5 ideas para conducir con calor en España: preparación, hidratación y una que poca gente tiene en cuenta

5 de junio de 2026 de

El verano en España es exigente. Temperaturas de 40 grados o más durante semanas seguidas, carreteras con más tráfico del habitual y conductores que salen sin haber dormido bien ni haberse hidratado. La combinación no es inocua: los meses de julio y agosto concentran algunos de los datos más preocupantes de siniestralidad vial del año.

Antes de hablar de soluciones, conviene entender qué está pasando exactamente cuando suben las temperaturas.

 

El asfalto se reblandece y puede crear ondulaciones o grietas, especialmente en carreteras secundarias con poco mantenimiento. Las marcas viales se decoloran más rápido, reduciendo la visibilidad en momentos críticos. Los neumáticos aumentan su presión interior con el calor y, si van bajos, el riesgo de reventón crece de forma significativa.

Los frenos se enfrían peor, lo que reduce su eficiencia en frenadas repetidas o en bajadas largas. Y los conductores, deshidratados o con somnolencia, reaccionan más lento y toman peores decisiones.

Con eso en mente, estas son cinco ideas que marcan la diferencia.

1. Prepara el coche antes de salir, no durante el viaje

El calor castiga especialmente a los coches mal mantenidos. Antes de cualquier trayecto largo en verano, revisa estos puntos: El aire acondicionado: que funcione correctamente y que el filtro del habitáculo esté limpio. Un climatizador que no enfría bien en agosto no es un problema menor. Los niveles de líquidos: refrigerante, aceite, líquido de frenos y limpiaparabrisas. En condiciones de calor extremo, cualquier nivel bajo que en invierno no da síntomas puede convertirse en una avería en el arcén. Los neumáticos: revisa la presión en frío y ajústala según las recomendaciones del fabricante. No lo hagas al llegar a destino después de dos horas de autovía, porque la presión habrá subido por el calor y el dato no será fiable.

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2. Planifica el horario del viaje

Salir a las 14:00 en agosto en plena ola de calor no es solo incómodo: es una decisión de seguridad cuestionable. Las horas centrales del día concentran el mayor riesgo de deshidratación, somnolencia y deterioro del rendimiento al volante.

Si puedes elegir, sal antes de las 9 de la mañana o después de las 19:00. En trayectos largos, considera viajar de noche si has descansado bien antes.

Ventila el habitáculo antes de entrar. Un coche que lleva dos horas aparcado al sol puede estar a 60-70 grados por dentro. Abrir las cuatro puertas un par de minutos antes de arrancar reduce la temperatura inicial de forma inmediata y descarga el trabajo del aire acondicionado desde el primer momento.

3. Cuídate tú, no solo el coche

Esto es lo que más se subestima. Con calor extremo el cuerpo trabaja para regularse térmicamente, y eso consume recursos que en condiciones normales van destinados a la concentración y los reflejos.

Hidratación: bebe agua antes de tener sed. La deshidratación leve aparece antes de que el cuerpo avise con sed real, y cuando ya tienes sed, la concentración ya ha empezado a caer. En un trayecto de tres horas, lleva al menos un litro y medio por persona.

Ropa: ligera, holgada y de colores claros. Puede parecer un detalle menor, pero la ropa inadecuada acelera la fatiga térmica.

Comidas: opta por algo ligero antes de conducir. Una comida copiosa en plena ola de calor es una invitación directa a la somnolencia al volante.

Y sin alcohol. Aunque sea una cerveza en la comida antes de salir. Con calor, el alcohol se metaboliza diferente y sus efectos sobre los reflejos se amplifican.

4. Conduce con más margen y haz paradas reales

El calor alarga la distancia de frenada porque los discos se enfrían peor. Deja más espacio del habitual con el vehículo de delante, especialmente en autopista tras un tramo largo o después de una bajada.

Haz paradas cada dos horas como mínimo. No hablamos de parar tres minutos en una gasolinera a repostar: hablamos de bajarse del coche, moverse, beber agua y dejar que el cuerpo se recupere. Diez minutos a la sombra hacen más por tu seguridad al volante que muchos sistemas de asistencia a la conducción.

Atiende las señales del cuerpo: mareos, dolor de cabeza, náuseas o dificultad para concentrarte son señales claras de que necesitas parar. No lo pospongas. Si tienes acompañante, no dudes en pedirle que conduzca él un rato.

5. Nunca dejes a nadie dentro del coche

Esta es la idea que no estaba en el artículo original y que merece un apartado propio porque sus consecuencias pueden ser irreversibles.

Un coche aparcado al sol en verano puede alcanzar los 70-80 grados en el interior en menos de quince minutos. Esa temperatura es incompatible con la vida para un niño pequeño, una persona mayor o una mascota, que no pueden regular su temperatura corporal igual que un adulto sano.

Nunca dejes a un niño o a una mascota en el interior de un vehículo aparcado, aunque sea “un momento” y aunque dejes una ventanilla entreabierta. El riesgo no admite términos medios. Si ves a un niño o a un animal dentro de un coche al sol con síntomas de angustia, llama al 112 inmediatamente. En el caso de riesgo vital inminente, las fuerzas de seguridad pueden autorizar la entrada al vehículo.

Con estas cinco ideas no vas a eliminar todos los riesgos del verano al volante, pero sí vas a salir con el coche en condiciones, con el cuerpo preparado y con la cabeza un poco más despejada. Y eso, en una autovía a 40 grados con el tráfico de agosto, ya es mucho.


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