¿Por qué ya no se hacen coches (ni revistas) como las de antes?

14 de mayo de 2026 de

Un viaje al archivo de 1996 para entender la orfandad del aficionado moderno. Así me siento yo, que pruebo todo tipo de coches, y así lo expreso. 

Leer revistas antiguas me conecta con el aficionado que fui y que aún creo que soy. Al abrir el número de diciembre de 1996 de la británica CAR Magazine, recupero papel impreso y una forma de entender la industria que hoy parece extinguida.

Aquel año, los Design and Technology Award premiaban la audacia mecánica y la coherencia estética, en lugar de algoritmos o conectividad 5G. Uno delos galardonados era la era un personaje de los grandes, tipos que daban la cara por sus obras.
“Bruno Sacco es el diseño de Mercedes-Benz”

El fin de una era de titanes

En el archivo de 1996, Bruno Sacco se alzaba como ‘Diseñador del Año’. Sacco era un visionario que afirmaba que “un Mercedes siempre debe parecer un Mercedes”. No era un simple gestor de equipos de diseño, sino alguien que intervino personalmente en el frontal del Clase E cuando su equipo tenía dudas de si virar el rumbo y huír de las formas cuadradas tradicionales. Hoy en día, en un mar de SUVs clónicos (hablé recientemente del porqué los coches se parecen tanto entre sí), esa firma personal es un lujo que nadie parece permitirse más allá de algunos coches de nicho, al estilo del Alfa Romeo 33.
Pero lo que realmente me cambia el semblante como aficionado es un dato curioso de esta lectura: en la votación de los lectores de aquel año, el Lotus Elise arrasó con un 58% de los votos como el coche mejor diseñado del año, seguido por el Mercedes SLK. ¿Qué coche despertaría hoy ese consenso?

Innovación frente a impostura

Resulta fascinante ver cómo se premiaba el chasis de aluminio extrusionado del Lotus Elise o el concepto de doble suelo del Clase A de Mercedes por su seguridad intrínseca. Había una búsqueda real por la “Excelencia Personal”.

Comparamos eso con la actualidad y todo suena impostado. He puesto el ejemplo del CUPRA Raval y el Nissan Juke frente al viejo Citroën Saxo VTS no por casualidad. El Saxo era asequible, pequeño y generaba una excitación real. El Raval, ante mis ojos, es un intento más por captar la atención en un caos generacional donde las marcas han perdido a las personas que daban coherencia al producto.

“Pocos deportivos son más rápidos o se mueven mejor que este Nissan”

El veredicto de la experiencia de conducción

Incluso un humilde Nissan Almera GTI era capaz de arrancar elogios de los probadores más cínicos de CAR, simplemente porque estaba bien puesto a punto. Y lo confirmo porque he tenido uno, y se trata de un coche que superó amplísimamente mis expectativas cuando lo conduje, porque no esperaba ese nivel de precisión y disfrute bajo el aspecto de un compacto bastante simplón. Mientras tanto, el Honda Legend era calificado como “patológicamente aburrido”. Existía por entonces un criterio periodístico que no temía a los departamentos de marketing, ni de las marcas, ni de los propios equipos internos en las redacciones.

Hoy, el aficionado se siente huérfano. Las identidades de marca se sustentaban sobre personalidades de larga trayectoria. También es cierto que había muchos menos players en el tablero. Sólo este año van a aterrizar en nuestro país unas pocas nuevas marcas chinas, y eso te genera una sensación abrumadora de pérdida de rumbo si eres verdaderamente fanático del automóvil.

Si antes sabíamos qué estudio diseñaba un Alfa Romeo, hoy apenas vemos un sello claro fuera de Tesla gracias a que Elon, pese a sus detractores, es capaz de darle rumbo claro a la marca. Soy de la opinión de que la coherencia se trabaja con equipos pequeños y valores fuertes. Justo lo que mi archivo, detenido en 1996, me recuerda que hemos perdido.

Aquí te dejo una galería de fotos para que leas el artículo completo, con permiso de nuestros colegas de CAR Magazine.

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