Guía para conducir sobre hielo y nieve: qué debes evitar y qué debes seguir a rajatabla para viajar con tu coche de forma segura

28 de enero de 2026 de

 

Conducir con nieve puede ser una de las circunstancias más incómodas que podemos encontrar en la carretera. Siendo además poco común en España, a muchos conductores les pilla desprevenidos y hace que no se sepa cómo reaccionar de manera adecuada ante esta climatología. Pero hay una frase que resume perfectamente la conducción invernal: la nieve no es el problema, el problema es intentar conducir como si fuera un día de sol. A nadie en su sano juicio se le ocurriría tomar una curva al límite bajo un diluvio universal, pero cuando llega la nieve, a menudo olvidamos que las leyes de la física son implacables.

Conducir sobre un manto de nieve no requiere superpoderes ni ser Max verstappen o un astro del volante. Solo requiere adaptación. Todo lo que haces al volante (frenar, girar, acelerar) debe hacerse de una manera fluida y nada brusca. Si la carretera se pone difícil, aquí tienes la hoja de ruta para que el miedo no te paralice.

El secreto nórdico: ¿Por qué seguimos obsesionados con las cadenas?

En España seguimos viendo el neumático de invierno como algo exótico, mientras que en el norte de Europa es religión (y norma). Y tienen razón. Las cadenas son una solución de emergencia parcheada: incómodas de poner, limitadas en velocidad y solo útiles con mucha nieve.

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El neumático de invierno, en cambio, es la garantía real de seguridad desde octubre hasta marzo (siempre que la nieve no sea extrema). No sirven solo para la nieve; su compuesto funciona infinitamente mejor que el de verano en lluvia o asfalto frío. Si vives en una zona donde el termómetro baja, hacer el cambio de ruedas es la mejor inversión en seguridad que puedes hacer, mucho más que cualquier sistema electrónico.

La técnica de la suavidad extrema

Si no llevas neumáticos específicos, tu seguridad va a depender y mucho del tacto que tengas con tus manos y pies. La regla de oro es la suavidad. Olvídate de los volantazos y los pisotones al pedal así como de revolucionar el coche. Ir suave es la clave.

Sobre nieve o hielo, cualquier movimiento brusco genera inercias que el coche no puede gestionar, y ahí es donde pierdes el control. Trata el volante y los pedales como si fueran de cristal. Y ojo con el freno: aunque tengas ABS, tu objetivo es no llegar a activarlo. Las frenadas deben ser eternas, suaves y con muchísima antelación. Si esperas al último momento, el coche seguirá recto.

Leer el asfalto: el peligro del brillo

Saber por dónde pisas es vital. Si la carretera está muy nevada, lo más inteligente es aprovechar las roderas por donde ya han pasado otros coches. Pero cuidado: si ves que el asfalto tiene un brillo extraño o diferente, alerta roja. Probablemente sea una placa de hielo.

En esa situación, la receta es simple: reduce la velocidad todo lo que puedas antes de llegar al hielo y, una vez encima, deja que el coche pase con su propia inercia, sin tocar freno ni acelerador. El hielo no perdona.

La supervivencia empieza en el depósito

Puede parecer un consejo de abuela, pero es crítico: lleva el depósito lleno. Si la nevada se complica y te quedas atrapado (algo que vemos en las noticias cada año), el combustible es lo único que mantendrá la calefacción encendida y evitará la hipotermia.

Y recuerda: en situaciones de baja adherencia, la electrónica es tu amiga. No desconectes el control de estabilidad (ESP) ni las ayudas; están calibradas para intentar salvarte cuando tú fallas. Eso sí, recuerda que la física tiene un límite que ni el mejor microchip puede superar.

Los consejos que debes seguir

Si te encuentras con hielo o nieve en la carretera, podemos decir que solo necesitas seguir estos pasos para solventar la situación sin problema. Te los enumeramos:

  1. Neumáticos de Invierno, tu seguro de vida: No es marketing, es física. Agarran infinitamente mejor que las cadenas y no solo sirven para nieve: en lluvia y con asfalto frío son imbatibles. Si vives en zona fría (octubre a marzo), no lo dudes.
  2. Mantén la calma (el pánico provoca accidentes): Los nervios te ponen rígido y te hacen ser brusco. Relájate. Asume que vas a tardar más y céntrate en conducir. Si te estresas, tus extremidades reaccionarán peor ante un imprevisto.
  3. Antelación radical al frenar: Olvídate de frenar donde siempre. Con nieve, las distancias se multiplican. Empieza a frenar mucho antes de llegar a la curva o al semáforo y hazlo con suavidad para no bloquear las ruedas (ni hacer saltar el ABS a lo loco).
  4. Dobla la distancia de seguridad: Si el coche de delante frena, tú necesitarás el triple de espacio para detenerte. Deja un “abismo” de seguridad con el vehículo que te precede. Mejor que sobre sitio a que falte parachoques.
  5. Lee el asfalto: sigue las huellas: Si hay mucha nieve, circula por las roderas que han dejado otros coches (allí hay más agarre). OJO: Si el asfalto brilla de forma extraña, es hielo. Pasa por encima sin tocar freno ni acelerador, dejándote llevar por la inercia.
  6. Depósito siempre lleno: (Supervivencia básica: Puede parecer exagerado, pero si te quedas atrapado en una nevada (recuerda “Filomena”), el combustible es lo único que mantendrá la calefacción encendida. No apures la reserva en invierno.
  7. Suavidad de pianista: Esta es la regla de oro: trata el volante, el freno y el acelerador como si fueran de cristal. Nada de volantazos ni pisotones. Cualquier brusquedad romperá la poca adherencia que tienes y te hará perder el control.
  8. Ayudas electrónicas: SIEMPRE ON: No te creas más listo que el coche. Mantén el control de estabilidad (ESP) y tracción conectados. Sus sensores detectan la pérdida de control milisegundos antes que tú y pueden salvarte de un trompo.
  9. Cadenas (y saber ponerlas): Si no usas neumáticos de invierno, las cadenas son obligatorias en el maletero. Pero no sirven de nada si no sabes montarlas. Practica en casa o en el garaje; intentar aprender a -5ºC y de noche en la carretera es una tortura.
  10. Previsión y “Kit de rescate”: Mira el tiempo antes de salir. Si la cosa pinta muy fea, lo valiente es quedarse en casa o pararse en un lugar seguro. Lleva el móvil cargado y algo de comida (galletas, agua) por si te toca esperar a la quitanieves.

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