Hemos probado a fondo el nuevo GLC Eléctrico: Mercedes por fin vuelve a ser Mercedes

Álvaro Ortega
Responsable editorial de pruebas y rankings de coches
30 de marzo de 2026

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Os dejamos nuestro análisis del Mercedes GLC eléctrico. Un nuevo SUV premium que cambia de enfoque: más refinado, mejor construido y con tecnología que sí aporta en el día a día.

Durante años, Mercedes ha jugado a impresionar. Más luces, más pantallas, más efecto “wow” nada más abrir la puerta. Y sí, este GLC eléctrico sigue teniendo parte de eso. Pero aquí hay un cambio de fondo bastante evidente. No han apagado el espectáculo —ni mucho menos—, pero lo han puesto en su sitio.

Este coche ya no va solo de llamar la atención en el concesionario o en Instagram. Va de algo más difícil: justificar por qué es un Mercedes cuando llevas una hora al volante. Y eso se nota en detalles que antes fallaban y que ahora, por fin, están donde tienen que estar.

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Sigue siendo un SUV eléctrico muy tecnológico, muy llamativo y muy cargado de recursos. Pero lo interesante es que, por primera vez en mucho tiempo, no depende solo de eso para convencerte.

Un interior que sigue teniendo espectáculo… pero ahora con mucho más nivel

Dentro es donde está el verdadero salto adelante. No porque Mercedes haya cambiado su identidad, sino porque la ha afinado. Las luces ambiente siguen siendo protagonistas, y de noche el coche puede seguir teniendo ese punto “discoteca premium” tan reconocible de la marca. Es parte de su ADN. Pero ahora está mejor integrado, más trabajado, menos artificial.

Donde sí hay un cambio claro es en todo lo demás. El ambiente general es más sofisticado, más relajado, más coherente con lo que esperas de un coche de este precio. Las molduras de madera oscura elevan muchísimo la percepción de calidad —ese rollo yate de lujo bien ejecutado— y ya no da la sensación de estar dentro de un escaparate tecnológico, sino en un espacio pensado para estar a gusto.

Y luego está el gran salto: los materiales y los ajustes. Todo lo que tocas transmite solidez. Hay muchas superficies mullidas, prácticamente desaparecen los plásticos negros evidentes y, lo más importante, el coche se siente bien construido de verdad. Nada cruje. Ni la enorme pantalla, ni los aireadores, ni los botones. Incluso los mandos tienen ese “click” preciso que marca la diferencia.

¿Pensando en un coche eléctrico?

¿Es perfecto? No del todo. Algunos detalles como los plásticos que imitan aluminio siguen ahí —especialmente en las manetas— y los controles táctiles del volante, aunque han mejorado, siguen sin convencerme del todo. Pero en conjunto, hay una sensación clara: este GLC eléctrico ya no impresiona solo por su diseño… sino por cómo está hecho.

La pantalla: cuando el tamaño sí importa (pero con matices)

Mercedes sigue convencida de que más pantalla es más lujo. Y en este caso… tienen parte de razón. El panel que recorre el salpicadero es espectacular. No es un collage de pantallas pegadas con marcos negros —algo que canta más de lo que debería en coches de este precio—, sino una pieza continua, limpia y muy bien integrada visualmente.

La calidad gráfica está en otro nivel. Fluidez, resolución, colores… de lo mejor que hay ahora mismo. Y además, los fondos y temas cambian completamente el ambiente del interior, casi como si rediseñaras el coche desde dentro.

Ahora bien, no todo es perfecto. La ergonomía tiene sus pegas: la pantalla queda algo lejos y bastante vertical, por lo que tienes que estirarte un poco para manejarla y, ya que hay tanta superficie de pantalla, me gustaría que los controles del climatizador fuese algo más grandes. En este caso, creo que la predominancia estética acaba penalizando un poco la funcionalidad.

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Eso sí, el sistema va más allá de un simple multimedia. Aquí Mercedes juega en la liga de los mejores en cuanto a predicción de la autonomía mediante la navegación: planifica rutas y recargas con una precisión milimétrica, teniendo en cuenta consumo en tiempo real, orografía, tráfico, climatología, dirección y fuerza del viento… Es de esos sistemas que te quitan mucha ansiedad durante un viaje.

Conducción: una alfombra voladora con 490 CV

En marcha, este GLC eléctrico es exactamente lo que esperas… y un poco más. En autovía, a ritmos legales, se mueve en consumos de unos 23–24 kWh/100 km. Bueno, pero sin ser algo excepcional. Donde gana es en la sensación general: pisa la carretera como si estuviera recién asfaltada. Y aquí hay truco, claro: la suspensión neumática opcional (heredada de la Clase S) hace gran parte del trabajo.

La sensación es difícil de explicar sin caer en clichés, pero básicamente filtra tanto que parece que alguien se está encargando del mantenimiento del asfalto en tiempo real. En zonas de curvas, notas el peso. No es capaz de esconderlo pero si que disimula bastante bien esas aproximadamente 2,5 toneladas. La diferencia con respecto a otros SUV es que tampoco me molestan, ya que la carrocería se mueve con fluidez y control, la dirección es precisa y super estable y el coche se deja llevar con una facilidad sorprendente para lo que es.

Y luego está el motor. O mejor dicho, cómo entrega la potencia. Gracias a la caja de cambios de dos marchas, no tienes ese efecto de “se viene abajo” a altas velocidades típico de algunos eléctricos. Aquí los 490 CV parecen estar siempre disponibles, siempre empujando. El resultado tras unos 200 km combinando autovía y carretera secundaria: 22,3 kWh/100 km. Bastante coherente… teniendo en cuenta que no fue precisamente un paseo tranquilo.

Un eléctrico que vuelve a poner a Mercedes en su sitio

La sensación que deja este GLC eléctrico es bastante clara: Mercedes ha corregido el rumbo. Sigue apostando por lo tecnológico y lo llamativo —esa pantalla enorme o su puesta en escena con esa parrilla led lo dejan claro—, pero esta vez no se queda solo en eso. Hay un equilibrio mucho mejor entre esa parte más rompedoramente moderna y el lujo clásico que siempre se le ha exigido a la marca.

Porque aquí sí hay calidad percibida de verdad. Hay solidez, hay refinamiento y hay ese punto de coche bien hecho que durante un tiempo parecía haberse diluido. ¿Es caro? Sí. Pero también es justo reconocer que juega en territorio premium con argumentos sólidos: es amplio, cómodo, eficiente, muy agradable de conducir y con una autonomía homologada de más de 700 kilómetros que lo coloca directamente entre los eléctricos más ambiciosos del mercado, solo superado por el BMW iX3 y el Volvo EX60 con un rango de hasta 815 kilómetros.

Y luego está el diseño. En fotos llama la atención, pero en persona tiene ese punto sofisticado que marca diferencias. No es solo un GLC eléctrico. Es un Mercedes que, esta vez sí, vuelve a sentirse como tal.

Galería

Te dejamos ahora con una selección de fotos de nuestra prueba del nuevo mercedes GLC eléctrico.


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