Primer contacto con el Skoda Scala, un coche completamente racional

Un clásico de Skoda

El Skoda Scala es el nuevo modelo de la marca checa para competir en uno de los segmentos más disputados del mercado, el de los compactos. El segmento que atrae a múltiples perfiles de conductor atraídos por la practicidad y un precio contenido. Estos son dos de los principales argumentos del Skoda Scala, que ataca a sus rivales a base de espacio extra y una tarifa ajustada. 

Skoda tiene a la venta este modelo desde marzo de 2019, es totalmente nuevo y sustituye al Skoda Spaceback. Tiene un precio de partida de 16.500€ por lo que se coloca como una de las alternativas más asequibles dentro del segmento C. Algunos de sus rivales son el SEAT León, el KIA Ceed o el Peugeot 308 entre otros.

Dimensiones compactas.

Tiene unas dimensiones de 4,36 metros de largo, 1,79 metros de ancho y 1,47 metros de alto. Es un tamaño medio dentro del segmento, se ubica por debajo de los 4,37 metros del Ford Focus y por encima de los 4,27 metros del SEAT León. Su batalla es de 2,64 metros, supone un incremento de 4 centímetros respecto a su predecesor, lo que adelanta una mejor habitabilidad. 

La capacidad del maletero es uno de los grandes puntos fuertes de este Skoda Scala, con 467 litros nos encontramos con un maletero digno de modelos de un segmento superior. Supera con facilidad los 380 litros de un SEAT León o los 398 de un Peugeot 308. Si abatimos los asientos este espacio se incrementa hasta los 1.410 litros. 

En términos de equipamiento podemos contar con elementos como la apertura eléctrica del portón del maletero, faros full-led, instrumentación digital ‘Virtual Cockpit’ o pantalla de infoentretenimiento de hasta 9,2 pulgadas. A nivel de seguridad también hay disponibles numerosos asistentes a la conducción como el control de crucero adaptativo o la alerta de tráfico cruzado.

Mecánicas.

En lo que a motorizaciones se refiere contamos con una amplia gama, que incluye incluso un propulsor alimentado por Gas Natural Comprimido (GNC). Es el 1.0 G-TEC de 90 CV que se asocia a una caja de cambios de 6 velocidades. Si optamos por esta opción obtendremos la etiqueta ECO de la DGT. 

Si miramos hacia combustibles tradicionales contamos con tres opciones gasolina de 90, 116 y 150 CV de potencia. Los dos primeros niveles de potencia son ofrecidos por el propulsor tricilíndrico 1.0 TSI, la versión de 90 CV se asocia con una caja de 5 velocidades, mientras que el de 116 CV sí puede contar con la caja de cambios de seis relaciones o una automática de doble embrague.

La opción de 150 CV recurre al motor 1.5 TSI de cuatro cilindros, que está también turboalimentado. Para el diésel sólo tenemos una opción, se trata del 1.6 TDI de 116 CV, que también cuenta con una caja de 6 velocidades y una DSG automática en opción. 

Nosotros hemos podido probar dos de estas motorizaciones, el 1.0 TSI de 116 CV y el 1.5 TSI de 150 CV. El primero tiene el comportamiento característico de un motor tricilíndrico, con una respuesta débil a bajas vueltas, lo que obliga a estar pendiente del cambio para bajar marchas cuando necesitamos acelerar de manera contundente.

La parte positiva es que sí conducimos de manera tranquila y utilizando marchas largas podremos obtener una media de consumo cercana a los 5 litros cada cien kilómetros, un cifra realmente buena para un propulsor de gasolina. En cuanto rumorosidad y vibraciones no encontramos grandes pegas, hay motores tricilíndricos en el mercado mucho más toscos que este 1.0 TSI.

Sin embargo, el 1.5 TSI de 150 CV hace valer desde el principio ese cilindro extra, tiene un comportamiento mucho más agradable en todas las situaciones y un sonido que se asemeja más al de los motores tradicionales. En bajas tiene una respuesta contundente y se estira bien en la zona alta del cuentavueltas.

En cuanto al consumo también es viable obtener buenos resultados si realizamos una conducción tranquila, quizás la diferencia respecto al 1.0 TSI no vaya más allá de los 0.5 litros a los cien, lo que habla muy bien de este 1.5 TSI. 

Al volante.

A nivel dinámico el Skoda Scala es un coche tranquilo y fácil de conducir, no está en su concepción ser un coche deportivo, aunque opcionalmente puede contar con modos de conducción que permiten endurecer las suspensiones ligeramente.

Sin embargo, esta opción no se nos antoja necesaria, y es que el Scala tiene un comportamiento muy correcto en carretera, se siente como un coche bien asentado que no tiende al balanceo ni es excesivamente blando en los apoyos. Quizás la dirección tiene un tacto algo artificial debido a la asistencia, de nuevo aquí prima el confort antes que el dinamismo. 

Estas sensaciones positivas se deben principalmente a la plataforma MQB A0, es la misma arquitectura que utiliza el Volkswagen Polo y el SEAT Ibiza, que efectivamente se ubican en un segmento inferior a este Skoda Scala. Esta decisión de Skoda levantó ciertas dudas, ya que la elección lógica sería la MQB A del Golf y el León.

Sin embargo, la arquitectura MQB A0 demuestra que gestiona sin problema los kilos de más que implica portar al Skoda Scala, el paso por curva es limpio y no encontramos signos que nos indiquen ningún tipo de estrés estructural. Por lo que podemos decir que el Skoda Scala tiene un comportamiento dinámico de lo más correcto.

En conclusión podemos decir que nos encontramos ante un coche realmente equilibrado. Ofrece un espacio interior muy generoso, sobre todo en las plazas traseras y el maletero, con unos buenos acabados en el habitáculo y un equipamiento bastante generoso.

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Skoda Scala

Este modelo destaca por su diseño y variedad de acabados
8/10
19.930 € - 27.330 €
PVP
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