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Mantenimiento Mazda MX-30

El Mazda MX-30 es el primer coche eléctrico de la marca asiática en toda su historia. Tiene un motor de 143 CV, una batería de 35,5 kWh de capacidad y homologa una autonomía en ciclo mixto de unos 200 km. Tiene un gran diseño, unos acabados de buena calidad y unas generosas dimensiones. Su precio de salida sin ayudas supera los 30.000€. Analizamos ahora qué mantenimiento hay que realizar en un eléctrico y qué diferencias ofrece respecto a un modelo de combustión convencional.

Coste de mantenimiento Mazda MX-30

El mantenimiento de un coche eléctrico es, en general, bastante similar en casi todos los modelos eléctricos de diferentes fabricantes. Según las marcas con modelos eléctricos en su gama, es en torno a un 30 y 40% más barato de mantener un vehículo 100% eléctrico respecto a uno de combustión convencional.

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Hay elementos comunes entre ambos coches que tienen el mismo desgaste. Hablamos de todo lo relacionado con el interior, asientos, tapicería u otros elementos como escobillas de los limpiaparabrisas, el propio líquido de este o ciertos aspectos sin un gran coste de mantenimiento.

Elementos clave en el mantenimiento de un eléctrico

Dos aspectos importantes a la hora de hablar del mantenimiento de un coche eléctrico son los neumáticos y los frenos. Acorde con la marca, aunque el Mazda MX-30 pesa 1.720 kg, la forma lineal en la que el motor entrega el par, castiga menos los neumáticos. En el caso de los frenos lo que sucede es que los coches eléctricos cuentan con la frenada regenerativa, lo que permite al conductor, principalmente por ciudad, frenar el coche tan solo con levantar el pie del acelerador. De esta manera, el gasto en los frenos será muchísimo menor que en un coche de combustión. El alto peso de los vehículos eléctricos se debe principalmente al acople de las baterías.

Cuando compramos un modelo totalmente electrificado, el precio desembolsado de inicio siempre es más alto que en las versiones homónimas de combustión ya sean gasolina o diésel. Pero no solo son las menores emisiones, el menor gasto de combustible/electricidad o las ventajas de aparcamiento en grandes ciudades.

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Es que, a nivel mecánico, son coches más baratos de mantener porque tienen muchos menos elementos sometidos a desgaste y, en general, muchas menos piezas: no hay embrague ni caja de cambios con diferentes relaciones que engranan y desengranan permanentemente. El motor consiste en un único elemento en rotación, en lugar de un conjunto de pistones, bielas y mecanismos en movimiento alternativo y sometidos a la fuerza de combustión. Tampoco tiene correa de distribución, bujías o filtros de aire, elementos que tantos euros nos cuestan en modelos con varios años de vida y bastantes kilómetros encima.

A modo de advertencia, hay que destacar lo altamente peligroso que es tocar cualquier componente eléctrico del coche. El sistema trabaja con un voltaje muy alto y se puede sufrir una descarga. Por tanto, es importante que solo personal cualificado haga el mantenimiento requerido.

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