Máz rápido, más barato y menos refinado: Zeekr 7GT contra Mercedes Clase C eléctrico
14 de octubre de 2026 de Mario Garcés
Pisas a fondo en el Zeekr 7GT y el estómago se te queda atrás un instante. Pisas a fondo en el Mercedes Clase C eléctrico y observas la velocidad a la que pasa el paisaje por la ventanilla en completo silencio. Esa diferencia, que parece un detalle, explica casi todo lo que separa a estos dos coches.
He conducido los dos y cuestan “casi” lo mismo: unos 60.000 euros el Zeekr en versión Privilege AWD y 69.800 el Mercedes C 400 4MATIC. Los dos tienen tracción total, potencia de sobra (646 caballos el Zeekr, 489 el Mercedes) y arquitectura de 800 voltios para cargar por encima de 300 kW. Uno es un shooting brake y el otro una berlina, pero apuntan al mismo cliente: el que quiere un eléctrico rápido, grande y con aspecto de coche caro. Y no se parecen en nada. De hecho, las dos versiones de menor potencia del 7GT podrían ser más cercanas al C 400 por potencia (521 CV), pero se mueven entre los 45.000 y los 52.000 euros (tracción trasera o tracción total) y quedaría una comparativa muy descolgada en precios.
El Zeekr carga más rápido…
Zeekr anuncia hasta 480 kW de potencia de carga, una cifra que hoy casi ningún cargador puede dar. En los de Zunder, el 7GT me dio picos de 357 kW y los sostuvo varios minutos. Del 5 al 80% tardó menos de 20 minutos, y del 5 al 100%, 38. En otra parada, en la A-5, cargué del 29 al 90% en 17 minutos. Si viajas y no necesitas llenar del todo, te tomas el café y te vas. Literalmente.
El Mercedes no se queda lejos sobre el papel: admite hasta 330 kW y la marca anuncia 22 minutos del 10 al 80%. Las baterías tienen un tamaño muy parecido, en torno a 94 kWh útiles en ambos casos, así que la diferencia está en la potencia que es capaz de tragar cada uno. Y ahí, en carga pura, gana el chino pero tampoco es una diferencia decisiva, ni mucho menos.

…pero el Mercedes gasta menos
El problema del Zeekr es que esa energía hay que pagarla, y se la bebe. En el día a día me moví en 22 kWh/100 km de media, y a poco que vayas ligero por autovía sube a 24-26. Con el Clase C, en mi recorrido de prueba a ritmo tranquilo por autovía y carretera, saqué 19,8 kWh/100 km, que dan una autonomía real en torno a los 470 km. Las condiciones no fueron idénticas, pero la tendencia es clara: el Mercedes es más eficiente, y eso que es una berlina grande y pesada.
A 0,59 euros el kWh, que es lo que pagué en Zunder, la diferencia se nota en cada parada. Unos 13 euros cada 100 km en el Zeekr frente a menos de 12 en el Mercedes yendo a ritmo similar. Y cuanto más rápido vayas, más se abre esa brecha, porque el Zeekr es mucho más sensible al ritmo.
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Los dos corren muchísimo
Que nadie piense que el Mercedes es el tranquilo de la pareja (y aún faltan por llegar las versiones deportivas, que las habrá). El Clase C hace el 0 a 100 km/h en 4 segundos y acelera con muchísima contundencia a cualquier velocidad. Corre de sobra, más de lo que vas a necesitar nunca en una carretera abierta al tráfico. El Zeekr va un paso más allá: 3,3 segundos y un empuje que, en modo Sport, roza la bestialidad. Te deja un vacío en el estómago en los primeros metros, y tras un par de salidas desde parado, al bajarte, huele a goma quemada.
La diferencia está más en cómo se vive a bordo que en el cronómetro. El Zeekr te hace sentir cada caballo. El Mercedes te pega al asiento igual, pero el silencio y el filtrado son tales que nada a tu alrededor te avisa de que estás ganando velocidad a un ritmo endiablado. Es como acelerar dentro de una cápsula. Si buscas espectáculo, el Zeekr. Si quieres que correr no se note, el Mercedes.

Confort y conducción: aquí no hay color
Esta es la gran diferencia, y no es pequeña. El Mercedes convierte dos toneladas largas de coche en una alfombra rodante: calma y seguridad a cualquier velocidad y sobre cualquier asfalto. Lo recalco: a cualquier velocidad. Es la maestría que da tener más de un siglo de experiencia haciendo berlinas.
El Zeekr tiene también suspensión neumática, y trabaja bien, pero le falta calibración. En autovía tiene un punto de firmeza innecesario que te lee de más las ondulaciones, y en carretera de curvas no te transmite conexión con lo que pasa debajo. La dirección tiene peso, pero le falta precisión: por autovía no mantienes el coche centrado sin hacer pequeñas correcciones constantes. Los frenos son buenos, pero el peso está siempre presente. Todo es correcto, pero nada es brillante. Y si te bajas de uno y te subes al otro, absolutamente todo funciona mejor en el Mercedes. Empezando por la absoluta sensación de imperturbabilidad que da su dirección en cualquier trazado, que no te requiere el nivel de atención y esfuerzo adicional de mantenerlo centrado en el carril que el Zeekr exige.
Dos interiores de coche caro
Aquí la pelea está más igualada. El Zeekr sorprende al profano: ajustes buenos, ni un ruido parásito en toda la semana, asientos con calefacción, ventilación y masaje, un modo Relax con imágenes y sonidos en la pantalla y un equipo de sonido de 23 altavoces con mucha pegada. Detrás hay espacio de sobra. El maletero, eso sí, se queda algo justo para el tamaño del coche.
El Mercedes recupera la sensación de solidez interior que nunca debió perderse en la marca. La consola central, los aireadores y los botones físicos no admiten tachas. Le sobran algunos paneles simplones alrededor de la gigantesca superficie táctil, pero el conjunto transmite más calidad que en los últimos Mercedes que he probado. Y sus asientos son mejores: el Zeekr tiene unos correctos, pero que sujetan poco para lo que corre el coche y no tienen esa forma anatómica que te deja como nuevo tras un viaje largo. En el Clase C todo es un guante de seda.
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Lo que tiene que pulir cada uno
El Zeekr tiene más deberes pendientes. Sus asistentes de conducción son lo peor del coche: pitidos constantes, correcciones, frenadas fantasma en el control de crucero adaptativo. Para desconectarlos, cada vez que te subes, tienes que recorrer un menú interminable. Las puertas automáticas te dejan la puerta a medio abrir y desconciertan a cualquier pasajero. Y dependes tanto de la pantalla que orientar un aireador se convierte en una tarea de precisión.
Al Mercedes le reprocharía menos. La calandra que homenajea a sus antiguos modelos no convence en fotos, aunque en persona el coche tiene una presencia tan imponente que pasa a un segundo plano. Y el exceso de pantalla en el salpicadero no es del gusto de todos. Pero son cuestiones de diseño, no de funcionamiento. Los aireadores se manejan con la mano, que no cuesta ningún esfuerzo y no te añade complicaciones innecesarias. El entorno multimedia está tan abigarrado que necesitas tiempo para familiarizarte con todo, y su asistente con inteligencia artificial funciona claramente mejor que la del Zeekr, que jamás me hizo caso.
- Mercedes-Benz Clase C Eléctrico
- Zeekr 7GT
¿Cuál merece la pena?
Unos 10.000 euros separan a estos dos coches, y por esa diferencia el Zeekr te da más potencia, una carga más rápida, un empuje aún más contundente y un equipamiento de confort difícil de igualar, salvo con muchos extras costosos en el Mercedes. Si lo que más valoras es pasar poco tiempo en el cargador y sentir las prestaciones en cada pisotón, tiene sentido el asiático.
Pero si buscas un coche que te lleve en volandas, que gaste menos y con el que la convivencia diaria no tenga lagunas, el Mercedes justifica cada euro de diferencia. Zeekr ya sabe fabricar un coche que impresiona. A Mercedes le sale, además, uno que lo hace todo aspirando a la excelencia. Eso, a estos precios, sigue pesando más que unos kilovatios de carga extra, la verdad.
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