayuda económica real, pues lo que se reduce sobre el coste del carburante se abona fiscalmente por otras vías, se han visto afectados por una presunta estafa.

En carwow hemos llevado a cabo un breve y sencillo estudio económico que trata de demostrar que los españoles estamos pagando de más por los carburantes que emplean nuestros vehículos para funcionar. La mayoría de las gasolineras de nuestro país han aumentado desmedidamente sus precios desde que se implantase la bonificación de los 20 céntimos de euro por litro de combustible repostado, un “descuento” gubernamental que, previsto hasta finales de junio de 2022, ahora durará hasta octubre de este mismo año si termina por aprobarse en el Congreso.

Este subsidio, que no es tal dado que parte de un crédito extraordinario solicitado al ICO (una especie de banco público que se nutre de los impuestos de los ciudadanos), ha provocado un comportamiento anormal en la subida del precio de la gasolina y el gasóleo, que ya era acusada per se. En otras palabras, los conductores de España, además de no recibir una ayuda económica real, pues lo que se reduce sobre el coste del carburante se abona fiscalmente por otras vías, se han visto afectados por una estafa de la que Gobierno y petroleras podrían ser responsables.

Los datos: España vs otros países de la Unión Europea

Con base en los datos macroeconómicos de la Comisión Europea, hemos obtenido un histórico de precios medios, tanto de la gasolina de 95 octanos como del gasóleo tipo A, sobre seis países miembros de la UE, además de España. Se trata de Portugal, Francia, Alemania, Italia, Polonia y Hungría. Para llevar a cabo el siguiente análisis, se han estudiado una decena de fechas distintas, desde inicios de 2021 (que es cuando comenzó la escalada en el coste final de los carburantes) hasta la semana en la que se publica este artículo, a modo de puntos de control temporales.

Conclusiones: alguien se queda con nuestro dinero

Si se observan con un poco de detenimiento las tablas y los gráficos anteriores, se pueden sacar varias conclusiones, tan interesantes como tristes, que ponen de relieve la nefasta gestión de la situación por parte del Gobierno de España. En efecto, todos los países que han sido analizados han experimentado una dramática evolución del precio de los combustibles en el último año y medio. Sin embargo, en nuestro país ese incremento ha sido mucho mayor, hasta el punto de que hoy un solo viaje en coche entre Madrid y Barcelona cuesta 40 euros más que hace 5 años.

  1. Vivimos en la región con el aumento de precios más drástico de la Unión Europea desde enero de 2021 y con mucha diferencia al resto (casi el doble): el coste de adquisición de un litro de gasolina es un 73,3% mayor que hace 18 meses y el de la misma cantidad de diésel un 80,6% superior. Nuestros vecinos continentales han subido una media de un 41,5% y un 45,4%, respectivamente para cada clase de carburante. Por supuesto, esta divergencia no es natural.
  2. Comenzamos la crecida en enero de 2021 con precios similares a los de Hungría y Polonia, pero actualmente pagamos más que Alemania y casi lo mismo que Francia, cuyas rentas per cápita son mucho más altas. La tendencia del coste del combustible en España es vertiginosa y completamente distinta una vez se supera el pico resultante del estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania (los efectos de estas tensiones se contemplan en marzo del 22).
  3. El comportamiento extraño de los precios en nuestro territorio empieza en abril de 2022, fecha que, curiosamente, coincide con el inicio del “subsidio” del Gobierno (0,20 €/L). Irremediablemente, esto lleva a pensar que existe una relación directa y que, en efecto, algún agente involucrado se está quedando con parte del dinero en una subida injustificada y sin precedentes. Desde luego, el consumidor final no está disfrutando esa suerte de “rebaja”.
  4. Bien sean las petroleras, el Gobierno o ambos, existe al menos un actor implicado en la cadena de suministro que ha incrementado su margen de beneficio o su recaudación, pues los costes de producción y de comercialización en esta clase de bienes no han variado en la misma proporción que lo han hecho los precios de venta. De lo contrario, casi todos los países se verían afectados por igual. La carga fiscal ha sido la misma en todo el periodo.
  5. Habiéndose absorbido por completo la “ayuda pública” al consumo de carburante (una bonificación que las estaciones de servicio han de adelantar a Hacienda obligatoriamente), el cliente español paga cerca de un 20% más sobre lo que le correspondería con base en el ascenso lógico del precio de la gasolina y el gasóleo. Actualmente, aquí no deberíamos abonar más de 1,80-1,85 €/L al repostar gasolina o más de 1,65-1,70 al hacerlo con diésel.
  6. Véase la diferencia en la contención del valor de ambos productos con, por ejemplo, Hungría o Italia, cuyos dirigentes políticos han aplicado medidas muy distintas a las de España: en el primer caso, más intervencionista desde un punto de vista económico, se han fijado precios máximos de venta al público. En el segundo, más liberalista, simplemente se han reducido los impuestos especiales o indirectos en más de 30 céntimos por litro.
  7. Un efecto colateral de esta situación es que las gasolineras más baratas o “low-cost”, que venían ganando una gran cantidad de cuota de mercado a las de bandera, estén en inferioridad de condiciones a la hora de mantener su modelo de negocio respecto a los operadores al por mayor con capacidad de refino en España (que aportan 5 de los 20 céntimos de euro por litro del citado “descuento” oficial). Muchas, al no estar respaldadas por marcas, podrían cerrar.

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