España conduce sobre una ruleta: carreteras rotas, señales borradas y un ministerio irresponsable

24 de enero de 2026 de

Conducimos sobre una ruleta rusa cuando la carretera también tiene parte de culpa en la siniestralidad. Si hay un accidente, en España casi siempre pasa lo mismo: el foco apunta hacia el conductor. Que si iba rápido, que si no guardó distancia, que si se despistó. Y sí, conducir exige técnica, prudencia y un nivel de alerta constante. Eso no se discute.

Lo que se discute (o más bien, lo que casi nunca se discute con la dureza necesaria) es lo otro: el estado de la infraestructura también contribuye a que los accidentes ocurran con más probabilidad. Y, cuando lo hace, la responsabilidad no debería evaporarse.

Porque conducir es un acto humano. Y los humanos cometemos errores. La diferencia entre un susto y una tragedia, muchas veces, está en el margen de seguridad que te da la vía… o en el que te roba.

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Adamuz frente al espejo: la infraestructura es clave

Estos días hemos visto un ejemplo claro con el accidente ferroviario de Adamuz, en Córdoba. Las responsabilidades están por dirimir, pero hay algo evidente: la vida de los pasajeros queda en manos del maquinista y de quienes velan por el estado de la infraestructura. El pasajero es un mero espectador que confía en que terceras personas hagan su trabajo con profesionalidad.

En un suceso así, a nadie se le ocurre reducirlo todo a “la culpa fue del conductor del tren” sin analizar mantenimiento, inspecciones, protocolos y estado de la vía.

En carretera, en cambio, el relato suele ser automático: si hay siniestro, la culpa es del conductor. Punto. Y eso es una simplificación peligrosa, porque borra del mapa un factor que, en España, cada vez pesa más: el deterioro patente y visible de las vías. Durante las dos últimas legislaturas, acelerada de forma tan llamativa que ya existe un consenso generalizado tanto entre opositores como entre quienes apoyan a este gobierno. En la carretera, la responsabilidad individual de cientos de miles de conductores diluye la responsabilidad de quienes mantienen la infraestructura civil.

Un país de carreteras viejas: señales envejecidas, asfalto roto y líneas borradas

El problema no es solo que las carreteras estén mal. Es que están restando seguridad real. Y lo hacen de formas muy concretas, muy repetidas y muy fáciles de reconocer si sabes en qué fijarte.

Señalización pobre que te obliga a decidir tarde

Una señal pequeña, mal ubicada o envejecida no es un detalle estético. Es información que llega tarde. Y cuando la información llega tarde, el conductor duda, corrige en el último momento, frena a destiempo o cambia de carril con urgencia.

Ese tipo de maniobras, hechas por conductores poco hábiles o simplemente sorprendidos, son la receta perfecta para un alcance o una salida de vía. Después el informe dirá “maniobra indebida”. Rara vez dirá: “la señal no se veía”.

Asfalto que no drena: balsas de agua y aquaplaning

La lluvia intensa ya es, por sí sola, un factor de riesgo. Pero el verdadero problema llega cuando el asfalto no evacua bien el agua y se forman charcos grandes en zonas donde, en una vía bien mantenida, no deberían formarse.

Y ahí aparece el aquaplaning, ese instante en el que el coche pierde el contacto con el asfalto porque literalmente está navegando sobre una lámina de agua. A partir de ese momento, el control es parcial o nulo. Y el margen de error desaparece. A esto hay que sumar la falta de pericia de la mayoría de conductores, que no están formados en cómo afrontar una situación así, se asustan y lo empeoran.

Socavones, ondulaciones y firmes rotos, una amenaza para la estabilidad

Los baches no solo rompen llantas y revientan neumáticos. También desestabilizan un coche en plena maniobra, provocan reventones y, en el caso de las motos, pueden ser directamente una trampa mortal. No hace falta ir rápido para que un impacto seco te saque de la trazada o te obligue a reaccionar improvisadamente. Tampoco para desestabilizar a un coche con la suspensión mal mantenida o los neumáticos gastados.

Señalización horizontal deficiente: cuando el carril no se ve

Hay vías donde las líneas están tan borradas parcial o totalmente. Con lluvia o de noche, el carril se adivina. Y cuando el carril se adivina, se multiplican las posibilidades de invadir el carril contiguo, perder la referencia en una curva o equivocarse en una bifurcación.

En condiciones climatológicas malas, esto no es un inconveniente: es un factor directo de riesgo. A esto podemos sumar la mala iluminación de muchos coches en un parque móvil que envejece a ritmo acelerado. El accidente está servido en situaciones de incertidumbre como la de que la carretera “desaparezca” del campo de visión.

El accidente que vi esta semana: una tormenta perfecta con demasiados responsables

El jueves por la noche presencié un accidente que lo explica todo. Dos camiones y un autobús chocaron en cadena en una autovía mientras la Guardia Civil detenía el tráfico para permitir a una grúa maniobrar y retirar un coche accidentado en el arcén. Es decir, de un accidente surgió otro accidente.

Hubo errores humanos evidentes. Señalización tardía y escasa por parte de la autoridad, falta de distancia de seguridad de los conductores y decisiones tomadas en condiciones realmente complicadas.

Pero el contexto importaba. Era una recta, con lluvia intensa y visibilidad muy baja. Pero, casi con total seguridad, el aquaplaning tuvo un papel clave. Porque el accidente original, la salida de vía, tenía toda la pinta de venir de una balsa de agua. Y esa balsa de agua no es un fenómeno místico: suele aparecer cuando el asfalto está fatigado, deformado o con un drenaje deficiente.

En pocas palabras: el conductor puede fallar. La autoridad puede fallar. Y la vía, si está mal, puede ser el desencadenante de una suma de fallos en un desastre.

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El elefante en la habitación: al conductor se le exige todo, a la Administración casi nada

Conducir bien es una obligación. Nadie debería discutirlo. Pero la seguridad vial no puede ser un sistema en el que el usuario carga con todo el peso y la infraestructura queda fuera del juicio social y mediático.

Si queremos reducir accidentes, hay dos caminos que deben ir juntos:

  • Exigir más a los conductores: técnica, prudencia, mantenimiento del vehículo, distancia de seguridad. La técnica viene de la formación, y un país que invierte lo mínimo en formación vial y lo máximo en represión y generación de miedo vía multas, no es un país con una cultura vial sana.
  • Exigir a la Administración que mantenga las vías en condiciones razonables: firme, drenaje, señalización y marcas viales. Y que forme buenos conductores.

Porque los usuarios de la vía están amparados por la ley. Y eso significa que, cuando un defecto claro de la infraestructura contribuye a un siniestro o a un daño, existen vías para reclamar y exigir responsabilidades.

¿Qué puede hacer un conductor? Reclamar, denunciar y dejar rastro

La realidad es que mucha gente ni se plantea que la carretera puede tener parte de culpa. Y por eso la Administración suele salir de rositas: porque no hay reclamación, no hay presión y no hay coste político.

1) Identifica quién es el responsable de la vía

No es lo mismo una calle municipal que una carretera autonómica, una vía estatal o una autopista gestionada por concesionaria. Saber quién es el titular es el primer paso para dirigir cualquier queja o reclamación.

2) Reúne pruebas (como si tuvieras que convencer a alguien que no quiere creerte)

  • Fotos y vídeo del defecto: bache, señal ilegible, líneas borradas, balsa de agua.
  • Ubicación exacta (punto kilométrico o geolocalización).
  • Atestado o intervención de autoridades, si la hubo.
  • Testigos y datos de contacto.
  • Facturas, informes y peritajes de daños.

3) Usa tu seguro: muchos tienen defensa jurídica

Muchos seguros incluyen cobertura legal o defensa jurídica. No es solo para pleitos con terceros: también puede ayudarte a reclamar cuando el daño tiene que ver con el estado de la vía. Si pagas por ello, úsalo.

4) Denuncia para que se repare (aunque no haya daños)

Esto es importante: no hace falta esperar a que alguien reviente una rueda o se caiga con la moto. Denunciar un socavón, una señal ilegible o unas líneas borradas también es prevención. Es exigir que se subsane antes de que el error humano inevitable se convierta en tragedia. En muchos ayuntamientos basta con rellenar un formulario y darle entrada en el registro detallando la ubicación. Están obligados a responder.

La seguridad vial es conducción, pero también es infraestructura

La seguridad vial no puede ser un sermón permanente al conductor mientras se tolera que las vías se degraden. El conductor debe conducir bien. Y la Administración debe hacer su parte para que una mala decisión no tenga consecuencias máximas.

Porque el objetivo no es “quitar culpa”. Es reducir accidentes. Y para eso hay que mirar el cuadro completo: personas, vehículos, autoridad y carreteras. Todas cuentan. Y todas tienen responsabilidad.

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