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¿Cómo funciona un coche eléctrico? Explicación sencilla, ventajas e inconvenientes

Tras más de un siglo usando coches térmicos (con motor de combustión), los consumidores de los países desarrollados viven una transición acelerada hacia los coches eléctricos. Sin embargo, son muchas las dudas que tiene el cliente medio acerca de su funcionamiento. Lo cierto es que es mucho más sencillo, ya que se trata de máquinas con muchas menos piezas. En carwow, te lo explicamos simple y brevemente, así como sus ventajas e inconvenientes.

Operativa

Un coche eléctrico tiene dos elementos principales unidos entre sí, ya que uno alimenta al otro: una batería y un motor eléctrico.

El primero es un acumulador de energía que se recarga mediante una fuente de electricidad externa a través de un cable y un enchufe (existen varios tipos para distintas potencias y velocidades de carga, dos variables que dependen, a su vez, de la clase de cargador). Esta batería va situada en la parte inferior del vehículo, debajo del habitáculo y entre los ejes de las ruedas. Suelen ser de litio y muy pesadas: unas diez veces más que un depósito de combustible para recorrer la misma distancia. Su capacidad se mide generalmente en kWh (kilovatios por hora).

Configura un coche eléctrico

El segundo elemento más importante es el motor eléctrico, que es más pequeño y ligero que cualquier otro de combustión, además de mucho más eficiente. Gira muy rápido, al doble o triple de revoluciones por minuto que un propulsor de gasolina o Diesel, y no es necesario un cambio de marchas para regular la energía que sale de él y transmitirla al asfalto (son automáticos, luego no están equipados con un pedal de embargue). Todo actúa de una forma más concisa y directa. Como funcionan con voltajes muy altos, hay un gran número de componentes electrónicos alrededor del motor que gestionan su correcto trabajo. Aun así, su volumen es reducido. Su potencia se mide generalmente en CV (caballos de vapor).

Conducción

Como la forma de conducir un coche eléctrico es prácticamente la misma que la de conducir un coche térmico, a medida que el conductor demanda velocidad con el acelerador, el motor aumenta de revoluciones para mover más rápido las ruedas, por lo que necesita más energía, que proviene de la batería. Esta se descarga más o menos rápido con base en este hecho, en la orografía, en la resistencia del viento, en el peso de las personas y del equipaje a bordo, entre otros factores que también elevarían el consumo de carburante en un automóvil con motor de combustión. Sin embargo, esta electricidad puede regenerarse o recuperarse en las deceleraciones, como ocurre en los vehículos híbridos actuales.

Eso sí, se debe tener en cuenta que los eléctricos aceleran más rápido a igualdad de relación entre potencia y peso, pues ofrecen un par máximo instantáneo. Es decir, son más reactivos y el usuario debe graduar más suave y cuidadosamente los movimientos de su pie derecho. También con el pedal de freno, pues la primera parte de su recorrido suele emplear componentes mecánicos para la regeneración de energía y sólo con más intensidad o presión se consigue comprimir las pinzas contra el disco. El fabricante puede ofrecer tracción integral en esta clase de automóviles si instala un motor en cada eje.

Pros y contras

El coste de adquisición de los coches eléctricos es, por norma general, mayor que el de los térmicos. Esto dejará de ser así en el medio plazo y, mientras tanto, su coste de mantenimiento es mucho menor. Además, no emiten apenas sonido, no generan emisiones contaminantes locales (sí pueden hacerlo, indirectamente, durante su fabricación) y cuentan con un gran número de ventajas fiscales y de movilidad. Por ejemplo, no están sujetos al impuesto de matriculación, están exentos del 75% del impuesto de circulación, pueden aparcar en la calle gratuitamente o moverse sin restricciones en episodios puntuales de alta contaminación.

Recargar la batería de un coche eléctrico es sencillo en la teoría, pero, a día de hoy, más complicado en la práctica. El tiempo necesario para recuperar autonomía es muy superior al que se emplea con un coche térmico: un depósito medio se llena en un minuto, mientras que cargar una batería media al 80% puede suponer 20 minutos en el mejor de los casos y algunas horas si se lleva a cabo de manera doméstica, a menor potencia. Por otro lado, la disponibilidad de cargadores en la vía pública es deficiente en nuestro país.

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