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Estos son los tipos de baterías de los coches eléctricos

La movilidad eléctrica no es nueva. Casi tan remota como la propia industria del automóvil, en los últimos lustros su avance ha sido vertiginoso. De presentar unos tipos de baterías de coches eléctricos con capacidad para nutrir durante unas pocas decenas de kilómetros a presentar acumuladores que ya rozan el millar ha sido cuestión de invertir en la ciencia y tecnología de los acumuladores eléctricos.

Hasta hace poco más de una década, los ejemplos de automóviles eléctricos presentados podrían reducirse a, o bien prototipos que avanzaron modelos nunca fabricados, o bien coches eléctricos producidos en serie en un contexto que supuso su fracaso o desaparición.

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La actual coyuntura obliga a pensar en la electricidad como principal fuente de alimentación de los motores de los vehículos del presente y, sobre todo del futuro. De aquellos pioneros a las actuales propuestas han pasado de ofrecer una autonomía del coche eléctrico, que ahora podríamos considerar, irrisoria, hasta vehículos que anuncian ya ser capaces de ofrecer alrededor de un millar de kilómetros a partir de una única recarga.

Tipos de baterías de coches eléctricos y su repercusión en el sector

Este salto viene aupado de la inversión en el sector de la movilidad eléctrica y de la propia rivalidad entre fabricantes de baterías pero también de automóviles.

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Este salto cualitativo y cuantitativo ha desbancado a la escalada de potencia que parecía ser el referente evolutivo en los coches de motor tradicional. Ahora, junto con el poderío del propulsor se anuncia la capacidad para circular a partir de una carga inicial del acumulador energético. Hecho que depende, entre otros motivos, del tipo de batería que los coches eléctricos instalen.

Por todo esto y, en vías a un futuro en el que esperamos próximos anuncios a partir de nuevas generaciones de baterías, como las de estado sólido, estas son las más habituales.

Baterías de níquel cadmio

Las baterías de níquel cadmio, NiCd, fueron, hasta no hace muchos años, las más recurrentes en el sector en su camino hacia la expansión eléctrica. De hecho, la fueron las elegidas para asentar las bases del actual estadio evolutivo de la tecnología.

Entre sus pros se da el buen rendimiento y la fiabilidad, en parte debido a su efectividad de trabajo en temperaturas bajas y una capacidad de recarga de 1.500 a 2.000 ciclos de carga y descarga así como un reciclaje que permite la reincorporación de elementos al ciclo de fabricación de nuevos acumuladores del mismo tipo.

Entre las contras, el alto coste de extracción de los materiales, el elevado peso de los condensadores, la degradación que sufre su capacidad de almacenamiento que hace que merme significativamente su eficacia tras cada ciclo.

Baterías de níquel metal hidruro

Vendrían a ser la evolución de las anteriores.

Los acumuladores níquel-hidruro metálico o NiMh reducen el coste de fabricación a partir del de extracción, reducen el “efecto memoria” de las baterías de los coches eléctricos y recurren a elementos menos nocivos para el entorno pero sufren más ante las altas temperaturas, tienen menos ciclos completos de vida útil y necesitan un mayor mantenimiento. Han pasado a ser destinadas para coches híbridos autorrecargables.

Baterías de ion-litio

De nuevo, se postulan como alternativa a las de NiCd. Las de Li-ion o LiCoO2, de su constitución por un electrolito de sal de litio y electrodos de litio, cobalto y oxido permiten un número de ciclos casi como el de la media de las de níquel cadmio pero son menos voluminosas, más ligeras, más eficientes y no sufren el efecto memoria de las anteriores.

Por el contrario, son más costosas de fabricar, inestables, susceptibles al sobrecalentamiento o a explotar en caso de que el necesario circuito de refrigeración falle y sufren deterioro ante una descarga por completo.

Por todo lo dicho, actualmente son los acumuladores más habituales entre los tipos de baterías de los coches eléctricos y, según los expertos, aún tienen margen de mejora.

Baterías de litio-ferrofosfato

Los condensadores LFP o LiFePO4 son un tipo de batería de coche eléctrico, también han sido aplicadas en la industria de la energía solar, derivado de la de Li-ion.

Son más sostenibles al no recurrir al cobalto y más seguras y estables por la alta presencia del hierro. Tienen una longevidad por encima de las de NiCd, de alrededor de unos 2.000 ciclos, y una elevada potencia.

Por el contrario, tienen una baja densidad energética y un mayor coste de fabricación.

Batería de polímero de litio

También una adaptación de las de ion-litio, las baterías de polímero de litio, LiPo, tienen mayor densidad de carga, una potencia más elevada, son más ligeras, eficientes y no se ven afectadas por el efecto memoria pero reducen a la mitad el ciclo de cargas, por lo que son menos duraderas y resultan más caras por lo que cada vez son menos frecuentes.

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