Aquaplaning: el error que casi todos cometemos al entrar en un charco grande

27 de enero de 2026 de

Con el temporal de estos días, encontrar balsas de agua en carreteras y autovías es tristemente fácil. Y no hablo de asfalto mojado, hablo de esa lámina de agua que parece inofensiva hasta que el volante se queda ligero, el coche “flota” y tú notas, en décimas de segundo, que el contacto con el suelo ya no existe.

Eso tiene nombre: aquaplaning (también se ve escrito como “acuaplaning”). Es el deslizamiento incontrolado sobre una capa de agua que impide el contacto adecuado del neumático con la calzada.

Y aquí viene lo humano (y lo peligroso): lo habitual en un conductor no entrenado es sobrerreaccionar. Levantar bruscamente el acelerador, frenar, o peor, pegar un volantazo para “esquivar” la balsa. Es decir, hacer justo lo que convierte un susto en una pérdida de control seria.

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Lo que casi todo el mundo hace mal (y por qué lo hace)

Cuando el coche empieza a “navegar”, el cerebro entra en modo pánico: “¡Estoy perdiendo el control, tengo que hacer algo!”. Ese impulso de “hacer algo” suele ser el problema.

Error 1: levantar el pie del acelerador de golpe

Si cortas gas bruscamente en pleno aquaplaning, alteras el equilibrio del coche. En muchos vehículos, esa transferencia repentina de carga puede descolocar aún más el eje que ya va con adherencia limitada.

Error 2: frenar (sobre todo, con brusquedad)

Con las ruedas flotando, frenar no te “ancla” al suelo. Te cambia inercias. Y si el neumático recupera contacto de golpe mientras tú estás frenando fuerte, el coche puede reaccionar de manera abrupta.

Error 3: volantazo para esquivar el charco

Es el clásico “me aparto y ya está”. Solo que, si estás sobre una lámina de agua, el coche no gira como tú crees. Y cuando vuelva a agarrar… puede hacerlo ya desalineado, con el volante girado, y ahí empieza el festival.

La reacción correcta: suavidad máxima e intervención mínima

La idea es muy simple (y por eso cuesta tanto cuando te pilla por sorpresa): durante el aquaplaning, hay que alterar la dinámica del coche lo mínimo posible.

Si ves la balsa a tiempo y tienes margen

  • Afloja suavemente: levanta el pie del acelerador poco a poco, sin cortes bruscos.
  • Volante firme: sujeta con decisión, pero sin ponerte rígido como si fueras a doblar una barra de hierro.
  • Trayectoria recta: mantén el coche lo más recto posible y evita cambios de carril en ese instante.

Si ya estás encima y notas aquaplaning (volante ligero, coche “flotando”)

  • No frenes (salvo que sea estrictamente necesario por un obstáculo inmediato y aun así, con suavidad).
  • No gires para “buscar agarre”.
  • No aceleres para “salir rápido”.
  • Mantén el volante firme y recto y deja que el coche atraviese la balsa.

Lo normal es que el coche recupere trayectoria en cuanto las ruedas vuelvan a drenar el exceso de agua y recuperen contacto. Ese “volver a agarrar” puede ser brusco, así que cuanto más recto y estable vayas, mejor. Si hay un poco de adherencia y tu coche no es muy antiguo, estará equipado con control electrónico de estabilidad (ESP) y probablemente este actúe lo justo y necesario para mantenerte bajo control.

Señales de que estás entrando en aquaplaning

  • El volante se nota extrañamente ligero, como si la dirección flotara.
  • El coche no responde al giro con la inmediatez habitual.
  • Suben las revoluciones sin que el coche acelere (en algunos casos).
  • Se escucha el agua y el ruido de rodadura cambia de golpe.

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Prevención: el aquaplaning no se “evita” con fe, se evita con velocidad y neumáticos

El aquaplaning aparece cuando el neumático no puede desalojar el agua. Y eso depende de cuatro cosas: dibujo, presión, velocidad y cantidad de agua.

Neumáticos: lo único que toca el suelo

Esto es de primero de seguridad vial: el neumático es tu única interfaz con el asfalto. Con el dibujo gastado, el drenaje empeora y el riesgo sube. La profundidad mínima legal del dibujo es de 1,6 mm, pero en mojado la adherencia cae mucho antes, así que lo sensato es no apurar.

Y ya que estamos: presión correcta. Un neumático bajo de presión también drena peor.

Velocidad: el multiplicador de todos los sustos

Cuanto más rápido vas, más difícil es que el neumático evacúe el agua a tiempo. Y cuando llueve, el riesgo de accidente se dispara y la distancia de frenado crece.

Lo que casi nadie entrena: tu cuerpo va a hacer “lo de siempre”

La reacción natural ante un imprevisto es la que te permite tu memoria muscular. Si nunca has vivido (o practicado) una pérdida de adherencia, tu cuerpo tenderá a lo que cree que “corrige”: frenar, girar, cortar gas de golpe.

Por eso los cursos de conducción segura son valiosos. Son un sitio donde aprendes a no sabotearte cuando el coche deja de tener agarre. En la calle, la primera vez no debería ser con un autobús detrás, un camión al lado y una recta convertida en piscina.

El aquaplaning es una de esas situaciones que te recuerdan que la física no negocia. Si te entra el pánico y haces movimientos bruscos, empeoras lo que ya es delicado. Lo correcto es contraintuitivo: suavidad, volante firme, trayectoria recta y dejar que el neumático recupere contacto. Y antes de todo eso: neumáticos en condiciones y velocidad razonable, especialmente ahora, con el temporal dejando balsas de agua donde ayer había asfalto normal.

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