El error que cometen muchos conductores al quedarse tirados en la nieve (y cómo evitarlo)
28 de enero de 2026 de David Díez
Nunca pensamos que nos va a pasar a él hasta que las ruedas empiezan a patinar y el paisaje se vuelve completamente blanco y te ves dentro de él. Una bonita estampa, sí, pero que puede ser muy peligrosa si la vives al volante. Quedarse atrapado en la nieve es una de las situaciones más estresantes que puede vivir un conductor, especialmente si viaja con familia o de noche.
Con la llegada de las primeras nevadas de la temporada la Dirección General de Tráfico (DGT) y los expertos en seguridad insisten: la diferencia entre una anécdota y una emergencia grave suele estar en la preparación previa y en saber tomar decisiones rápidas. Aquí tienes el protocolo para evitar el desastre y, si no hay remedio, para aguantar hasta que llegue la ayuda.
El aviso previo y el “kit salvavidas”
La regla de oro es “prevenir antes que curar”. Consultar el parte meteorológico y las alertas de la DGT no es opcional, es obligatorio. Pero si decides salir, tu maletero debe ir preparado para un escenario de bloqueo.
Más allá de las cadenas (que debes saber poner con los ojos cerrados) o los neumáticos de invierno, los expertos recomiendan elementos que a menudo olvidamos: una pala para liberar las ruedas, planchas de desatasco o incluso una eslinga resistente. Si tienes la suerte de que pase un vehículo con tracción total o mejores capacidades, esa cuerda puede ser la diferencia entre seguir allí o salir remolcado hasta un lugar seguro. Y un detalle crucial: lleva el depósito siempre lo más lleno posible. Sin combustible, no hay calefacción. También es conveniente seguir estos consejos para una conducción segura sobre nieve y hielo.

¿Cuándo debo rendirme y parar?
Hay un momento crítico en la conducción invernal. Si notas que la calzada tiene acumulaciones serias de nieve o hielo negro y el coche se vuelve ingobernable, no fuerces. Intentar avanzar puede provocar un accidente que bloquee el paso a las quitanieves.
Lo ideal es buscar refugio inmediato: una estación de servicio, un restaurante o una zona poblada. Si no es posible, detén el vehículo en el lugar más seguro posible, donde no estorbe, y prepárate para la espera.
Protocolo de supervivencia: la regla de los 15 grados
Si estás atrapado en medio de la nada (por ejemplo, en un puerto de montaña) y no hay edificios cerca, tu coche es tu búnker. Lo primero es llamar al 112 y facilitar tu ubicación. A partir de ahí, la prioridad es conservar el calor corporal.

Debes mantener la temperatura del habitáculo por encima de los 15 grados. Para ello, utiliza el motor y la calefacción, pero con mucha precaución: es vital renovar el aire abriendo ligeramente las ventanillas de vez en cuando para evitar la acumulación de gases nocivos y la condensación excesiva. Comprueba que el tubo de escape no esté obstruido por la nieve, ya que eso podría meter monóxido de carbono en el interior.
Prohibido dormirse
Es, quizá, el consejo más importante y el más difícil de seguir si la espera se alarga. No te duermas. La somnolencia es uno de los primeros síntomas de la hipotermia. Debes mantenerte activo y alerta.
Si la situación se complica y la espera se acerca a las 24 horas, la gestión de los recursos se vuelve vital. Raciona el agua y los alimentos (mejor si son ricos en hidratos de carbono para generar energía). Y si te quedas sin batería, sin cobertura o sin combustible, la solidaridad es tu última carta: confía en la ayuda de otros conductores atrapados para compartir calor y recursos hasta que aparezca la Unidad Militar de Emergencias (UME) o los servicios de rescate.
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