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14 tendencias que deberían desaparecer en los coches nuevos

Ningún rama del comercio es ajena a las modas. Tendencias naturales o artificiales creadas para vender más o para satisfacer unas leyes de mercado, algunas veces, injustificables. En esta corriente hemos seleccionado los peores accesorios, los peores sistemas, las peores modas que afectan a los coches de hoy en día y que deberían caer en el olvido.

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Qué duda cabe que, cada uno gasta su dinero como mejor le plazca. Pero, algunas veces, los fabricantes de coches no dan opciones ante, por ejemplo, montar una cola de escape falsa, diseñar un coche con una desproporcionada parrilla o, sencillamente, eliminar la rueda de repuesto.

Cualesquiera que fueran los motivos, desde carwow alzamos la voz y abogamos porque nuestras plegarias se escuchen y lleguen a los responsables que tangan la postestad de poner fin a estas aberraciones o, al menos, a estos sin sentidos.

Escapes falsos

Años atrás, con observar una, dos, tres o más colas de escape se intuía si se trata de un coche de mayor o menor potencia. Por esta asociación, los más deportivos equipaban, o bien más terminaciones, o bien colas de escape más grandes, o bien conjuntos más llamativos.

Pues bien, sea por el motivo que fuere, algunos fabricantes tuvieron a bien pegar a sus paragolpes traseros colas de escape propias de sección de cuidado y mantenimiento del automóvil de cualquier hipermercado para simular mayor deportividad en sus vehículos.

Lo grotesco llega cuando coches, de verdad, de altísimas prestaciones, desarrollados por departamentos especializados en exprimir al máximo las prestaciones mecánicas, acoplan terminales, casi siempre, cromados, que ocultan o, sencillamente, camuflan los originales.

Tomas de aire falsas

Cual argumentación recogida en una conocidísima serie de animación para agujerear el capó de un coche, parece que la adhesión de falsas tomas de aire, oquedades taponadas en ciertas zonas de la carrocería o la simulación de falsos huecos en los paragolpes mejoran la aerodinámica del coche. Nada más lejos de la realidad. Lo que hacen es, sencillamente, un ejercicio de ilusionismo de baja calidad, uno realizado por un prestidigitador de bajo calado al que rápidamente se le ve el truco.

Ruedas de repuesto inexistentes

Como la de ilusión, o más bien, desilusión, al ahora de enfrentarse ante la sustitución en pleno trayecto de una rueda en problemas. Al abrir el compartimento donde debería estar alojada la de emergencia, ya no solo no aparece una “de galleta” sino que, en el peor de los casos, nos podemos encontrar con un bote de reparación de pinchazos que casi nunca es útil cuando el problema va más allá de una sencilla perforación.

Pantallas táctiles imposibles de manejar

Desde tabletas de injustificadas dimensiones acompladas en el salpicadero de un coche y que controlan la práctica totalidad del funcionamiento del mismo, salvo el de la conducción, hasta minúsculas pantallas que permiten la gestión de ciertos sistemas como el de la climatización.

Desde su ubicación, lejos del campo visual, hasta la dificultad que pueda acarrear la regulación de uno de los elementos de confort, los diseñadores e ingenieros deben poner fin a la instalación de elementos superficiales, complejos y/o que pueden llegar a ser tan digresivos durante la conducción como incómodos y peligrosos de usar.

Sonido artificial del motor

Estamos de acuerdo en que, la expansión de los coches electrificados que circulan casi en silencio, aún supone un riesgo en determinadas zonas urbanas. La ausencia del ruido mecánico se suplanta mediante una serie de avisadores acústicos pero, de ahí, a que coches eléctricos monten sistemas internos que emulen la aceleración propia de motores térmicos hay un mundo y una tendencia difícilmente argumentable.

Casi tanto como la de aumentar el propio sonido de un motor potente por el sistema multimedia de un coche. Como si de sintonizar las ondas de FM que produjera un propulsor se tratara, algunos fabricantes aseguran que, como si de un sistema de recirculación de gases se tratara, hacen salir por los altavoces del habitáculo el sonido del escape para, según ellos, hacer más emocionante la experiencia de conducción. Emocionante no sabemos, pero artificial, seguro.

Cajas de cambios interminables

Cuatro, cinco, seis… ocho… ¡hasta diez velocidades tiene el Ford Mustang GT! Como si de una carrera callejera recogida por la película de la temática por antonomasia se tratara, aquella en la que uno de los protagonistas insertaba marchas hasta el infinito y más allá, algunas cajas de cambios, sobre todo, robotizadas, equipan tal cantidad de velocidades que puede llegar a perderse la noción de en cuál de ellas trabaja el vehículo.

Nombres confusos

Y con esto no nos referimos a los desafortunados nombres como Nissan Laputa o Mitsubishi Pajero sino a denominaciones cada vez más forzadas que no hacen sino añadir enormes e interminables denominaciones con desde cinco, como la del Citroën SUV C5 Aircross Hybrid, o hasta nueve como la del Audi A7 Sportback 55 TFSI e quattro S Line, a lo que viene siendo, sin más, una especificación cada vez más concreta de un determinada coche

Insignias y emblemas deportivas en coches que no lo son

La gallina de los huevos de oro, al margen de la moda SUV, es la de vender los paquetes estéticos más deportivos al margen de las versiones más deportivas de los propios modelos en sí.

Antes, cuando uno se compraba la versión más potente, lucía, en exclusiva un sello, un emblema, una distinción que significaba recibir miradas cómplices de aquellos que entendían lo que significaban. Ahora, los S Line, AMG Line, ST Line… los paquetes M, N o cualquier otra letra o sigla que signifique, la mayoría de las veces, unos paragolpes más atractivos, unas llantas más grandes, incluso, demasiado grandes, y unos apéndices o añadidos que disfrazan la verdadera naturaleza del coche que los porta.

Rejillas iluminadas…

Tras la moda de unir las luces traseras mediante una línea luminosa entre los principales grupos ópticos, la tendencia  centra ahora en sus esfuerzos en destacar la naturaleza de los coches electrificados de cualquier forma. Pero, sobre todo, aquellos que, cual feria, iluminan sus parrillas delanteras con una colección de diodos que hacen tan esperpénticos los frontales como la ambientación del habitáculo, resultando más propio de un lugar de ocio que de un automóvil como ocurre en el Skoda Enyaq que, en su edición especial de lanzamiento Founders Edition presenta esta distinción.

…Rejillas injustificadas

O casi grotescas. Propias del mundo animal. Que emulan la dentadura de roedores reconocidos por sus prominentes incisivos… hámster, castores, incluso, a pesar de que llegaron los coches eléctricos, aquellos que no necesitan, por el funcionamiento de su motor, la entrada de aire de manera frontal, a pesar de ello, ahí están luciendo parrillas de dimensiones desproporcionadas o formas estrambóticas.

Modos de conducción innecesarios

Hasta no hace mucho, ni existían los modos de conducción. Poco a poco, la electrónica permitió gestionar desde el habitáculo la respuesta de un motor pulsando un botón o manejando una ruleta. Del modo Normal al Sport y al Eco pasamos a instalar el del modo barro o arena, el de suelo mojado, para día de tandas… sin olvidarnos de uno propio para que, cada usuario, configure desde la suspensión a la dureza de la dirección y la respuesta del motor a su gusto. Cada vez más complicaciones y distracciones.

Arranque por botón

Propio de los coches de competición cuyo accionamiento no se realiza mediante una llave codificada, por razones obvias, el paso a los vehículos de producción parecía un guiño trasladado de las carreras a los coches de calle. Tal ha sido su difusión que, con la llegada de los coches eléctricos y la ausencia de un arrancado del propulsor sino la del encendido de un motor, la tendencia a eliminar el giro y rotación de la muñeca para dar vida a un coche pasará, en pocos años, a ser un recuerdo de un pasado que algunos nos resistimos a olvidar.

Materiales que imitan la fibra de carbono

Claro que hay coches que incluyen piezas, grandes o pequeñas, en fibra de carbono. Normalmente sus precios son tan elevados por eso mismo: por construirse con materiales y elementos muy exclusivos. Ahora, al igual que el abuso de las siglas que evocan versiones deportivas, el abuso de adhesivos o acabados que simulan fibra de carbono o, incluso, otros materiales nobles como la madera, son un mal demasiado extendido.

Plásticos brillantes

Finalmente, nuestro último alegato en contra de elementos que deberían desaparecer de los coches es uno que, realmente, es tan molesto como peligroso y no es otro que el lacado de ciertas piezas. Como si de una alineación planetaria se tratara, el lacado de ciertas piezas, su ubicación en, por ejemplo, el salpicadero, el ángulo de incidencia del sol y la posición de los ojos del conductor, puede llegar a producir un molesto efecto en quien maneja el coche como es un reflejo cegador. Por eso, por la seguridad de quien conduce y de los demás, que desaparezcan las piezas lacadas, cromadas o, sencillamente, brillantes con capacidad de reflejar la luz solar del habitáculo.

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