Así funcionan los microhíbridos con etiqueta ECO de la DGT

La microhibridación es una de las modificaciones más económicas y efectivas a las que tiene acceso la industria automotriz hoy en día. Los modelos que cuentan con esta tecnología emplean un motor de combustión tradicional que se asocia a un sistema eléctrico más potente de lo normal. Esto puede resultar de gran utilidad para reducir las emisiones y obtener distintivos medioambientales más ventajosos.

La reducción de emisiones se ha convertido en una prioridad para todos los fabricantes en Europa. El coche eléctrico es sin duda la solución más conveniente, pero el precio elevado de las baterías y una infraestructura de recarga deficiente hace que algunas alternativas como los híbridos o los microhíbridos sean una solución más viable para muchos conductores.

En el caso concreto de España, las etiquetas medioambientales que asigna la DGT a cada modelo se han convertido prácticamente en pases “VIP” cuando hablamos de acceder al centro de una gran ciudad como Madrid y Barcelona. Esta tendencia solo acaba de comenzar, puesto que progresivamente el resto de las ciudades españolas también limitarán el acceso al interior para los vehículos más contaminantes.

Los modelos microhíbridos obtienen la etiqueta ECO de la DGT, el mismo tipo de distintivo que los híbridos convencionales, algo que no acaba de convencer a todos los fabricantes, puesto que estos sistemas tienen claras diferencias tanto en las emisiones, como obviamente en el coste de producción de cada vehículo.

Debido precisamente a esto, a lo relativamente barato que es instalar un sistema microhíbrido, marcas han empezado a implementar estos sistemas en sus nuevos modelos. Algunos de los que ya lo incorporan son el Seat León, Volkswagen Golf, Ford Puma, Kia Sportage, Hyundai Tucson, Audi A3, Audi A6, etc.

¿Qué es un sistema microhíbrido? ¿Cómo funciona?

La mayoría de coches de combustión utilizan un sistema eléctrico de una potencia y tensión modestas, normalmente 12 V. Esto se debe a que los sistemas eléctricos (luces, radio, climatizador, etc) son relativamente simples y no requieren de grandes cantidades de energía para funcionar.

Todo lo contrario pasa en los coches híbridos y eléctricos, ya que la electricidad es el combustible principal y mueve el vehículo, con la gran demanda eléctrica que eso conlleva. De esta manera cuentan con sistemas eléctricos tremendamente potentes y baterías de gran capacidad, peso y coste.

A medio camino entre los dos esquemas aparecen nuestros protagonistas, los sistemas microhíbridos. Normalmente, este tipo de arquitecturas suelen implementar un sistema eléctrico adicional de 48 V capaz de alimentar, no solo a los sistemas eléctricos tradicionales, sino también a un pequeño motor de escasa potencia y al resto de sistemas vitales del vehículo: dirección, frenos, sistemas de seguridad, etc.

Al contar con esta mayor potencia eléctrica, el motor de combustión se puede apagar en momentos puntuales mientras el resto de los sistemas siguen funcionando. Esto ocurre principalmente al bajar pendientes y circular por inercia, momento en el cual el motor de combustión deja de empujar al vehículo si no aceleramos.

También hemos mencionado un pequeño motor, que no suele superar los 15 CV de potencia, que no se acopla a la transmisión, si no al propio cigüeñal del motor de combustión. Este motor/generador, ayuda a arrancar de una manera más rápida y eficiente después del apagado del motor de combustión, le apoya ligeramente en las aceleraciones desde parado y recupera energía en las deceleraciones recargando la batería que alimenta a todo el sistema.

Aunque puedan parecer funciones poco significativas, lo cierto es que gracias a estas mejoras se consigue no solo disminuir el consumo de combustible, sino también las emisiones de escape, un factor de gran peso a la hora de homologar medioambientalmente cada vehículo.