El nuevo Mercedes que los puristas odian tiene algo que sus rivales chinos no pueden copiar todavía y que notas cuando lo conduces

Álvaro Ortega
Responsable editorial de pruebas y rankings de coches
16 de mayo de 2026

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Muchos están destrozando al nuevo Mercedes Clase C eléctrico por sus pantallas, sus LEDs y su diseño. Pero después de probar varios Mercedes recientes, tengo claro que el verdadero problema es otro: cada vez menos gente valora cómo va realmente un coche.

El nuevo Mercedes que los puristas odian

El diseño del nuevo Clase C eléctrico ha levantado polvareda y ha alimentado al algoritmo en redes con hate del bueno. Y es que tiene cosas bastante discutibles.

Las proporciones no son tan armoniosas como en una berlina clásica, debido a la altura que necesita la carrocería para albergar una batería de ese tamaño. Por muchos trucos que haya empleado su diseñador —y aquí han vaciado la chistera— sigue viéndose menos afilado que un Clase C térmico.

Y el interior… bueno, el interior juega en esa liga de lujo muy llamativo basado en pantallas y luces ambiente, solo que haciendo un “sujétame el cubata” dentro del segmento. Nueva Hyperscreen y directamente el salpicadero convertido en una pantalla de una sola pieza. Me imagino a los ingenieros preguntando: “¿cuántas pulgadas metemos?” y marketing respondiendo: “sí”.

Con las luces era difícil superarse, porque el Clase C actual ya dejaba en pañales —lumínicamente hablando— al club de carretera más sórdido. Pero aquí han encontrado otra vuelta de tuerca: nueva parrilla con guiño retro, discutible en un eléctrico… pero totalmente justificada si el objetivo era meterle 1.050 LEDs más.

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Hay momentos en los que, siendo sinceros, se acerca peligrosamente a ese concepto de lujo un poco macarra o asiático. Ese que intenta impresionar tanto que, a veces, acaba transmitiendo justo lo contrario. Si eres purista y sabes quién es Bruno Sacco, es normal que esto te espante y te lleve a soltar ríos de bilis en internet. Con este coche y con prácticamente todo lo que está saliendo últimamente.

Te sientes huérfano. Ese Mercedes con el que te identificabas —o al menos respetabas— ya no está. Como he leído por ahí: “Mercedes ha dejado de vender coches, ahora solo son productos”.

También hay decisiones discutibles a nivel de uso: mandos hápticos poco precisos, demasiada dependencia de la pantalla para funciones básicas y cierta pérdida de ergonomía frente a los botones de toda la vida. Aquí hay crítica legítima. Mercedes —como casi todos— ha ido demasiado lejos en algunos puntos.

El problema es que casi nadie habla de cómo va

Ahora bien, mientras todo el mundo se queda en la superficie —pantallas, luces, si “parece chino” o no— se está ignorando lo que también define a un coche de verdad: cómo va cuando te pones al volante.

Porque después de hacer kilómetros de verdad con varios Mercedes recientemente —no una vueltecilla hasta llegar a un spot de grabación— como el nuevo GLC eléctrico, un Clase E y un CLE Cabrio, acabo concluyendo siempre lo mismo: qué absurdamente bien sigue yendo un Mercedes.

Y eso no tiene nada que ver con la pantalla, sino con la calidad de rodadura, el puesto de conducción, el aislamiento o la manera en la que trabaja la suspensión. Con esa sensación de que el coche fluye, de que no te pide esfuerzo y de que puedes hacer cientos de kilómetros de una tacada y bajarte sin estar reventado.

Hay SUVs con una pintaza tremenda que luego te pegan tal paliza al cuerpo que parece que te has hecho el Rocío en una carreta tirada por bueyes.

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Pero también hay algo más difícil de explicar hasta que lo pruebas: la imperturbabilidad de la dirección. Da igual cómo esté la carretera. El volante siempre transmite calma. No hay nerviosismo ni correcciones constantes. Ese aplomo a cualquier velocidad te hace sentir completamente imperturbable. Como si pudieras plantarte en una autobahn deslimitada, hundir el acelerador y mantenerlo ahí durante horas sin el más mínimo estrés.

Y luego está esa forma de absorber las irregularidades. No es solo que las filtre bien, es que lo hace con una cadencia muy natural. El coche parece ir surcando la carretera, como si flotara ligeramente, pero sin perder control de la carrocería ni despegar una rueda del asfalto. Es una sensación curiosa, a medio camino entre una lancha y montar a caballo. Y eso engancha.

Hay coches cómodos… y luego están algunos Mercedes

Llevándolo a la práctica: yo me hago Sevilla–Madrid–Sevilla en el día para ir a la oficina. Del tirón. Y hay una diferencia brutal según en qué coche vayas. Los días que voy en un Mercedes —como hoy, con un CLE— ya sé que voy a echar buen día. Llego bien, trabajo, vuelvo, y cuando entro en casa todavía tengo energía para atender a la familia. Estoy entero.

Prueba a hacer eso con la mayoría de coches del mercado, porque no es solo comodidad: es un coche que no te drena. Y esto se entiende todavía mejor cuando comparas. En algún que otro modelo chino, sin ir más lejos, he llegado a casa con molestias de verdad. De las que duran días. Incluso semanas. ¿El motivo? Ergonomía. O, mejor dicho, todo ese sofisticado trabajo de diseño y fabricación que no se ve en una foto ni se aprecia en una ficha técnica, pero que marca la diferencia cuando llevas horas al volante.

Posiciones que no encajan, pedales mal colocados, microcorrecciones del volante que van acumulando tensión… cosas que sobre el papel parecen menores, pero que en horas de conducción pasan factura. Hasta el punto de tener que tirar de control de crucero por necesidad imperiosa, porque el dolor muscular ya no me permite llevar el pie en el pedal.

Esto pasa en pleno 2026 porque es mucho más difícil vender una buena ergonomía que presumir de 19 ADAS que luego acabas desconectando a los diez minutos. Por eso digo que sí, un Mercedes puede tener un mando táctil mejorable. Pero lo importante no solo sigue estando muy bien resuelto, es que además siguen subiendo el nivel. Dicho esto, tampoco hay que idealizar.

En algunos Mercedes actuales —sobre todo térmicos— puedes encontrar cosillas mejorables en situaciones muy concretas: asfalto muy roto o cuando fuerzas el motor. Ahí puede aparecer algún chasquido puntual de una moldura. No es grave, pero existe. Ahora bien, en el nuevo GLC eléctrico parece que hay un antes y un después. No detecté absolutamente nada. Cero.

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El verdadero problema de Mercedes

Podríamos decir que Mercedes, con esta nueva generación, está en una huida hacia delante. Más calidad, más tecnología, más refinamiento, mejores prestaciones y mejor conducción. Pero justo en el peor momento posible. Porque en el coche eléctrico, el mercado no está premiando necesariamente ni la conducción ni las prestaciones. Está premiando otras cosas: precio, equipamiento visible, autonomía “de ficha” y sensación de modernidad.

Y ahí entran nuevos rivales —especialmente los chinos— con una propuesta muy difícil de combatir. Coches muy equipados, con interiores que a primera vista impresionan, con acabados aparentes… y bastante más baratos. Entre otras cosas, porque juegan con otras reglas: nada de materiales ecológicos, soluciones más sencillas y menos obsesión por ese refinamiento profundo que no se ve en una foto.

Y claro, justificar el precio de un Mercedes en ese contexto no es tan fácil, porque lo que hace especial a un Mercedes no entra por los ojos. Hay que conducirlo, y cada vez hay menos gente dispuesta a pagar por algo que necesita tiempo para entenderse.

El refinamiento que no sale en TikTok

Por eso resulta cansino que lo único que se viralice sean vídeos buscando el crujido oculto o enseñando el gadget de turno, aunque luego no sirva absolutamente para nada.

Ese momento en el que alguien se pone a estrujar con mala leche una moldura en una zona que ni siquiera tocarías nunca en la vida real del coche, o te enseñan cómo cambiar los fondos de pantalla temáticos como si fuese una revolución tecnológica.

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Y lo peor es el mensaje: que el coche no es sólido. nNada más lejos, porque al conducirlo la sensación es justo la contraria: solidez total. Como si todo el conjunto estuviera tallado en granito. Y eso, que es lo que importa, es diferencial.

Así que, en el fondo, solo espero que esto sirva para dar algo de esperanza a los que de verdad disfrutáis conduciendo. Que cada vez sois menos… o al menos hacéis menos ruido. nY, sobre todo, que no os quedéis en el reel viral del crujido en la esquina del aireador. Porque un coche no se entiende estrujando una moldura. nSe entiende conduciendo.

Galería

Aquí tienes una selección de imágenes de la presentación del Mercedes Clase C eléctrico


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